Andrea Potestà es un pensador notable. No solo por la precisión con que construye sus ideas, sino también por la forma, el modo en que las comunica. En estos ensayos, que van desde Artaud a Derrida, el "grito" es un eje de lectura para pensar el arte, la literatura, la escritura. El grito es ese gesto liminal entre la voz y la palabra, ese entramado fónico que nos lleva a un lugar anverso al logos (o al discurso). Es también ese decir que nos sitúa en el espacio literario, en la opacidad. Aquello que fisura la comunicación y que, sin embargo, deja un resto que nos toca. Me encanta. Este libro va sobre las resonancias que deja el lenguaje. Una apuesta por pensar lo inarticulable y dar voz a aquello que parece imposible de asimilar a nivel del discurso. Una frase me queda dando vueltas: la literatura es de origen abrahámico, y no (o no tan solo) griego. La literatura es ese silencio que, sin embargo, no abandona el lenguaje. Por el contrario: lo expone, lo enuncia, es profanable. Leer, entonces, es taparse los ojos. Leer es quedar velado por un secreto que jamás podría ser revelado. La literatura es siempre enigma y opacidad. Un lugar donde las palabras abandonan su valor de uso.