Okay, completa honestidad aquí. Compré esta saga de libros porque pensé que iban a ser, básicamente, muchos sexy times en Escocia y ya está. La trama me daba un poco igual, sabía que había algo de fantasía y poderes y tal, pero pensé que la autora usaría esa trama como una simple excusa para hacer que hombres escoceses son kilts tuvieran una razón para quitárselos, if you know what I mean.
¡Y vaya sorpresa me llevé! Cuando estaba leyendo este primer libro, que en inglés se llama Dangerous Highlander, me di cuenta de que era muchísimo menos sexy de lo que me imaginaba y que la trama no estaba tan mal después de todo. Vamos a ver, no se confundan, el libro es plano, acelerado y no hay mucha construcción de absolutamente nada, ni relaciones, ni personajes ni entorno, pero es extrañamente light y entretenido. Aunque sí que me faltaron sexy times, no puedes poner a un guerrero highlander semidesnudo en la portada y darme sólo dos o tres escenas así, por todos los dioses.
En fin, aquí la trama empieza contándonos que por allá en 1200 o 1300 (perdonen las fechas, no las recuerdo y me da pereza pararme y buscarlas nuevamente), los romanos querían invadir a toda Gran Bretaña. Y lo iban logrando, subiendo poco a poco, acercándose a las Highlands, pero los druidas decidieron que no los iban a dejar invadir sus tierras. Así que los drough, la facción druida que sí usa magia negra, invocó a unas especies de dioses y los encerró en los cuerpos de los guerreros más poderosos de cada clan para que así protegieran todo el norte de Gran Bretaña. Y lo lograron, pero luego no pudieron sacar a esos dioses de los cuerpos de esos hombres y, además de volverlos inmortales, les dieron el poder de pasar los poderes de esos dioses de generación en generación. También hay por ahí una drough malvada que se llama Deirdre que quiere acabar con todos los druidas de magia blanca, los mai y controlar a todos estos guerreros/dioses. Sin embargo, tres guerreros escaparon de sus garras y se han estado escondiendo en el castillo McLeod desde hace 300 años: Fallon, Quinn y Lucan.
Y en realidad todo empieza cuando, un día, una chica de la aldea vecina al castillo McLeod sale a cosechar hongos. Eventualmente Cara se va acercando más al acantilado y, de repente, una ráfaga de viento se lleva consigo un colgante que le dio su madre antes de morir. Cuando Cara está a punto de caerse por el acantilado, Lucan, que la ha estado viendo desde el castillo, decide romper todas las reglas e ir a salvar a la primera mujer con la que se cruza en 300 años.
Y así es como empieza un romance tempestuoso y tremendamente acelerado entre Cara y Lucan. Es muy gracioso en cierto sentido porque Cara estaba a punto de ordenarse como monja y, de repente, empieza a sentir todas estas cosas locas y pasionales por Lucan. Y, bueno, leerlo a él también es un cuadro porque es como las biggest blue balls in history. El pobre hombre va diciendo todo el rato que está que se muere de ganas y pasión porque ella es la primera mujer que ve en 300 años y que quiere hacer las cosas despacio, pero sus sentimientos y la lujuria lo dominan. Como les digo, la parte romántica y de la relación de ellos dos es medio cringe y bastante menos hot de lo que podrían imaginar. De hecho, es muy raro todo lo que hacen teniendo en cuenta que están en 1600, pero oh, well, quién soy yo para juzgar a un guerrero highlander inmortal y a una casi-monja que, obviamente, esconde un secreto y va a cambiar las reglas del juego.
Y nada, la trama de fantasía en general, igual que todo el libro, es bastante apresurada y un poco floja, pero me interesó más que el romance, realmente. Creo que este primer libro fue un gran info dump, pero tengo la esperanza de que en los siguientes las cosas entre druidas malignos, guerreros poseídos, guerreros inmortales y monstruos se pongan muchísimo más interesantes.