Al principio no me gustó tanto y pensaba darle tres, cuatro estrellas, pero después me fue envolviendo más y más, tanto así que cuando no lo leía NO PODÍA pensar en otra cosa. Se trata del caso real, narrado por él mismo, del almirante Byrd quien decide irse a pasar solo en una cabaña el invierno polar... en medio de la Antártica, OMG.
A mí que me gustan las aventuras lo encontré LA MAR DE EMOCIONANTE y, como también me gustan las historias de supervivencia, todavía más. El señor va allá a hacer experimentos científicos, específicamente a medir el clima, en la parte más inexplorada aun de la Antártica, 200 kilómetros más adentro del continente que la base previa y en verdad no tiene los elementos adecuados, o sea los tiene pero los de su época, 1934.
El libro es UNA GOZADA. Hay temas de logística, astronomía, ciencia, pero también hay mucho de vulnerabilidad, heroísmo, humanidad y hasta poesía. Al principio es un poco más fome porque demasiado dato técnico, pero después... es como si en la soledad de la reclusión se abriera la cáscara que separaba a ese hombre de sí mismo. Es sencillamente una cosa gloriosa de ver/leer.
Luego el nivel de adrenalina... uf. Aunque uno sabe el final - se sabe desde el principio, que tiene muchos problemas técnicos, se intoxica con los gases de la estufa y al final no se muere solo porque van a rescatarlo - el suspenso que se siente, sobre todo en la última parte, es de una intensidad que ya se la quisiera Hollywood. Literalmente hubo fragmentos que leí con la boca abierta.
Solo no me gustó tanto el epílogo, donde se describe la biografía del señor Byrd, porque lo pintan como a un figurín a quien solo le importa la fama y, además de que eso no digamos que cae muy bien, no fue en absoluto como se le vio en su propia narración. El libro está hecho de una mezcla entre extractos de su diario de vida personal y de lo que escribió más adelante retrospectivamente, y en ninguna parte se nota así de egocéntrico y odioso, sino que al contrario, como alguien más preocupado del bienestar de su equipo y de mantener el proyecto vigente que de su propia supervivencia. Sin embargo, aún si fuera cierto que era insoportable y que todo lo hizo por la fama, mejor que no lo dijeran, porque para qué sembrar odiosidades en los tiernos lectores, que ya lo quieren y ya se abanderaron con él.
Qué más puedo decir, RECOMENDADÍSIMO, aunque para la gente que le gustan este tipo de cosas, ciencia, aventuras extremas, etc, los otros quizá se aburran. Aunque a veces es un tanto repetitivo, al final a mí me conquistó de tal manera que no pude más que darle cinco estrellas. Y además me abrió aún más la curiosidad y aprendí cosas INCREÍBLES, como que la Antártica es el continente más alto del mundo porque, sobre la tierra que tiene, hay un promedio de DOS KILÓMETROS DE NIEVE ENCIMA. Esa nieve lo hace alto y también lo hace bajo, porque pesa tanto que ha empujado a la tierra bajo el nivel del mar y, si un día se descongela (ojalá en mucho tiempo más) va a quedar lleno de lagos y pozas y demases, suponiendo que las cosas sigan como siguen y que no haya chocado con un continente otro y hecho una playa tectónica aún más alta.
Además aprendí que, mientras el polo norte tiene en promedio 0 grados en verano y -40 en invierno... el sur tiene en promedio -20 en verano y -60 en invierno. UNA LOCURA pero pucha cuánto me gustaría también ir a mí, y qué cosa más increíble es la literatura que, en cierto modo, me ha permitido hacerlo. Me dan ganas de llorar de reverencia y agradecimiento.
O sea que me en can tó tó. Espero que haya quedado claro, jajaja.
Destaqué hartas citas, aunque al final dejé de hacerlo porque ya tenía demasiadas y estaba como contando ya el libro entero. Por eso mismo, las elegidas no siempre son necesariamente las mejores... Solo lamento no haber destacado una que me produjo especial ternura, que hablaba de cómo había una inteligencia subyacente en el universo, y de cómo el ser humano es tan natural en él como como los lagos, los pájaros o las estrellas (parafraseando).
Aquí van:
1.
De todas las diferentes ramas de la ciencia empleadas en una expedición polar establecida con rigor, para la gente normal ninguna tiene más valor que la metereología. El granjero cuyo sustento depende de los cultivos, las personas cuyos estómagos se llenan con esos cultivos, los especuladores que apuestan con ellos, el empresario cuyas fábricas dependen del poder adquisitivo del granjero, el marinero del mar y todos los demás, incluso el turista de vacaciones, todos tienen un interés vital en el tiempo. Sin embargo, pocos valoran la medida en que los polos participan en sus planes locales.
2.
7 de abril. Los seis meses de día se están acabando lentamente y la oscuridad desciende con suavidad. Incluso a mediodía el sol está a solo varias veces su tamaño en el horizonte. Está frío y apagado. Y su mayor brillo apenas da luz suficiente para crear una sombra. Una tristeza fúnebre reina en el cielo del ocaso. Es el tiempo entre la vida y la muerte. Así será cómo el último hombre verá al mundo cuando muera.
3. Hombres del siglo XX, jejeje. 😅
17 de abril. Un día crucial. ¡He encontrado el libro de cocina! Esta mañana estaba revisando una bolsa de tela hecha a mano llena de instrumentos de navegación y objetos varios cuando encontré el valioso libro. Mi grito de júbilo sonó tan alto que me avergoncé. Me di cuenta de que era el primer sonido que salía de mis labios en veinte días. Ningún libro arrojado a un náufrago se habría estudiado con mayor avidez.
Pero lamento decir que no resuelve todos los misterios de la cocina. No dice cómo hacer que las barritas de avena dejen de pegarse a la sartén, así que aproveché de mi cita por radio para preguntarle a Charlie Murphy si alguien del campamento sabía la respuesta. Expliqué que engrasar la sartén no servía.
La respuesta de Charlie llegó flotando. - Me has pillado - dijo -, no he cocinado nada en mi vida. Será mejor que cambies la dieta.
4.
Los primeros días de mayo no dieron ninguna pista sobre las calamidades por las que pasaría al final del mes. Al contrario, fueron de los días más maravillosos que había vivido. Las ventiscas desaparecieron, el frío se trasladó al Polo Sur y, opuesta a la luna en el cielo color negro carbón, la luz restante del sol difuso ardía como una hoguera.
Durante los seis primeros días, la temperatura media fue de -47,03 °C. La mayoría del tiempo estaba entre los cuarenta y cincuenta bajo cero. Apenas hubo viento. Y el silencio inundó la barrera. Nunca he experimentado un sosiego tan profundo. A veces, adormecía e hipnotizaba como una cascada o cualquier otro tranquilo sonido familiar. Otras veces se introducía en el subconsciente tan imperiosamente como un ruido repentino. Me hacía pensar en el vacío fatal que se da cuando el motor de un avión se detiene abruptamente durante un vuelo. (...) Después de un gran vendaval salí de un sueño profundo sin entender el porqué, hasta que comprendí que mi subconsciente se había inquietado por la calma abrupta.
Era un asunto extraño. Me sentía como si hubiera sido teletransportado a otro planeta o a otro horizonte geológico del que el hombre no tuviera conocimientos o recuerdos. Y al mismo tiempo pensaba que era algo muy bueno para mí; estaba aprendiendo algo sobre lo que los filósofos habían estado insistiendo tanto tiempo: que un hombre puede vivir intensamente sin necesitar montones de cosas. (...)
Llegué a entender lo que quería decir Thoreau con las palabras "Mi cuerpo es puro sentimiento". Había momentos en los que me sentía más vivo que en cualquier otro momento de mi vida. Liberado de las distracciones materiales, mis sentidos se desarrollaban en nuevas direcciones y los asuntos aleatorios o comunes del cielo, la tierra y el espíritu, que normalmente habría ignorado, si es que hubiera llegado a percibirlos, se volvían emocionantes y sublimes.
5.
5 de mayo. Ha sido un día precioso. Aunque el cielo no tenía casi nubes, una niebla intangible dominaba el aire, sin duda por los copos que caían. A mitad de la tarde desapareció y la barrera tenía al norte una extraña luz rosada, delicada como el color pastel. La línea del horizonte era una larga franja carmesí, más brillante que la sangre, y sobre ella ondeaba un océano amarillo pajizo cuyas costas eran el azul infinito de la noche.
Observé el cielo un buen rato con la conclusión de que tal belleza estaba reservada únicamente para los lugares distantes y peligrosos, y que la naturaleza tenía motivos para exigir sus propios sacrificios especiales a aquellos que estuvieran decididos a presenciarlos.
6.
Me tentaba la curiosidad de preguntar a Little America cómo iba la bolsa. Era un error terrible. De ninguna forma podría cambiar la situación y por lo tanto la preocupación era innecesaria. Antes de marcharme (de casa) había invertido mis fondos, con cuidado, me parecía a mí, con la esperanza de ganar algo de dinero y así reducir la deuda de la expedición. Esta pérdida adicional, en la cima de mis gastos siempre crecientes de la operación, podría ser desastrosa.
Bueno, aquí no necesito dinero. Lo más inteligente es cerrar mi mente a los molestos detalles del mundo.
7. Acá es cuando empieza a sentirse enfermo/solo.
Aquella noche la paz no llegó como debería haberlo hecho. Era como un reloj al que le habían dado cuerda para sonar en una casa vacía. Todo lo que hacía parecía sin acabar y vulgar, sin relación con los deseos indescifrables de mi mente. (...)
Aparté mi ánimo y lo estudié como si se tratase de uno más de los registros. ¿Había ocurrido algo malo durante el día? No, había sido un día agradable. A pesar de que la temperatura estaba por debajo de los menos cincuenta grados, trabajé mucho en el túnel de emergencia; había cenado bien con sopa de pollo, judías, patatas deshidratadas, espinacas y melocotones el almíbar. ¿Tenía motivo para estar preocupado por asuntos del norte del mundo? Al contrario, las noticias provenientes de la última cita de diario habían sido tranquilizadoras; mi familia estaba bien y no había sucedido nada malo en Little America [la base general en La Antártica, de donde venía]. La deuda era un problema pero estaba acostumbrado a ellas y podría pagar esta, igual que había hecho con las anteriores. ¿Mi estado físico? Excepto por el leve dolor en ojos y cabeza, estaba bien. De todas formas el dolor solo aparecía por la noche y se pasaba antes de dormirme.
A lo mejor el humo de la estufa era la causa. Si ese fuera el caso, sería mejor abrir la puerta estando la estufa encendida durante el día y pasar más tiempo fuera. La dieta también podría estar afectando, pero lo dudaba pues había tenido cuidado con las vitaminas.
"La explicación más probable", concluí esa noche en el diario, "es que el problema se halle en mi interior. Claramente, si puedo armonizar las diversas cosas dentro de mí que estén en conflicto y ajustarme mejor a este ambiente, estaré en paz. Puede ser que la monotonía, la oscuridad y la falta de vida sean demasiado para que yo las acepte a la vez.
No puedo aceptar eso como un hecho, puesto que ya he vivido aquí cuarenta y tres días, quedan todavía muchos meses y no serán diferentes del primero... Si quiero sobrevivir, o al menos mantener el equilibrio mental, tengo que controlar y dirigir mis pensamientos. Esto no tendría que ser complicado. Cualquier persona inteligente debiera ser capaz de encontrar medios de existencia dentro de sí misma...
8.
Un hombre puede aislarse a sí mismo de las costumbres y comodidades (deliberadamente, como he hecho yo, o accidentalmente, como un marinero de un barco naufragado) y obligar a su mente a olvidar. Pero el cuerpo no se adapta tan fácilmente, sigue recordando. La costumbre ha instalado en el centro de su ser un sistema de acciones y reacciones fisicoquímicas automáticas que insisten en su repetición.
Ahí es donde surge el conflicto. No creo que una persona pueda vivir sin sonidos, olores, voces y tacto igual que no puede vivir sin fósforo y calcio. Esto es, en general, a lo que me refería con el impreciso término de monotonía.
9.
Eso lo aprendí en la posición 08' sur. Era estimulante estar de pie en la barrera, contemplar el cielo y deleitarse en una belleza que no aspiraba poseer. En presencia de una belleza tal nos elevamos sobre la ignorancia natural. Y también era algo bueno rendirse a la ilusión de una incorporeidad intelectual, sentir cómo la mente viaja a través del espacio con tanta suavidad y felicidad como traspasa los objetos y sus reflejos.
El cuerpo permanecía quieto, pero la mente era libre. Podía recorrer el universo con la movilidad audaz de la máquina del tiempo de Wells. Los sentidos estaban aislados en una oscuridad muda, así que para eso estaba la mente, aunque una estaba inmóvil mientras la otra poseía el vuelo de un halcón (...) No buscaba nada, más bien recorría y se preguntaba acerca de un panorama de aspectos humanos: mi familia a la hora de cenar, el sonido de las voces en la habitación de abajo, la sensación fría de la lluvia.
10.
No obstante [la desazón], puse en práctica mi liturgia de una mente disciplinada. O quizá "discilplina" no sea exactamente la palabra adecuada, pues lo que hacía (o intentaba hacer) era centrar mi pensamiento en imágenes y conceptos sanos y constructivos y así expulsar los dañinos. Levanté un muro entre mi ser y el pasado en un esfuerzo por extraer cada gramo de distracción y creatividad inherente en mi entorno más cercano. Cada día experimentaba nuevos planes para aumentar el contenido de las horas.
"Un ambiente agradecido es un sustituto de la felicidad", según Santayana, pues nos estimula por fuera igual que las buenas obras nos estimulan desde dentro. Mi ambiente era intrínsecamente peligroso y complicado, pero encontré maneras de hacerlo agradable. Intenté cocinar más rápido, realizar las observaciones metereológicas y aurorales con más destreza y hacer las tareas rutinarias sistemáticamente. Mi objetivo era el dominio completo del momento vulnerable.
11.
Así en mayo, como en abril, nunca me faltó realmente nada que hacer. Con todo el silencio, la monotonía y el ritmo lento de la noche mi existencia era de todo menos estática. Era el inspector de las tormentas de nieve y la aurora, la guardia de noche y padre confesor de mí mismo.
12.
De vez en cuando, a lo largo del día, abría la puerta un par de centímetros o tres y cuando la sala se helaba tanto que me dolía la nariz, cerraba otra vez. Para hacer que los extremos de la cabaña resultaran más atractivos llamé a uno Palm Beach y al otro Malibú, pero con la puerta abierta rara vez estaba cómodo en ninguno de los dos sin llevar pantalones de piel.
Esa es la pura verdad. De hecho, en más de una ocasión, el vaso de agua que colocaba al lado del pulsador al comenzar la sesión de radio estaba cubierto de hielo antes de que me diera tiempo a beber.
Ya, tengo como diez citas más así que lo dejo hasta aquí porque no tengo más tiempo para teclear, jajaja. TODAS INCREÍBLES. Mientras más avanzado está el libro, mejor se pone así que ya pueden imaginar de qué se pierden. Todo un hallazgo para mí <3
PD: Al final de la estadía,el frío - y relativos - se pone mucho pero MUCHO peor. Hablo de las cuatro paredes de la cabaña (internas) cubiertas de hielo. Este hombre hoy ganaría todos los realitys de supervivencia.