Tras la publicacion de los aforismos completos de su obra magna, Escolios a un texto implicito, Atalanta presenta ahora el segundo libro que aparecio en vida de Nicolas Gomez Davila. Publicado en 1959 en Bogota, bajo el sobrio titulo de Textos I, este volumen tiene la particularidad, dentro del conjunto de su obra publicada, de ser el unico escrito en prosa continua. Asi pues, el lector puede aqui saborear en toda su extension la eficaz calidad de su estilo. Pero aparte del placer sensual que reporta la prosa de Gomez Davila, este libro ofrece una clave esencial de su pensamiento, pues segun Francisco Pizano de Brigard, en el se encuentra todo el desarrollo de su teoria de la el texto implicito al que aluden los Escolios (que se hallaria entre las paginas 55 y 84 de este libro), donde se exponen, sin ningun proposito didactico, las lineas esenciales de su vision antropologica y metafisica del hombre. Cierra el volumen la recuperacion de un breve texto perdido, El reaccionario autentico, que completa y sintetiza su vision filosofica del mundo, que lejos de ser una exposicion dialectica del universo, es el lucido llamamiento de una libertad despierta a una libertad dormida.
Nicolás Gómez Dávila was a Colombian writer and thinker who is considered one of the most intransigent political theoreticians of the twentieth century.
His fame began to spread only in the last few years before his death, particularly by way of German translations of his works. Gómez Dávila was one of the most radical critics of modernity whose work consists almost entirely of aphorisms which he called "escolios" (or "glosses").
Textos es un conjunto de pequeños y quirúrgicos ensayos que especulan, en una prosa aforística perfecta, sobre la voracidad del ser y sus condiciones: dios, el tiempo, la muerte y la inquietante consciencia de todo aquello.
Una filosofía de prosa corta, precisa y poética; también dura, existencialista y perturbante:
Pero el hombre no es la única ilimitable codicia de vida. Todo, en el universo, imperializa; y cada existencia singular ambiciona extenderse a la totalidad del ser. El animal más miserable, entregado sin prohibiciones a su fiebre, coparía el espacio y devoraría las estrellas. En los charcos de los caminos hay efímeros organismos que contienen la virtual posesión del cielo.
Es un reaccionario: se rebela contra toda modernidad, sea esta liberal o socialista, pues tacha de progresistas a ambos: elevan al hombre a dios, renegando de toda tradición, desarraigándolo y condenándolo al nihilismo, a la nada. Al moderno escéptico (o al lector de esta reseña) Gómez Dávila le responde:
Un desdén complaciente no parece, en efecto, la contestación adecuada a una actitud donde pueden hermanarse un Goethe a un Dostoievski.
El autor es un hacendado colombiano nacido en 1913 cuyo mito lo erige como un recluido en una gigantesca biblioteca personal donde devoró el canon occidental, glosando cientos de tomos, escoliando miles de libros, cuyos papeles sólo mostró a sus amigos y que terminó siendo admirado primero por filósofos alemanes, y luego redescubierto por españoles para traerlo de vuelta a toda América.
Implacable, Dávila nos expone la condición humana en todos sus ensayos: el hombre que quiere comerse el mundo; el hombre consciente de su fracaso; el hombre que desea apartarse de la muerte; el hombre temeroso de Dios; el hombre que busca regir su propio destino y divinizarse a través de la democracia, liberal o colectiva; el hombre que opta y ejerce su libertad, muchas veces irresponsablemente; el hombre práctico, la filosofía de la historia y la tradición como esquema histórico y, por último, el hombre que muere y sin embargo desea.
El hombre nace rebelde. Su naturaleza le repugna. El hombre ansía una inmanencia divina. El mundo entero sería el cuerpo insuficiente de su implacable anhelo. Pero el hombre no es la única ilimitable codicia de vida. Todo, en el universo, imperializa; y cada existencia singular ambiciona extenderse a la totalidad del ser. El animal más miserable, entregado sin prohibiciones a su fiebre, coparía el espacio y devoraría las estrellas. En los charcos de los caminos hay efímeros organismos que contienen la virtual posesión del cielo. Ningún límite es interior al ser; ninguna ambición se recusa a sí misma. Toda renuncia nace de un obstáculo; toda abstención, de un rechazo. El universo es un sistema de limitaciones recíprocas, don de el objeto se construye como una tensión de conflictos. La violencia, cruel ministro de la limitada esencia de las cosas, impone las normas de la existencia actualizada. Pero si la intervención de ajenas presencias amputa y trunca infinitos posibles, nuestra alma escuálida sólo es capaz de una fracción de los actos con que sueña. Todo el mundo es frontera, término, fin. […]
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Demonios y dioses nacen lejos de la mirada de los hombres, y su infancia se aletarga en moradas subterráneas. La religión democrática anida en las criptas medievales, en la sombra húmeda donde bullen las larvas de textos heréticos.
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El pueblo revolucionario no se alza contra el estado omnipotente, sino contra sus posesores momentáneos. El pueblo no protesta contra la soberanía que lo oprime, sino contra sus detentadores envidiados. El pueblo reivindica la libertad de ser su propio tirano.
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La democracia no es atea porque haya comprobado la irrealidad de Dios, sino porque necesita rigurosamente que Dios no exista.
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El hombre adosado a la nada afronta la nada infinita.
Gómez Dávila is fascinating. Unique theories on reactionary thought, democracy, history... He also writes some of the best prose I have ever laid eyes upon.
El estilo campanudo que caracteriza al autor no oculta que nos encontramos ante una obra inferior a los Escolios. Diríase que más que prosa seguida son aforismos concatenados pero de menor fuste, aunque de excelente forma. Filosofía sonajero.
Si los Escolios suelen proponernos fogonazos frecuentes; aquí se nos ofrecen obviedades existencialistas, manoseadas. El desengaño del mundo ya fue glosado magnamente en el barroco hispano (¿lo leyó acaso el afrancesado y desdeñoso de España NGD?).
El tono algo vitriólico de esta reseña sea por sus cultores, pues el autor, señor discreto y huraño, nunca pretendió publicar estos textos.