La nostalgia ochentera es un género en si mismo que apesta bastante, los yonkis, Espinete, los bocatas de nocilla con chorizo, el estuche rígido de pelikan con su mochila perona. Sucede que los que nacimos en los 70 llegamos a la posición de mando (y compra, poque dudo que uno de 60 tenga mucho interés en el tema) y el panorama se llenó de esa nostalgia.
Sin embargo y por suerte, o desgracia, no iba a ser eterna. En cierta manera uno descubre que se hace viejo cuando la nostalgia avanza una década y pasa a ser noventera, nirvana, el grunge, los primeros móviles, el crio de los noventa te recuerda que tu ya estabas a otras cosas en ese decorado.
Eso es lo que propone Feria, una egotrip nostáslgico noventera con algunas peculiaridades. La autora comienza con el rancio fact de que si los padres a su edad ya tenian casa e hijos y vacaciones en la manga, y ella vive en una habitacion de un piso compartido. Hagamos un inciso, uno de los amiguetes de pandilla decidió no estudiar pese a que podia haberlo hecho sin dificultades, se puso a trabajar al terminar el FP y cuando nosotros viviamos la vida desahogada y tarambana el ya habia comprado su casa. Si, los padres podian sacar adelante casas, pero los gastos fijos que tenian al mes eran la hipoteca, la luz, y el teléfono. Hoy un treinteañero paga movil, adsl, netflix, prime,, cambia de movil cada dos años y viajar a Londres, algo que igual no hicieron sus viejos cuyo mayor viaje fue ir a benidorm de viaje de novios le parece un plan cutre de fin de semana. Dejamos en inciso que daria para mucho desarrollo y solo lo meto para comentar que el rollo generacional me aburre un poco, no es incierto ni mucho menos, pero no abordado con objetividad.
Volviendo al libro Feria va acumulando un relato desordenado y desbalazado que va de reflexiones de tuitero a anecdótones familiares y de infancia sin transiciones. Es yoismo pleno, no es diario porque hay saltos constantes y digresiones varias, pero no deja de ser material autobiografico sin mucha elaboracion, es, venga, voy a escribir y lo que salga confiando en que los pintoresco de los ingredientes (mi vida y mi familia) le den cuerpo al guiso.
El relato es colorido, a veces entretenido, pero es cotidiano, es su puta vida vaya, no se muy bien donde quiere llevarme la mitad de las veces salvo a oh, su familia eran feriantes pero al final le pasaron cosas que le passan a la mayoría que no tienen memoria o gracia para contar. También hay mucha gente entrando y saliendo que, siento decirlo, solo me impulsa a pensar que porque tiene tanta familia o si hay necesidad de que desfilen todos. A veces la autora proporciona mas información de la que mi cerebro esta dispuesto a asimilar, supongo que por algón sentido residente de autoprotección.
En esa tesitura al rato me pregunto si puedo saltar 50 páginas sin perder el hilo. Marco con el dedo, lo intento y si, no hay problema, puedes leer, volver, saltar, porque al fin y al cabo es lo que la autora esta haciendo.
El relato tiene puntos simpáticos, y tiene cosas que incluso podrian llamarme la atención si la autora consiguiera hacerlas destacar entre el barullo, en su lugar pienso si ella misma es consciente de qué vale y qué no del texto, no lo tengo claro.
Voy pensando que habrá a quien le parezca un costumbrismo delicioso (disculpese la expresión), pero al rato y una ver tirados los petardos a mi me aburre un tanto, como no creo que la autora llegue a leer esta crítica de hecho puedo decir que su sucesión de anecdotones amontonados hay ratos que me sacan el bostezo y me hacen ir a toda pastilla. En general las narraciones de crios en vivo en directo o recalentados me aburren. El rollo de clase tampoco me mata, no encuentro diferencias significativas entre la Ana Mari que escucha al parrita y el Josemari y lo que serian sus equivalentes de clase media salvo el uso de los artículos precediendo los nombres. Con cuatro cambios podria pasar el relato de unos feriantes a un tornero fresador e incluso un notario y me cargaria el presunto rollo de clase. Tampoco entiendo la obsesión de las autoras (me temo que es un asunto femenino) por meternos a tanta gente yendo y vienendo todos con sus nombres propios y fechas señalaitas o contarme que sintió cuando vio a su hermano como si me fuesen a interesar una puta mierda, no lo se.
Si la modernidad es el totum revolutum donde se mezclen todo tipo de ingredientes que van desde las reflexiones de tu cosecha a las fechas de la boda de tu tia abuela pasando por el hombre blandengue del fari a lo largo de una sucesiones de recuerdos y reflexiones autobiográficas fotos de tu album incluidas, supongo que es una novela moderna, o dicho de otro modo, es el equivalente novelado a un perfil de facebook (aunque ahora facebook solo lo mira tu tia abuela). Yo la encuentro pasable, no me mata pero tampoco pierdo el culo por esto. Supongo que no soy su público objetivo.