Strong 3
Las buenas conciencias (1959) es la segunda novela escrita por Carlos Fuentes, en esta seguimos de cerca la huella histórica de Los Ceballos, una de las grandes familias de Guanajuato, México; quienes cuentan con un legado y con un porvenir prometedor. Jaime Ceballos, adolescente y último descendiente de la familia se enfrenta con la carga de su apellido y con el peso de la “consciencia cristiana” que rodea su transformación a hombre.
Opinión: Antes que nada, me gustaría decir que es mi primera lectura de Fuentes; la comencé esporádicamente, sin saber mucho sobre la obra del autor. Como ya habrán visto la calificación no es buena del todo, y es qué, creo que esta novela en general no termina de “cuajar”. Me aventuraría a decir qué es un trabajo inmaduro ya que fue de los primeros escritos del autor, pero quizá me equivoque al hacerlo ya que he escuchado muy buenos comentarios de su primera novela, La región más transparente.
La novela consta de 10 capítulos, los tres primeros son un contexto de como se posiciono la familia como un emblema de la ciudad, nos introducen a los antepasados del protagonista de la obra: padres, abuelos, tíos, etc. Esta parte la disfrute porque se sintió como una especie de recordatorio del curso de historia que uno veía en la primaria, vemos nombrarse a grandes figuras como: Porfirio Díaz, Cárdenas, Calles, Villa; así como los acontecimientos que azotaron el entorno de Los Ceballos. Todo esto te envuelve en el aura de la novela, algo que Fuentes hace muy bien.
Ahora, aquí hay varios puntos a mencionar, a pesar de que no me disgustaron estos capítulos, me parece que destinar casi un tercio de la obra al contexto esta de más, llevas ya una buena cantidad de páginas y no sabes todavía la trama principal del libro, se podría decir que el hilo principal inicia con la introducción de Jaime Ceballos. Otro detalle es que los personajes mencionados en el contexto son muy enaltecidos y hacen que los protagonistas se vean como una prenda deslavada, un vestigio de la grandeza anterior: Qué distinto… lo que somos de lo que pudimos ser. Estos aspectos me parecen interesantes y creo que son la causa de que considere que la novela no termine de despegar, por ejemplo: el que los antepasados sean una figura enorme da ganas de escuchar más de ellos, de que la historia les pertenezca; pero lo que dejan es un hueco muy difícil de llenar y esto deja una sombra permanente sobre los protagonistas: Jaime Ceballos repetía su nombre en voz baja. Ceballos. ¿Por qué se llamaba así? ¿Quiénes y para qué se habían llamado así antes que él?
Para mi gusto, uno se queda partido por lo antes mencionado, se intenta hacer mucho con poco, poco porque son 190 páginas y me parece difícil lograr un balance entre el tercio que se basa en el pasado y los dos que pertenecen al presente.
Brincando a la trama principal, me pareció fluida y nada tediosa, si bien es simple creo que para nada es aburrida. Considero que es un texto enfocado en esa metamorfosis de adolescente-adulto por lo que pienso que podría ser más indicada para el publico joven y más para el guanajuatense (jajaja). Ese conflicto interno que envolvía a Jaime Ceballos y lo forzaba a crecer me trajo varios recuerdos a viejas lecturas de Herman Hesse, creo que por ese lado conecte un poco más, también por las menciones de varios autores que me son familiares: Nietzsche, Stendhal, el Andréiev de Sachka Yégulev, Dostoievsky, Dickens, Balzac, Max Beer, Michelet, eran sus interlocutores cotidianos, y Calderón, Tirso, Berceo. No obstante, el muchacho no podía perder la conciencia de su origen y de los problemas diarios de esa raíz, decidía con mayor ardor conjugar las ideas que descubría con la situación que conocía.
Jaime Ceballos como muchos otros jóvenes atormentados encontraba refugio en los libros, se nutría de lo aprendido y comenzaba a juzgar los actos ajenos, soñando con poder responderle a sus guardianes y echarles en cara su hipocresía. Los libros eran suministrados por su humilde amigo Juan Manuel (a quién la cita anterior hace referencia), una de las figuras presentes en la novela que motivó a nuestro protagonista enseñándole una cara distinta de la realidad, creciendo junto a el y siendo su único apoyo.
Como esta figura vemos algunas otras, todas fungen como un hincapié en el desarrollo de Jaime, su hogar no carecía de autoridad, pero si de figuras paternales, es aquí donde las figuras llegan a llenar esos huecos: tenemos a la primera persona que lo visualizo como un “hombre”, Ezequiel Zuno; a su igual, Juan Manuel; y a aquella mujer abandonada que jamás pudo conocer y confrontar: su madre. Todos ellos cumpliendo un rol específico y ayudando a Jaime a comprender lo que en realidad era una relación humana: qué todos somos víctimas y cómplices de nuestro contexto.
Otro tema siempre presente es la religión, aquí Carlos Fuentes escoge muy bien la cita con la que inicia el libro: Los cristianos hablan con Dios; Los burgueses hablan de Dios. – Soren Kierkegaard.
¿Qué hace a un buen cristiano? Es una de las preguntas que continuamente se hace Jaime, su hogar y su círculo no le entregan más que inconsistencias: porque se juzga; porque darle más importancia al vicio que la virtud; porque pretender, para alguien lleno de estas cuestiones no queda más remedio que culparse y autoflagelarse, cargar con la culpa considerándose igual que Jesús. Aquí es donde se exhibe la respuesta al conflicto de nuestro joven, el rostro de la realidad mostrado por las figuras que admiró es tan chocante con la propia, que necesita tomar una decisión, ya que elegir la realidad planteada por los “extranjeros” es renunciar a La buena conciencia y allí es donde Dios habita, ese camino no tiene certidumbre y tomarlo sería romper a martillazos la existencia conocida, algo que Jaime Ceballos no esta dispuesto a hacer. Jaime decide seguir el camino del orden (toma la píldora azul), el señalado por sus guardianes: Cristo quiere a los justos, pertenece a los hombres de bien, a la gente decente, a las buenas reputaciones. Y con esta elección La adolescencia había terminado.