La historia original del moro de Venecia, de Gianbattista Giraldi Cinthio (1565), sirvió a William Shakespeare para crear Otelo, la única de sus grandes tragedias basada en una obra de ficción. Contraviniendo la imagen isabelina del moro, Shakespeare invierte los papeles de los protagonistas y otorga al moro Otelo el carácter de hombre noble y aristocrático, mientras que reserva para el italiano Yago la perversidad y la hipocresía, desarrollando en él uno de los estudios más profundos del mal. Al final, el protagonista, como un auténtico héroe trágico, consciente de su degradación y de su pérdida, escribe su propio epitafio, con la angustia del héroe destrozado. Traducción y edición de Ángel-Luis Pujante, premio Nacional de Traducción.
William Shakespeare was an English playwright, poet, and actor. He is widely regarded as the greatest writer in the English language and the world's pre-eminent dramatist. He is often called England's national poet and the "Bard of Avon" (or simply "the Bard"). His extant works, including collaborations, consist of some 39 plays, 154 sonnets, three long narrative poems, and a few other verses, some of uncertain authorship. His plays have been translated into every major living language and are performed more often than those of any other playwright. Shakespeare remains arguably the most influential writer in the English language, and his works continue to be studied and reinterpreted. Shakespeare was born and raised in Stratford-upon-Avon, Warwickshire. At the age of 18, he married Anne Hathaway, with whom he had three children: Susanna, and twins Hamnet and Judith. Sometime between 1585 and 1592, he began a successful career in London as an actor, writer, and part-owner ("sharer") of a playing company called the Lord Chamberlain's Men, later known as the King's Men after the ascension of King James VI and I of Scotland to the English throne. At age 49 (around 1613), he appears to have retired to Stratford, where he died three years later. Few records of Shakespeare's private life survive; this has stimulated considerable speculation about such matters as his physical appearance, his sexuality, his religious beliefs, and even certain fringe theories as to whether the works attributed to him were written by others. Shakespeare produced most of his known works between 1589 and 1613. His early plays were primarily comedies and histories and are regarded as some of the best works produced in these genres. He then wrote mainly tragedies until 1608, among them Hamlet, Romeo and Juliet, Othello, King Lear, and Macbeth, all considered to be among the finest works in the English language. In the last phase of his life, he wrote tragicomedies (also known as romances) and collaborated with other playwrights. Many of Shakespeare's plays were published in editions of varying quality and accuracy during his lifetime. However, in 1623, John Heminge and Henry Condell, two fellow actors and friends of Shakespeare's, published a more definitive text known as the First Folio, a posthumous collected edition of Shakespeare's dramatic works that includes 36 of his plays. Its Preface was a prescient poem by Ben Jonson, a former rival of Shakespeare, that hailed Shakespeare with the now famous epithet: "not of an age, but for all time".
Calificaría a Otelo como la tragedia feminista de Shakespeare (quizá sea atrevido hablar de feminismo al inicio del siglo XVII, si tenemos en cuenta que Shakespeare la escribió hacia 1603, pero con Shakespeare todo es posible).
¿Por qué esta afirmación?
Porque son los personajes femeninos los que parecen ser defendidos en esta obra. Aparecen únicamente tres féminas en Otelo: Desdémona, Emilia y Bianca.
Desdémona encarna la bondad, la honestidad y la inocencia. No es un personaje demasiado atrayente, resulta más bien plano y aburrido, aunque el hecho que acabe estrangulada por su marido como consecuencia de un ataque de celos infundado consigue que empaticemos con ella.
Emilia es la que mantiene un discurso beligerante en defensa de las mujeres durante toda la obra excepto cuando se trata de Bianca. Veamos un par de ejemplos:
“Ni en un año ni en dos se nos muestra un hombre. No son todos más que estómago, y nosotras tan solo su alimento. Nos comen glotonamente, y cuando están saciados, nos vomitan. Mirad, aquí llegan Cassio y mi marido.” (Acto III Escena IV)
“Sí, y una docena, y más aún de suplemento para abastecer el mundo que les serviría de juego. Pero yo creo que cuando las mujeres caen, la falta es de sus maridos, pues o no cumplen con sus deberes y vierten nuestros tesoros en regazos extraños o estallan en celos mezquinos, imponiéndonos sujeciones; o nos pegan y reducen por despecho nuestro presupuesto acostumbrado. ¡Pardiez!, tenemos hiel, y aunque poseamos cierta piedad, no carecemos de espíritu de venganza. Sepan los maridos que sus mujeres gozan de sentidos como ellos; ven, huelen, tienen palabras capaces de distinguir lo que es dulce de lo que es agrio, como sus esposos. ¿Qué es lo que procuran cuando nos cambian por otras? ¿Es placer? Yo creo que sí. ¿Es el afecto lo que les impulsa? Creo que sí también. ¿Es la fragilidad, que así desbarra? Creo también que es esto. Y ¿es que no tenemos nosotras afectos, deseos de placer y fragilidad como tienen los hombres? Entonces, que nos traten bien, o que sepan que el mal que hacemos son ellos quienes nos lo enseñan.” (Acto IV Escena III).
Es lúcida, con los pies en la tierra y leal a Desdémona, su señora, cuando es cuestionada la fidelidad de ésta a su marido. Al igual que Desdémona, Emilia también muere a manos de su marido, Yago.
Bianca es una prostituta amante de Cassio. Representa el amor salvaje, lo prohibido en contraposición al amor puro de Desdémona, quizá por esta razón incluso Emilia no pueda tolerarla. Me ha interesado el diálogo que mantiene con Emilia en el acto V y especialmente su respuesta a las acusaciones de prostituta:
“BLANCA.- Ha cenado en mi casa; pero esto no me hace temblar. YAGO.- ¡Oh! ¿Ha cenado en vuestra casa? Os lo ordeno, venid conmigo. EMILIA.- ¡Vergüenza, vergüenza de ti, puta! BLANCA.- ¡Yo no soy una puta, sino una mujer de vida tan honrada como vos que me insultáis así! EMILIA.- ¿Como yo? ¡Quita allá! ¡Vergüenza de ti!”
Los personajes masculinos, en cambio, principalmente Otelo y Yago, ambos diría que coprotagonistas, no salen muy bien parados.
Desde mi punto de vista el personaje de Yago es mucho más interesante y potente que Otelo.
Yago es la encarnación del mal, el diablo mismo. Manipulador, misógino, mentiroso y perverso inventa una infidelidad de Desdémona a Otelo hasta tal punto que éste, creyéndolo, encoleriza y mata a su esposa. Yago hiere por herir y disfruta con ello.
Si Yago es el personaje que actúa, que inventa el plan maléfico que acaba con la vida de Desdémona a manos de su esposo, Otelo es un personaje más bien apático, débil, sin personalidad, sin fuerza, que se deja engatusar sin comprobar realmente lo que Yago le cuenta ni confiar en su esposa cuando ella le dice que siempre le ha sido fiel.
Sea como fuere, ambos resultan ser unos asesinos feminicidas. Y su violencia contra las mujeres, a parte del engaño orquestado por Yago y los subsiguientes celos de Otelo como causantes de la muerte de Desdémona, se fundamentan en la profunda misoginia que predica Yago.
Veamos un claro ejemplo de ello:
“YAGO.- Si te regalara con sus labios tanto como a mí con su lengua muchas veces, estuvieras harto. DESDÉMONA.- No se le oye apenas. YAGO.- De sobra a fe. Yo bien lo advierto cuando me acosa el sueño. Cuando está presente su Merced, sin duda se domina y con el pensamiento sólo riñe. EMILIA.- ¡Cual si tuvieras tu razón de queja! YAGO.- Calla; dechados son fuera de casa; sonajas en la sala; en la cocina gatas montesas; cuando hacen agravio, santas; cuando ofendidas, diablos; tardas en el menaje, y en la cama activas. DESDÉMONA.- ¡Calumniador! YAGO.- Es cierto lo que digo; te levantas para jugar, y al lecho te vas a trabajar, y te viene estrecho. EMILIA.- No escribirás mi elogio. YAGO.- No, más vale. DESDÉMONA.- ¿Qué escribieras de mí si me elogiaras? YAGO.- No me retes a duelo tal, señora, pues nada soy si criticar no puedo. DESDÉMONA.- Vamos, prueba. ¿Fue alguno al puerto? YAGO.-Fue. DESDÉMONA.- No estoy alegre; es que tan sólo escondo bajo aparente gozo mi zozobra. Sepamos qué dirás en mi alabanza. YAGO.- Lo estoy pensando; pero mi inventiva como liga de frisa se desprende de mi cabeza: arranca seso y todo. Mi musa está de parto, y esto pare. Si es de alba tez y lista, su hermosura engendra gozo que discreta apura. DESDÉMONA.- No es mal elogio. ¿Y si es morena y lista? YAGO.- Siendo morena y lista, esté segura que a un blanco hechizará su donosura. DESDÉMONA.- ¡Peor, peor! EMILIA ¿Y si es hermosa y necia? YAGO.- Jamás fue necia la que fuera hermosa; pues la más necia logra ser esposa. DESDÉMONA.- Ésas son viejas paradojas de mal gusto con que se divierten los tontos en las tabernas. ¿Qué miserable elogio tendrás para la que es fea y necia? YAGO.- Ninguna haya la vez tan necia y fea que al fin de amor no triunfe en la pelea. DESDÉMONA.- ¡Oh crasa ignorancia! Elogias más a la que menos vale. Pero ¿qué elogio tributarás a la buena mujer, la cual, con la autoridad de su virtud, obligara a la malicia misma a reconocer su bondad? YAGO.- La que fue hermosa siempre, y nunca vana, que tuvo lengua y no de usarla gana, que, rica, no gastó lujoso arreo, que tuvo la ocasión y no el deseo, la que ofendida, y la venganza a mano, guardó la ofensa y no rencor insano, la que jamás trocó con ligereza la cola del salmón por la cabeza, medita mucho y loca no delira, ve que la siguen y hacia atrás no mira, fuera, si se encontrara, asaz discreta. DESDÉMONA.- Y ¿en qué la emplearías? YAGO.- En criar necios y en hacer calceta. DESDÉMONA.- ¡Oh tristísima e impotente conclusión! Emilia, no te dejes guiar por él aunque sea tu marido. ¿Qué dices, Casio? ¿No es por demás profano y desvergonzado este hablador? CASSIO.- Habla claro, señora: te agradará más como soldado que como letrado. (Desdémona y Casio hablan aparte). YAGO.- (Aparte) (La coge de la mano) Bien, bien; cuchicheen; me basta esa pequeña red para entrampar a una mosca tan grande como Casio. Mírala y sonríete, anda; ya te sabré coger en el lazo de tu propia galantería. Tienes razón; en efecto, así es. Si con tales mañas consigues perder tu empleo de teniente, más te valiera no haber besado tantas veces tus tres dedos, con los cuales estás a punto de volver a hacer el galante. ¡Magnífico! bien besado, ¡brava cortesía! Así es, en efecto. Y vuelta con llevar los dedos a la boca. Por causa tuya quisiera que fueran tubos de jeringa. (Suena una trompeta). El moro. Conozco su señal. CASSIO.- Él es de seguro. DESDÉMONA.- Salgamos a su encuentro a recibirlo. CASSIO.- Vean donde viene.” (Acto II Escena I)
¿Anticipa Shakespeare la llamada guerra de sexos/géneros en la que aún, desgraciadamente, en la actualidad, nos vemos inmersos? ¿Denuncia la violencia de género, lacra que aún padecemos, ya a principios del XVII?