El libro ofrece unas historias interesantes que retratan los cambios en la sociedad mirando desde una perspectiva cotidiana. Sin embargo, la autora carece de un estilo propio que le dé identidad a la obra, lo que genera una sensación de incongruencia y falta de cohesión narrativa. Aunque puede resultar una lectura nostálgica y atractiva para un público mayor, especialmente en el contexto específico de Dos Hermanas, su interés difícilmente se extiende más allá de ese ámbito.