A Edith Wharton (1862-1937) le encantaba que se dijera que en su América contemporánea había dos «self-made men»: Theodore Roosevelt y ella.
Wharton, mujer refinada, elegante y de gran cultura, decidió dedicarse a las letras desoyendo los consejos de su madre que, como tantos miembros de las clases altas de Nueva York, consideraba que la escritura no resultaba adecuada para las mujeres y que las hacía vulgares.
En estos relatos —que abarcan desde 1891 a 1935 y que son una perfecta introducción a la obra de la autora— asistimos a una elegante e irónica disección de la hipocresía de los ricos,de las renuncias personales frente a las presiones sociales, así como a una crítica a la institución del matrimonio, con una mirada compasiva hacia los sueños frustrados del ser humano. Pero la ironía de estos textos no es nunca cruel, y la complicidad que se establece con el lector invita a mirar con nuevos ojos a sus contemporáneos, que se parecen mucho a los nuestros.
Testigo excepcional de un mundo de aparente lujo y de futilidad (pero que oculta toda una «trastienda» de emociones y aspiraciones secretas), estas siete piezas narrativas de Wharton —varias de ellas inéditas en español— recrean la atmósfera de sus grandes novelas, La edad de la inocencia o La casa de la alegría.
Edith Wharton emerged as one of America’s most insightful novelists, deftly exposing the tensions between societal expectation and personal desire through her vivid portrayals of upper-class life. Drawing from her deep familiarity with New York’s privileged “aristocracy,” she offered readers a keenly observed and piercingly honest vision of Gilded Age society.
Her work reached a milestone when she became the first woman to receive the Pulitzer Prize for Fiction, awarded for The Age of Innocence. This novel highlights the constraining rituals of 1870s New York society and remains a defining portrait of elegance laced with regret.
Wharton’s literary achievements span a wide canvas. The House of Mirth presents a tragic, vividly drawn character study of Lily Bart, navigating social expectations and the perils of genteel poverty in 1890s New York. In Ethan Frome, she explores rural hardship and emotional repression, contrasting sharply with her urban social dramas.
Her novella collection Old New York revisits the moral terrain of upper-class society, spanning decades and combining character studies with social commentary. Through these stories, she inevitably points back to themes and settings familiar from The Age of Innocence. Continuing her exploration of class and desire, The Glimpses of the Moon addresses marriage and social mobility in early 20th-century America. And in Summer, Wharton challenges societal norms with its rural setting and themes of sexual awakening and social inequality.
Beyond fiction, Wharton contributed compelling nonfiction and travel writing. The Decoration of Houses reflects her eye for design and architecture; Fighting France: From Dunkerque to Belfort presents a compelling account of her wartime observations. As editor of The Book of the Homeless, she curated a moving, international collaboration in support of war refugees.
Wharton’s influence extended beyond writing. She designed her own country estate, The Mount, a testament to her architectural sensibility and aesthetic vision. The Mount now stands as an educational museum celebrating her legacy.
Throughout her career, Wharton maintained friendships and artistic exchanges with luminaries such as Henry James, Sinclair Lewis, Jean Cocteau, André Gide, and Theodore Roosevelt—reflecting her status as a respected and connected cultural figure. Her literary legacy also includes multiple Nobel Prize nominations, underscoring her international recognition. She was nominated for the Nobel Prize in Literature more than once.
In sum, Edith Wharton remains celebrated for her unflinching, elegant prose, her psychological acuity, and her capacity to illuminate the unspoken constraints of society—from the glittering ballrooms of New York to quieter, more remote settings. Her wide-ranging work—novels, novellas, short stories, poetry, travel writing, essays—offers cultural insight, enduring emotional depth, and a piercing critique of the customs she both inhabited and dissected.
Este libro contiene siete relatos de la escritora norteamericana Edith Wharton, escritos entre 1881 y 1935. En general son realistas, con la única excepción de “La plenitud de la vida”, con el que incursiona en la ficción sobrenatural. En lo que hace a su extensión, son todos cuentos, aunque los más voluminosos se acercan ligeramente a los límites de la novela corta o nouvelle.
Ya conocía a Wharton por haber leído La edad de la inocencia, posiblemente su novela más exitosa, pero esta colección de cuentos me gustó incluso más. Al igual que dicha novela, estas historias breves retratan de una manera impecable las formas de pensar y sentir de la sociedad acomodada de su país, a la que pertenecía la propia Wharton. Sus caprichos, prejuicios y aspiraciones son desnudados de manera impecable por la autora. Pero en este libro, justamente por tratarse de varios relatos cortos, logra mostrar una variedad de personajes mucho mayor. Si bien la mayoría son femeninos (una cosa que siempre se ha destacado de Wharton es su cuestionamiento del rol de la mujer en la sociedad), también hay algunos personajes masculinos destacados.
Hablemos un poco de cada cuento y los personajes que podemos encontrar allí:
- “Las vistas de la señora Manstey” (1881). Una anciana viuda solo logra sobrellevar su soledad gracias a las vistas que tiene desde su habitación de pensión, desde la cual aprecia las casas y jardines de sus vecinos y logra mantenerse al tanto de lo que ocurre a su alrededor. Podría decirse que vive a través de los otros. Pero este mundo que ha construido se viene abajo cuando su vecina adinerada decide realizar una ampliación de su propiedad, que amenaza con taparle la visión.
- “La plenitud de la vida” (1893). Una mujer, harta de la incomprensión de su marido, tras fallecer tendrá la oportunidad de encontrar su “alma gemela” en el más allá. Por su estilo y temática sobrenatural, me recordó bastante algunos relatos de Charles Dickens, aunque hay que decir que tiene el “toque” de Wharton, al ahondar en la psicología femenina y los misterios de la vida conyugal.
- “El dedo del destino” (1901). Aunque es un relato realista, tiene aspectos casi mágicos. Me recordó un poco a El retrato de Dorian Gray, ya que toda la historia gira en torno a una pintura. No diré más. Lo protagonizan dos amigos, enamorados de una misma mujer.
- “El pretexto” (1908). Este cuento nos introduce en la vida (y la mente) de Margaret Ransom, una mujer casada que, entrando en la edad madura, se ilusiona con haber enamorado a un hombre mucho más joven. Si tengo que elegir un favorito, creo que sería este. Me encantó el tolo melancólico de algunos pasajes, alternados con otros de un humor irónico muy particular.
- “El diagnóstico” (1930). Veintidós años separan la publicación de este cuento del inmediatamente anterior, la distancia más larga entre relatos de esta colección. Eso nos permite evidenciar cambios más marcados en el estilo de la autora. El humor mordaz, que ya vislumbráramos en obras como “La plenitud de la vida” o “El pretexto”, toma una importancia mayor en este relato y los que le siguen. En esta ocasión nos encontramos con un solterón empedernido, que al sentir el acecho de la muerte cambia su actitud y decide casarse con su amante. No lo hace por amor, sino por puro egoísmo, para no atravesar solo su agonía. Pero, ¿realmente es él el manipulador, o hay en esta historia más de lo que conoce? Una historia que nos enseña a no subestimar a nadie.
- “Encanto y compañía” (1934). El cuento que da nombre al libro rebalsa humor. Un hombre de buena posición pasa la mayor parte de su vida eludiendo el matrimonio, hasta que conoce a una bella refugiada rusa, de la que se enamora. Cuando entra en escena la familia de su esposa, la felicidad empezará a tambalear. Una historia que me pareció muy actual. Si en lugar de rusos, los refugiados fueran africanos o sirios, casi podríamos imaginarnos que los hechos suceden hoy.
- “La permanente” (1935). Una mujer casada que planea fugarse con su amante, un hombre más joven que le promete una vida de aventuras. Es el que me menos me gustó. No está mal en general, pero al final todo se resuelve con una casualidad gigante, muy poco verosímil y además absurda. Casi me hace cambiar la valoración del libro en general, pero los demás relatos son tan perfectos, tan redondos, que creo que las cinco estrellas están más que justificadas.
En resumen: Un libro que me encantó. La forma magistral en que la autora logra en pocas páginas desarrollar historias complejas, con personajes muy bien desarrollados, es llamativa. Espero leer más cosas de Edith Wharton, empezando por su primer gran éxito, la novela La casa de la alegría.
He escuchado, constantemente, que muchas chicas leen a Jane Austen por dos razones: Una, porque sus noivelas son lo más romántico en el planeta, dos porque es feminista. Bueno, si la leen por esta ultima razón (que no entraré a discutir aquí) TIENEN que leer A Edith Warthon.
Esta autora se caracteriza por la critica abierta al papel sumiso de la mujer en la sociedad, al castigo que ésta infringe a las que osan desafiar la costumbre e imponerse como seres independiente y con derecho a elegir, así como al conformismo y sumisión voluntaria, de alguna de ellas, a sus pares masculinos. Si no la conocen les recomiendo leer una de mis novelas favoritas La edad de la inocencia, magistralmente llevada la cine por Martin Scorsese en 1993 o La casa de la alegría, cuya película me gustó bastante (y descorazonó, muchísimo) sobre todo por su soberbia ambientación y que es protagonizada por una excelente Gillian Anderson el 2000 (si, Scully de ls X-Files *insertar grititos de fangirl*).
En este volumen se reúnen 7 cuentos dispuestos en orden cronológico, mediante los cuales podemos ver la evolución de la autora tanto en estilo como en temáticas.Dentro de éstas últimas destacan la muerte, la soledad, la incomprensión, el amor, la felicidad, el conformismo y la frustración.
Estos relatos son una delicia (sobre todo Encanto y compañía que le da el titulo a la recopilación y el amargo "El pretexto")), y muy MUY bien escritos, dramáticos, llenos de un refinado y agradable sarcasmo(sé que suena raro, pero ella logra un sarcasmo agradable y gracioso...casi adorable en algunos cuentos, aunque inmensamente desgarrador en otros)un cromatismo variado en los personajes y tramas interesantes, a veces simples y casi anecdóticas que se le dan muy bien y que reflejan plenamente su pensamiento anticonservador y progresista.
¡Me ha encantado¡ Totalmente recomendable
Debo resaltar la hermosa Edición de tapa dura con sobrecubierta de la Editorial Funambulista.
Me encanta la manera de escribir escribir de Edith Wharton, tiene una narrativa maravillosa, y enseguida te ves inmersa en las historias que cuenta, ya sean novelas o libros de relatos como es este caso.
Me gusta la crítitica que hace del papel de la mujer en la sociedad americana del siglo XIX, todo con una sútil ironía, y como vapulea a sus personajes masculinos con su afilada pluma.
Está colección de siete relatos me ha gustado mucho más que "La edad de la inocencia". Las 7 historias exploran los roles de la mujer en norteamérica del siglo XIX, con una crítica social sutil y elegante, abarcando temas como la muerte, la soledad y el abandono.
Hasta la fecha, de Edith Wharton, había leído dos novelas: ‘La edad de la inocencia’ (que adoré) y ‘Ethan Frome’ (que era tan insípido que no me supo a nada). Con esta colección de cuentos suyos que ahora he leído (titulada ‘Encanto y compañía’) pasa algo parecido: hay algunos cuentos que me parecen perfectos y otros que me dejan bastante fría. Le doy muchas vueltas y la única conclusión a la que llego es que si hay unos que me llegan más que los otros es porque algunos tienen una voz narrativa particular que me parece tan real como si me estuvieran contando la historia al oído. Lo cual es lo mismo que no decir nada.
Ciertamente no es por el tema, cosa que parecería la respuesta más obvia. El primer cuento de esta recopilación se titula ‘Las vistas de la señora Manstey’ y va sobre una señora mayor, que se ha quedado sola y que en la vida ya sólo le queda el placer de mirar por la ventana, hasta que deciden construir un edificio que va a privarle incluso de estas vistas. Por razones que no vienen al caso, este cuento es con el que debería tener más afinidad a nivel emocional, el que debería llegarme más. Sin embargo, me dejó fría, me pareció que tenía un buen planteamiento pero llevado de forma nada original, incluso algo tópica.
Luego está el cuento que da el título a esta recopilación y va de un hombre rico que se enamora y se casa con una chica rusa, pero con esta chica le endosan una serie de hermanos y parientes, bellos y encantadores pero algo inútiles, y al hombre rico le queda el trabajo de irlos colocando. Esta historia no tiene nada que ver conmigo y, aún así, me pareció maravillosa, por el tono desenfadado que tiene, la frescura que rebosa y su sentido del humor irónico y distanciado. Mientras el primero que mencioné me parecieron sólo palabras escritas sobre papel (por más que pudieran estar bien escritas), éste me pareció vivo. Así de simple o así de complicado.
Hay otro cuento que también tiene un sentido del humor delicioso, punzante y satírico; se llama ‘La permanente’ y va de una mujer que se va a hacer la permanente antes de fugarse con su amante. Y luego hay dos, que sin dejar de tener una ironía distanciadora maravillosa, son más amargos y duros. Se trata de ‘El pretexto’, sobre un amor nunca dicho en voz alta, y ‘El diagnóstico’, sobre el miedo a la muerte. Son dos temas, en principio, ya muy trillados, pero Wharton les sabe dar una nueva vuelta de tuerca, un enfoque que parece original, una delicadeza y una sinceridad que te los hacen terriblemente próximos.
Une affaire de charme, 1934 Edith Wharton @jailu_editions Traduit pero Jean Pavans
Un recopilatorio que reúne siete nouvelles de la autora estadounidense donde retrata de forma magistral los entresijos de la alta sociedad del Nueva York de principios del siglo XX, que tan bien conoció de primera mano
De nuevo, Wharton consigue trazar un retrato muy vívido de su época, enfocando su mordaz mirada en las contradicciones de la condición femenina.