Wilkie Collins es uno de los autores que más he leído y que más suelo disfrutar, y desde hace bastante tiempo tengo la costumbre no escrita de leer al menos uno de sus libros al año. Pero este 2024 se me ha echado el tiempo encima y no he podido ponerme a disfrutar de una de sus obras. Justo el año en que se conmemoraba el bicentenario de su nacimiento. Así que siendo una fecha tan especial he decidido leer algo nuevo de este escritor, aunque sea justo al final de diciembre con una obra cortita suya que tenía desde hacía tiempo cogiendo polvo en mis estanterías. Mejor tarde que nunca, que se suele decir.
En un puerto Inglés se está celebrando una fiesta para despedir a los tripulantes de dos barcos que al día siguiente van a poner rumbo al ártico para una larga y tortuosa expedición. A esta fiesta ha acudido la joven Clara Burnham, la mejor amiga de la esposa de uno de los oficiales que van a partir a tierras heladas. Clara es muy supersticiosa y vive con el temor del regreso a Inglaterra de un pretendiente no deseado y su reacción cuando descubra que ha entregado su corazón a otro joven, Frank Alderseley, que también va a ir al ártico. Unos temores que esa misma noche se confirmarán, y que llevarán al rechazado Richard Wardour a obsesionarse con la venganza hacia la persona que le arrebató el amor que nunca tuvo de Clara. Su corazón destrozado le llevará a la expedición al ártico, donde los destinos de Richard y de Frank se encontrarán finalmente.
Nos encontramos ante la obra cortita, de poco más de 200 páginas (publicada por el sello Navona en una edición en pequeño formato) con una trama perfectamente comprimida y unos pocos personajes. Lo cual es herencia de los orígenes que tuvo esta historia y que se narran la sinopsis del tomo, donde se cuenta que fue escrita en 1856 a modo de obra de teatro por Collins junto a su amigo y mentor Charles Dickens, siendo estrenada de 1857. Posteriormente, en 1874, Collins redactaría en solitario la historia en forma de novela corta debido al éxito que en su momento tuvo la obra de teatro. Me parece una muestra muy interesante de la colaboración artística entre dos de los escritores más afamados de la época victoriana .Personalmente creo que nunca he tenido la oportunidad de leer algunos de sus trabajos a dos manos, y aunque la versión que he manejado venía de la pluma de Collins me ha parecido por este motivo una lectura muy interesante. además, saber eso me ha permitido entender alguna que otra cosa que me ha escamado mientras leía. Y es que la lectura bebe mucho de su estructura teatral anterior. Como se dicho, es una historia que argumentalmente está muy comprimida. No es que solo haya un elenco de personajes bastante acotado, también transcurre en muy pocos espacios que están explicados en el libro por medio de breves capítulos donde se desarrollan esos escenarios de una manera que da la impresión de ser acotaciones teatrales bastante desarrolladas. Además, al principio de varios capítulos y en ciertas escenas, se usa el presente debido a la forma en que esta obra estaba anteriormente redactada, y los diálogos ocupan mucho espacio dentro de esta lectura. Son frescos y dinámicos y hacen que la trama avance, teniendo en todo momento la marca del autor, aunque se note mucho el peso de lo dickesiano en ellos. Todo esto tiene cosas muy positivas de cara a animarte a leer este libro, como que Collins vaya siempre al grano, no tiene espacio para dedicárselo a los detalles o temas superfluos o secundarias. Pero también proporciona a la lectura una sensación de cierto acartonamiento y concreción en ciertos momentos que a veces hace que todo resulte un pelín artificial.
En esta ocasión Wilkie Collins lleva a sus personajes a las frías tierras del ártico, lo que da a la lectura, una fuerte carga de novela de aventuras que recuerda a las historias de descubrimientos y aventuras de julio Verne o a “ La Barración de Arthur Gordon Pym” de Edgar Allan Poe. La ambientación en los polos de “En Mares Helados” hace que esta obra resulte una curiosidad dentro de la producción literaria de nuestro autor, cuyas historias suelen ambientarse en la Inglaterra, rural o urbana, y esto puede dar la idea de que estamos ante una lectura diferente, más enfocada en la aventura. Pero lo cierto es que Collins maneja estas diferencias junto a algunos de sus temas y argumentos más habituales, creando una historia en la que hay bastantes escenas de misterio y tensión, junto a una trama romántica que involucra un triángulo amoroso y que es la que hace girar toda esta historia. Es cierto que, como es característico en las obras de este autor, hay momentos, dialogos y escenas que resultan de un melodramático muy pesado e incluso cursi. Pero una vez más, creo que aquí la brevedad de la lectura le hace un gran favor a esto, ya que estas escenas no resultan especialmente pesadas de leer. La historia romántica, dentro de su sencillez, está muy bien inscrita en los parámetros de la novela amorosa de esa época, y nos habla de temas que pueden percibirse como más actuales como el consentimiento o la necesidad de ser clara a la hora de expresar tus opiniones.
La novedad de todo el conjunto del libro radica en cómo esta trama amoroso se combina con lo que sucede en el ártico, como el autor nos muestra también las duras condiciones por las que la la expedición debe pasar y como el frío y las condiciones extremas de hambre y aislamiento van pasando factura a sus miembros después de que hayan quedado encallados en el hielo durante casi dos años. Y esto da margen a Collins para componer una historia que nos hable sobre el sacrificio personal, los limites de la moral y la cordura, la lealtad y, sobre todo, la eterna lucha de las personas contra nuestros sentimientos y pensamientos más oscuros y egoístas, y lo duro que puede resultar sobreponerse a ellos y aprender a sacar lo mejor de uno mismo. Y el resultado de toda esta mezcla son escenas potentes que nos hablan del bien y el mal interno y de la venganza, pero también del amor y la redención con toda su belleza, y de las victorias grandes y pequeñas sobre una mismo. Una de las cosas que más me gustan de Colín es el cuidado que pone en el desarrollo psicológico de sus personajes, y aquí no se pierde esta faceta suya. Los caracteres tienen personalidades finalmente perfiladas en pocos trazos, que hacen que la historia avance, se mueva y te lleve hacia un desenlace que quizás resulte previsible, pero no por ello menos conmovedor.