Siguiendo la pista de los gritos penetré en un callejón oscuro pero bastante concurrido del barrio viejo. Introduje mi asistente en el bolsillo para evitar que alguien pudiera sentirse molesto por la cámara incorporada a estos aparatos.
Olía a orines y a cerveza derramada. A cada metro había una mujer semidesnuda que echaba humo por la boca y vendía sus labios. Algunas tenían moretones en
Published on July 07, 2016 01:24