Llevaba tiempo queriendo introducirme en la obra más madura de Pardo Bazán, un periodo en el que, al parecer, se acercó a posturas más modernistas y simbolistas, y a temas filosóficos de tono más metafísico, con especial interés por la psique humana, frente al cuasi-naturalismo por el que es más conocida y admirada. Ojo, no abandona la tendencia naturalista, esto es importante: la adapta a una nueva sensibilidad e intereses que ella desarrolla en esos momentos de su vida. De hecho, el final de la obra es un grito naturalista, casi biologicista (no diré más).
“La sirena negra” encaja perfectamente en esta evolución, planteando una historia en la que la trama no es especialmente relevante (aunque es muy original y tiene un final sorprendente, que habrá a quien guste y a quien no), sino que lo es lo que la condesa nos intentaba contar.
La novela cuenta la historia de Gaspar de Montenegro, un frívolo y egocéntrico "señorito" de Madrid que deambula sin rumbo y sin espíritu, permanentemente atormentado por la muerte (la "sirena negra"), y que conoce a una madre soltera muy enferma y a su pequeño hijo, al que finalmente decide adoptar. La importancia de la obra radica precisamente en su exploración de la obsesión tanática y la redención a través de la paternidad adoptiva, temas poco frecuentes en la literatura española de la época. La "sirena negra" del título no es una mujer fatal, sino una metáfora de la muerte que acecha constantemente al protagonista, convirtiéndose en un personaje casi tangible que domina la psicología de Gaspar.
La novela presenta un personaje novedoso en la literatura española: el del dandi aristocrático, cínico y amoral, muy común en novelas decadentistas francesas o inglesas, pero no tanto en la narrativa de nuestro país. Este aspecto es crucial: Pardo Bazán introduce en España un tipo literario que había triunfado en la literatura europea finisecular, pero convirtiéndolo en una crítica a ese “mal del siglo”, dotándolo de una profundidad psicológica que va más allá del mero esteticismo, creando con Gaspar un carácter nihilista y orgulloso de lo más sugerente, pese a lo antipático que pueda resultar (él es el narrador principal). La novela incorpora elementos esotéricos como espectros, sueños premonitorios y auras, reflejo del interés de la época por el espiritismo y la teosofía, corrientes que tenían amplia presencia en la sociedad española de fin de siglo.
Estilísticamente, "La sirena negra" muestra a una Pardo Bazán en plena madurez experimental. Es una novela crepuscular y psicoanalítica, de conciencia e introspección, donde la acción externa cede protagonismo al tormento interior del personaje, de forma muy similar a lo que ocurría, por cierto, con su contemporáneo y amante Galdós. La prosa mantiene la precisión descriptiva característica de la autora, pero ahora al servicio de atmósferas inquietantes y estados mentales perturbados. El ritmo narrativo es más lento y meditativo que en sus novelas puramente naturalistas, privilegiando la exploración psicológica sobre el retrato social, aunque esté muy presente. Hay en esta obra una melancolía elegante, un pesimismo aristocrático que conecta con la literatura decadentista europea sin perder un arraigo muy español en la caracterización de personajes y ambientes. Es una novela breve pero densa, donde cada imagen y cada símbolo contribuyen a construir el retrato de un hombre enfrentado a su propia nada existencial… y a sus propias contradicciones o hipocresías.
Sin duda, un libro muy interesante que merece mucho la pena leer. Una pena que haya quedado difuminado tras las sombras de las grandes obras maestras de la Pardo Bazán. No gustará a todo el mundo, porque realmente supone un desafío moral en muchos momentos, pero para mí, precisamente por eso es interesante.