Gracias a trabajos como el realizado por Alonso Salazar se puede explicar cómo el narcotráfico y toda la cultura que lo rodea fue capaz de permear las formas de vida, las creencias, los miedos de un país, y específicamente de Medellín, tanto así que un pueblo tan católico como el antioqueño, en el que se mata con una bala bendecida por la virgen, tuvo la fuerza de irse en contra del pensamiento de pobreza igual a humildad y pobreza como camino para llegar al cielo para pasar a vivir una vida de lujos, millones y drogas. El narcotráfico tuvo una fusión con la religiosidad paisa, aumentando el sincretismo que de por sí está en la religión católica, para poner las bases de una nueva forma de ver la vida, la plata, el amor, el poder. "Si los jóvenes volvieron a la misa y se llenaron de símbolos religiosos no fue por la prédica de este arzobispo, sino por los narcotraficantes, apegados a la religiosidad tradicional, se tomaron los santuarios y se convirtieron en los evangelizadores de los años ochenta en Medellín".
En el libro también se nos muestra la crudeza y la realidad tan violenta que se vivía (o aún se vive) en el país. Después de la toma al Palacio de justicia, en el que se demostró que los militares no necesitan órdenes de nadie para matar y desaparecer, llega otra tragedia para el país, la destrucción de Armero, mejor dicho si uno no se muere en un balacera, por una bomba, un robo, por causa de la violencia, la desigualdad que se vive y las pésimas condiciones sociales que se dan, la misma naturaleza se encarga de sepultarnos bajo tierra recordándonos lo que es Colombia... un moridero.
Y termino con dos frases muy interesantes:"Así está hecha la historia de Colombia, una tragedia sucede a otra, sin que haya tiempo de pensarlas, y se ha ido formando un sedimento en la memoria cargado de abundantes dolores, fértil para las venganzas "
Y una del caricaturista "Mico":"Cómo sería de corrupta la clase política colombiana que corrompió a Pablo Escobar".