Este libro contiene dos obras del inmortal Hermann Hesse, una de su juventud, Hermann Lauscher, y otra de sus últimos años: Viaje al Oriente. Hermann Lauscher es un libro íntimo, “de confesiones para mí y mis amigos”, es la historia de un poeta que transita el arte del verso con delicados debates filosóficos, temas que avizoran las futuras exploraciones de HH: las hondas contradicciones de las personas y la búsqueda de un sendero de liberación personal. En estas páginas encontramos a un autor primigenio, novel, con una pluma adornada, clara y universal que en ocasiones se escapa de lo real para sumergirse en las regiones de lo etéreo, en oníricos paisajes, fantasías y viajes espirituales; condiciones que desarrollaría en su trabajo posterior con sumo cuidado y elegancia.
Los escritos de Hermann Lauscher narran algunos aspectos biográficos, siendo los más interesantes los capítulos incluidos en la segunda edición (1920): “Lulú” y “Noches de Insomnio”. En Lulú, “el poeta Lauscher”, nos presenta una extravagancia, un cuento, una fábula con tintes medievales, de transmigración de tiempo y espacio, de princesas y reinos olvidados que habitan en los sueños, la poesía y las encantadoras formas femeninas. Un sólido relato que embriaga con deleite a cualquier amigo personal de Hesse. En “Noches de Insomnio” le rinde culto a la musa, la única, la eterna y compañera de los hombres, la que supera a la muerte, amiga de todos, siempre disponible, la temible, silenciosa y amante soledad.
“Viaje al Oriente” es un libro iniciático, es una ruta y un rito. Nos encontramos a un Hesse maduro, nobel y con la pericia de un maestro. Suavemente nos deslizamos por las palabras y el aroma oriental, nos dejamos conducir por una leyenda y el “Círculo”. Los discípulos que emprenden el fabuloso viaje por tierras mitológicas, cabalgando junto al quijote, con Wagner, con el pintor Klingsor, del Siglo de Oro a la Edad Media, con Goldmundo, con Longus, el Lauscher y Leo el profeta, el líder que se marchó para siempre. El propio HH será el narrador de este texto que retrata la búsqueda espiritual, la pérdida de la fe y el encuentro final con uno mismo y el universo. HH persiste en el deber de las personas de ser fieles a sí mismo, nos recuerda las cosas importantes de la existencia, aquellas que carecen de valor económico y son irracionales para el vulgo como la imaginación, la música, la lírica y el arte; cuando se pierden, la vida misma, se pierde.
HH intenta describir su “Viaje al Oriente” sin recordarlo, sin revelar los secretos del “Circulo”, ¿Cómo habar del viaje sin desvelar al Círculo? En aquel tiempo de entreguerras, de caos y desesperanza, las miradas se volcaron a lo exótico, a lo místico y esotérico: fue muy difícil diferenciar a los charlatanes de los maestros. Y Leo era uno de ellos, el “Superior de los Superiores”, el más solicito y servicial, criado al auxilio de todos, noble compañero, sabio consejero y amigo prudente. Las cosas sucumbieron cuando Leo se fue, hubo desunión, se produjo la catástrofe, los más desertaron, se cobijaron de razón. Y es que la lógica condena al alma, el razonamiento reduce a la fantasía, la inteligencia somete a la inventiva y a la magia. Leo es el niño interior que alguna vez fuimos, el que nos reclama cuando nos apartamos del camino, quien nos indica, en lo profundo, si nuestros actos fueron oportunos o nefastos. El que volverá a nos, después del quebranto, en los instantes finales almibarados de la vida.