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Nuestro padre San Daniel / El obispo leproso

Nuestro padre San Daniel (1921) y El obispo leproso (1926) constituyen las dos partes de una novela en la que se nos muestra la vida y la muerte de una ciudad levítica, Oleza, a finales del siglo xix, y las pasiones, las crueldades, los amores, los odios, los sacrificios y los heroísmos de sus habitantes. La magistral prosa de Miró intensifica esta honda meditación, realizada con lucidez y amor, sobre la condición humana, el poder transformador del tiempo y la búsqueda de ña felicidad, dando cuerpo a un mundo complejo y denso, percibido y gozado con demoradad sensualidad mediante los cinco sentidos. El propósito mironiano de decir las cosas por insinuación afecta a todos los estratos de la novela, y sitúa al escritor alicantino entre los más radicales renovadores de un género que, en aquellos años, estaba sufriendo profundos cambios. Miguel Ángel Lozano Marco, profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Alicante, desvela en su edición cómo esta novela original y deslumbrante, profunda y emotiva, viene a ser la culminación de la novelística de Gabriel Miró y una de las obras maestras de la novelística española.

472 pages, Paperback

First published October 28, 1991

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About the author

Gabriel Miró

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Gabriel Francisco Víctor Miró Ferrer fue un escritor español, encuadrado habitualmente en la llamada generación del 14 o el novecentismo.

Ricardo Gullón ha calificado los relatos de Miró como novelas líricas. Son, por tanto, obras más atentas a la expresión de sentimientos y sensaciones que a contar sucesos, en las que predominan:

- La técnica del fragmentarismo,
- La utilización de la elipsis.
- La estructuración del relato en escenas dispersas, unidas a través de la reflexión y la rememoración.

La temporalidad constituye el tema esencial de la obra del autor alicantino, quien incorpora el pasado a un presente continuado, por medio de las sensaciones, la evocación y el recuerdo. Como, antes que él, hiciera Azorín. También lo sensorial es en la literatura mironiana una forma de creación y conocimiento, de ahí:

- La riqueza plástica de su obra,
- El uso de las sinestesias y de imágenes sensoriales,
- La adjetivación sorprendente,
- El léxico riquísimo.

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53 reviews
July 27, 2026
Terminado Nuestro Padre San Daniel. No cabe duda de que el manejo del lenguaje en Gabriel Miró es sencillamente extraordinario: una prosa bellísima y un vocabulario de una riqueza deslumbrante.
Desde luego, no es un libro para cualquiera ni una lectura ágil «para pasar el rato». Exige atención, concentración, sosiego y, muy a menudo, un diccionario a mano. Pero cuando se aborda con esa disposición, el resultado es magnífico.
Lo que más brilla es su capacidad descriptiva: Miró logra transmitir el paisaje, las sensaciones y la luz con una precisión casi pictórica. Aunque la trama dramática o la acción pura son mínimas, en realidad eso acaba siendo lo de menos. Lo verdaderamente fascinante es cómo están construidos el ambiente asfixiante de Oleza, los paisajes levantinos y, sobre todo, la galería de personajes.
Destaca de manera muy especial la recreación del estamento eclesiástico. Tenía a Miró por un autor de corte marcadamente anticlerical y, aunque el trasfondo ideológico es evidente (el choque entre el carlismo inmovilista y las ideas de progreso), se nota una labor de documentación concienzuda y rigurosa —se percibe aquí el poso de sus trabajos para aquella enciclopedia que no llegó a ver la luz—.
Aunque fue concebida junto a El obispo leproso como un todo, se lee con perfecta autonomía. Una pequeña joya de nuestra narrativa. Ahora me debate la duda de si lanzarme de cabeza a la segunda parte o hacer una pequeña pausa para no empacharme de tanta densidad.

—

Si Nuestro Padre San Daniel ya me pareció una magnífica muestra de orfebrería verbal, El obispo leproso directamente me ha parecido una obra maestra incontestable. Menuda maravilla de díptico.
Mientras que la primera parte funciona como una fascinante radiografía de la ciudad y sus facciones (con una reconstrucción soberbia del estamento eclesiástico y la pugna entre el inmovilismo carlista y el progreso), la segunda gana en fuerza dramática, desarrollo de personajes y, para mi sorpresa, en una fina e inteligentísima vena de humor que remata el conjunto. Es, literalmente, una obra de arte cincelada con palabras.
Se entiende por qué se publicaron por separado, pero leídas en conjunto cobran su dimensión real. Honestamente, cuesta comprender cómo este par de novelas no ocupan un lugar mucho más visible y celebrado en el canon popular. Una lectura exigente, sí, pero con una recompensa literaria descomunal.
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