Baños de nuevo año

Me acerco al cuartito de baño, meto la mano en la enorme bañera para comprobar la temperatura del agua y sonrío lentamente al sentirla caliente. Me quito la ropa sucia, introduzco un pie y después el otro, poco a poco voy metiendo mi cuerpo, disfrutando de un baño que llevaba mucho tiempo esperando.
Erik tarda más en reaccionar, escucho sus pisadas acercándose aunque se detiene antes de llegar al cuarto de baño.
—¿Qué está pasando? —me pregunta con un tono de voz que denota preocupación y falta de confianza.
—No lo sé. Es todo demasiado extraño; la cena, los nobles, Xisco…; no termino de fiarme de sus intenciones —respondo. Igual estamos siendo unos desagradecidos y en Traethol nos tratan bien porque quieren no porque busquen algo de nosotros; aunque viendo el comportamiento en el resto de territorios prefiero no fiarme de nadie.
—Yo tampoco me fío de ellos —responde.
—¿Crees que lo saben? —pregunto mientras agito el agua de la bañera para hacer más espuma y ocultar mi cuerpo bajo ella; cuando solo se me ven los hombros por encima de la capa de agua y jabón, me relajo del todo y miro la puerta esperando que entre mi compañero.
—¿El qué? —pregunta, dudando a qué cosa de todas las que nos han pasado me puedo referir—, ¿el comportamiento en otros reinos?
—No me refiero a eso, me refiero a si sabrán que sabemos dónde está la Gema del Tiempo, cómo desapareció y toda la verdad que nos han ocultado ambos imperios… —Echo un vistazo a la ropa que he dejado en el suelo, sucia y embarrada, pero no puedo perderla de vista.
—Espero que no, todo lo relacionado con la gema no trae más que problemas… desde que llegué —responde. Comienzo a recorrer mi cuerpo con las manos, frotando el jabón para quitarme la suciedad mientras espero a Erik. Tiene razón en lo que dice, es triste, pero casi todo lo relacionado con la gema nos ha traído problemas… aunque gracias a ella nos hemos conocido, todo sea dicho.
Veo que no hace ningún amago para entrar en el baño y digo—. ¿No te vienes a bañar?
—Ahora cuando termines, ¡no voy a entrar ahora contigo! —responde, un tanto alarmado ante mi sugerencia.
—¿Por qué no? —Intento poner el tono de voz más convincente posible ya que desde donde está no serviría que le pusiese ojitos para persuadirle.
—No lo sé, no creo que sea el momento. —No esperaba esa negativa, no debería seguir insistiendo, por él, por nosotros. Pero quiero pasar un rato junto a él, en un lugar relativamente seguro y solos, y decido intentarlo una vez más.
—No va a pasar nada malo. Aparte, es uno de los únicos momentos de intimidad que estamos teniendo desde que salimos de Roghän, no sabemos cuándo será el siguiente ni en qué condiciones estaremos. Y así podemos seguir hablando viéndonos el uno al otro…
—Eso es cierto…, pero, no cre… Bueno…, está bien, pero no mires que voy a entrar. —Sonrío y me doy la vuelta en la bañera hasta quedar de espaldas a la entrada; escucho sus pasos acercándose, entrando al cuarto de baño. Se detiene y comienza a desvestirse, deja caer las prendas al suelo igual que he hecho yo un rato antes y sigue acercándose a la bañera. El chapoteo del agua me indica que ya ha entrado, se repite el sonido una segunda y una tercera vez, dejando a Erik en la bañera, supongo que sentado como yo.
Espero en silencio sin saber qué pasa, él ha dejado de moverse en la bañera y, junto a él, toda el agua, impidiéndome intuir lo que pasa. Es la primera vez que estamos en una situación así y, aunque la situación no sea la más normal, aunque estemos los dos desnudos en un sitio desconocido solo cubiertos por la espuma del jabón, me siento bien, muy dichosa; me gusta sentirme así.
—¿Qué tal? —pregunto. Puede sonar estúpido pero, siendo como somos los dos, sabiendo que ninguno ha tenido una relación similar antes, la situación es, por ahora, incómoda. Vale que lo hayamos hablado y no vaya a pasar nada extraño entre nosotros por ahora, pero a la hora de la verdad, lo que uno se imagina no siempre es tan fácil como parece.
—Es extraño —responde con lentitud. Su tono de voz me sorprende, no esperaba que fuese a sentirse tan incómodo como me deja apreciar, parece que lo esté pasando realmente mal. No sé si girarme, estar lo más cerca de él y calmarle o salir de la bañera y dejarle tranquilo; no quiero que se sienta así. Comienzo a moverme, sin saber qué voy a hacer, cuando pone una mano en la parte superior de mi espalda y me pide que no me mueva, con la voz algo más relajada.
Escucho un leve chapoteo y siento el agua moverse a mi alrededor. Me encojo, sorprendida, cuando siento algo rozándome ambos muslos, pero me relajo al comprobar que son las piernas de Erik acercándose a mí, aunque las aparta rápidamente para no molestarme, y me relajo aún más cuando siento sus dedos acariciando mi cabeza con suavidad, enjabonándome y dándome un masaje al mismo tiempo.
—Déjame hacerte lo mismo —le digo mientras sus manos recorren mi espalda limpiándome zonas a las que antes solo llegaban las criadas.
—Un momento —responde, vuelve a pasar sus dedos por mi cabello, desenredándolo y peinándolo con delicadeza. Se acerca más a mí hasta que nuestros cuerpos entran en contacto; siento su pecho apoyado contra mi espalda, subiendo y bajando al ritmo de su respiración, siento algo rozándome a la altura de la cintura y aparto mi cuerpo hacia delante al darme cuenta de lo que es. Noto cómo él se aleja un poco de mí, amedrentado por haber superado los límites, aunque haya sido inevitable.
Tarda un rato en recomponerse, pasa sus brazos por delante de mí y me abraza con fuerza, dejando un pequeño margen al agua y el jabón entre nosotros. Igual estaba equivocada y no estaba tan incómodo, igual solo quiere disfrutar del momento conmigo y no pensar en lo que está haciendo; sea lo que fuere, me gusta verle así… lo que me recuerda que yo aún no he hecho nada, y me gustaría verle a él también.
Espero a que afloje el abrazo para sorprenderle; echo mi cuerpo hacia atrás, obligándole a retroceder hasta el borde de la bañera y me recuesto sobre su pecho. Desde esta posición puedo verle la cara, aunque sea al revés, el resto de su cuerpo queda oculto bajo la espuma; él me ve a mí igual, aunque el jabón solo deja ver mi cabeza.
Vuelvo a sentir el roce en mi pierna, me muevo dentro de la bañera y me acomodo; me tumbo ladeada, apoyada sobre la mitad de su cuerpo con la cabeza apoyada en su pecho, un poco por debajo de los hombros, para podernos mirar sin problemas.
Siento un cosquilleo en mis hombros a medida que la espuma cae de mi cuerpo; siento un frescor en esa misma parte producido por alguna corriente de aire rozando mi piel húmeda. Al cambiarme de posición tengo el cuerpo más elevado y el jabón no llega a cubrir mis pechos completamente. Extiendo el brazo para recoger un poco de espuma y taparme aunque termino rodeando el torso de Erik con el brazo y suspirando mientras escucho su corazón latir bajo su pecho.
—Te quiero —me dice, mueve su mano bajo el agua hasta dar con mi mano y la agarra con cariño. Alzo la mirada para poder verle el rostro y le encuentro mirándome con ternura, con los ojos perdidos en mí. Me río por dentro al ver que me estaba mirando el cabello y ahora el rostro cuando tengo medio pecho al aire.
—Yo también —respondo. Lo veo inclinar la cabeza levemente hasta dejar un beso en mi frente; cuando se separa nos miramos a los ojos, estiro un poco mi cuello y cierro los ojos antes de besarle en los labios. Siento la frescura del agua en sus labios. Mi corazón comienza a latir con más fuerza mientras nos besamos; siento la frescura del agua en sus labios, siento cómo transformamos toda la pasión acumulada en ese beso. Pasa un brazo por detrás de mi cabeza y comienza a acariciarla con delicadeza, hago lo mismo con la mano que tengo libre mientras mantenemos las otras debajo del agua, pegadas a su pecho y continuamos con ese y otros besos.
“Te quiero”, pienso en un momento en el que nuestros labios se separan para volver a juntarse casi al instante. “Te quiero, te quiero, te quiero”, pienso cada vez que abro los ojos y lo veo, frente a mí, real.

En nuestro arrebato de amor comenzamos a movernos y dar vueltas en la bañera; al principio separamos nuestros cuerpos cada vez que siento un roce innecesario, pero dejo de preocuparme casi en seguida, nos conocemos y no va a pasar nada. Cambiamos la posición de las manos hasta quedarse él agarrándome de la cintura y yo abrazada a su cuello.
“Te quiero”, pienso cuando terminamos sentados, él con las piernas cruzadas y yo encima de sus tobillos, también con las piernas cruzadas. Siento la corriente de aire enfriando mi cuerpo, apoyo mi frente contra la de Erik y me doy cuenta de que la espuma apenas cubre nuestros cuerpos y me puede ver el pecho. “No sería la primera vez”, pienso, tratando de quitarle importancia. Acerco mi nariz a la suya hasta que entran en contacto y muevo la mía de un lado a otro, dándole pequeños golpecitos. Veo cómo cierra los ojos y abre un poco la boca con lentitud; “no tenemos prisa”, pienso, mientras le doy un último beso. Él juega con sus dedos en mi espalda y, cuando separamos nuestros labios, volvemos a quedar mirándonos, frente contra frente, nariz contra nariz.

Un par de golpes suaves en la puerta nos hacen olvidar el momento de intimidad; Erik se aparta un poco y grita:
—¡Un momento!
Salimos rápido de la bañera y cubrimos nuestros cuerpos con unas toallas para secarnos. Una de las criadas abre la puerta, asoma la cabeza y, al vernos cubiertos por las telas, entra con un montón de ropa naranja y roja en las manos. Detrás, viene la segunda criada con un montón de ropa blanca entre los brazos. Colocan las prendas sobre la cama y se retiran, dejándonos a solas por segunda vez.
Dejo caer la toalla que me cubre y tomo su mano antes de acercarnos a la cama y ver las ropas que nos han dejado. Unas enaguas y un vestido rojo con bordados dorados para mí; a Erik, unos calzones y un traje de color naranja. También han dejado unos zapatos oscuros para él y unos de color crema, con un poco de alza para mí. «Demasiado lujo para haber llegado como mendigos», pienso mientras me visto.

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Published on January 12, 2016 13:52
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