Quién iba a pensar que el bordado pudiera dar tanto de sí. A lo largo de este libro (que mejora a partir del segundo capítulo, cuando la autora se mete propiamente en materia) se nos habla de cómo la costura, sobre todo la decorativa, es reflejo y escenario de las concepciones imperantes sobre género y clase. También de la distinción, igualmente preñada de ideología, entre el Arte al que le ponen la mayúscula y la artesanía con letras pequeñitas. Fue publicado a mediados de los ochenta, pero Rozsika Parker lo actualizó con un prólogo para su reedición en 2010, de modo que no ha quedado demasiado desfasado.
El libro parece bien documentado y aunque no se extienda demasiado en su argumentación, tampoco parece irreflexivo o caprichoso en sus hipótesis. Sobre todo se agradece que, siendo la autora terapeuta de orientación psicoanalítica, no se deslice más que en un par de ocasiones, y de manera bastante leve, en la ensalada freudiana (yo al menos lo agradezco).
No obstante, sí hay algo que me toca un poco la moral: esa tendencia de los anglosajones a describir cualquier materia en términos exclusivamente anglosajones (Rozsika Parker hace alguna referencia a la Rusia posrevolucionaria, poco más). Es decir, te escriben, por ejemplo, una historia sobre la jardinería para zurdos en Estados Unidos e Inglaterra, pero la titulan Historia de la jardinería para zurdos, punto. Que ya se sabe que los EE. UU. y el United Kingdom son el puto mundo entero.
Algo semejante pasa desde el punto de vista racial. Hablando de subversión, ¿obligaban a las esclavas negras a bordar, quedaba esa labor reservada a las mujeres blancas? De la misma manera en que el bordado tiene su papel en el movimiento sufragista, ¿lo hizo en la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos? El libro se me acaba antojando demasiado blanco, y me da rabia que esas preguntas no fueran ni someramente respondidas.
Aun con esos peros, es un ensayo muy interesante, un buen ejemplo de esa tendencia a escribir la historia de personas e ideas a partir de elementos cotidianos y a veces aparentemente triviales. Y vaya lo que pueden llegar a contar esas «trivialidades ».