Excelente novela corta sobre el destino de un perro, poderosa mezcla de San Bernardo y perro pastor escocés que, durante la época de la fiebre del oro a fines del siglo XIX, es llevado a la fuerza desde California a las tierras del Río Yukón en Alaska para trabajar en las traíllas de tiradores de trineo.
El libro es una oda preciosa a la Naturaleza, y London nos habla con sencillez —no exenta de cierta lírica— acerca de los trabajos de hombres y perros en las tierras agrestes, del proceso de domesticación, de la impronta y los instintos animales.
Cualquier narración que trate estos temas me tiene ya de por sí ganado, porque me encanta el bosque y la montaña, y provengo del mundo rural, pero London construye una pequeña obra que, como Colmillo salvaje a mi juicio puede disfrutarse a cualquier edad y en cualquier momento.
El único «pero» que puedo ponerle es que, si diseccionamos y analizamos la metáfora que subyace en La llamada..., London propone como alternativa a la esclavitud y la servidumbre un retorno al atavismo, al mundo salvaje y a la ley del más fuerte. Quizá no sea una idea edificante, incluso puede que sea moralmente censurable («o nosotros, o el Caos»), pero el primitivismo y el tradicionalismo radical siempre han tenido para mí su peculiar atractivo :)