Con "Breve Historia de Un Amor Sin Fin" aprendí claves del estilo del autor, que vuelven a estar presentes acá: la presentación de los personajes es larga, pero no insufrible. Los detalles que presenta son necesarios, no exagerados. Su ritmo es lento, pero no aburrido. Todo va al paso que dice el autor. Por eso es que a la página 40 sucede lo que ya se sabe por la contraportada: Antonio Moscoso descubre un manuscrito que retrata casi exactamente su vida.
Moscoso, que ya está en sus 50s, ha vivido varias experiencias y ahora se dedica a quemar hojas, trabaja en una institución pública, en el departamento donde se deshacen de todas esas novelas, obras de teatro y documentos que han enviado muchas personas para postularse a los premios del gobierno y no han ganado. Él lee un poco de los documentos antes de quemarlos, y los mejores se los guarda para terminarlos en casa y luego quemarlos. Ahí encuentra uno que habla de su vida y ahí empieza el misterio de esta historia.
Pero la premisa del libro se desdibuja en otra historia que se da casi por coincidencia, por necesidad del escritor. Un muerto en vida acepta una propuesta extraña de una mujer que le siguió la pista. No es clara la evolución del personaje, se llena de curiosidad por saber quién "escribió" su vida, pero luego acepta condescendiente una especie de condena a largo plazo que parece sacada de la manga. Ahí se pierde el interés, y no porque la nueva historia sea mala, es porque lo que me ofrecieron me lo cambiaron, y uno se siente tumbado.
Ese tipo de cosas pueden suceder en las historias, sin duda, pero yo tenía más curiosidad por la que me ofrecieron de primeras, la que está en la contraportada. El estilo de Torres sigue ahí, sus diálogos y sus descripciones siguen siendo muy buenas, pero en otra historia.