Barras directamente llegadas del Siglo de Oro.
La argumentación de Quevedo es imbatible, estadísticamente provocan más males los ojos de la cara que el ojete. Ya lo siento por Góngora, pero la riqueza léxica y retórica de este hombre no tiene parangón. Además te ofrece datos asombrosos, poca broma, yo no sabía que el emperador Claudio César había promulgado un edicto a favor de los pedos por el bien de la salud de la población romana. Y es objetivo, te dice las gracias y las desgracias, tal y como promete. Un tanto sorprendido, no obstante, porque siendo un texto tan corto Quevedo saque el espacio para, aparentemente, aludir al sexo anal (y censurarlo): literalmente dice "en llegando al culo no has de pasar adelante". ¡Cuidado ahí!
Si mi memoria no falla, el ejemplar que tengo me lo trajeron de encargo después de que mi profesor de Literatura Española en Bachillerato, Rodolfo (alguien tremendamente determinante de la persona que soy, que en paz descanse), mencionase su existencia en clase. ¿Cómo no iba a querer yo un libro de Quevedo sobre el culo? Es una edición un poco loca, porque, como lo de Quevedo es tan breve, te añade otra obra de un sacerdote del siglo XVII, Manuel Martí, titulada 'Defensa del pedo' y escrita en latín; aquí, por suerte, traducida a español. Él se trataba de un importante helenista y da la impresión de que tiene documentado cada pedo que fue disparado en la Antigua Grecia. Luego aparece una pequeña antología de un tal padre Barnabás, cuya identidad no he conseguido ubicar, que establece una tipología de seis pedos y reúne a continuación una serie de poemas y cuentos/chistes, como uno bastante perturbador sobre un médico que toma el pelo al chaval que le han puesto de prácticas haciéndole chupar un poco de caca. No sé.
Por lo que veo, es práctica habitual editar estos textos en conjunto desde, al menos, 1901. Son pequeños datos que os doy para elevar culturalmente la experiencia de leer mis reseñas de Goodreads.