“-Hombre, jefe, adelántame algo. ¿Por dónde has estado?
-En Lekeitio, un pueblo de la costa vasca.
-¿Hacia dónde?
- Cerca de Guernica.
-Ya, el pueblo que sólo tiene un árbol...
-No jodas, lo del árbol es un símbolo, no quiere decir que...
-Entonces, ¿de verdad hay árboles en Guernica?
Me colgó con una carcajada antes de que pudiera acordarme de sus muertos.
De nuevo estaba en casa.”
Así termina la novela, con un chiste que le sirve también de título; con otro chiste de vascos también la había empezado.
Hablando con un vecino, por casualidad salió el tema de Lekeitio. Su hermano mayor había pasado unos años de maestro en un colegio del pueblo, años ochenta, y yo también había pasado temporadas allí por esa época.
Resulta que su hermano había escrito varios libros. Estuvimos buscándolos en la web, yo no conocía al autor. Al final me pasó esta novela, ya amarillenta, en una edición de 2001 pero publicada en 1986. Sentía curiosidad porque varios libros del autor estaban en Goodreads sin apenas valoraciones y me sorprendió que esta novela se hubiera publicado en francés, danés y ¡turco! Donde, por cierto, parece que ha tenido más lectores. En turco "Guernica'da Agaç Var mi".
Me ha sorprendido y gustado la historia de Silverio García Acebal, detective privado en Gijón, que tiene que dejar su despacho, precintado por la guardia civil, y marcharse a Lekeitio con una beca del Eusko Jaularitza para escribir un estudio sobre los balleneros.
Lo que va a ser una vida apartada del ruido en un pueblo con tradición de balleneros (me he enterado de muchas cosas que desconocía sobre Lekeitio a pesar de haber tenido una pareja lekeitiarra), la vida de estudio se ve comprometida por acontecimientos que tienen que ver con terrorismo de ETA, drogas, desconfianza hacia la policía,... Y el relato, que había empezado como un estudio sobre la idiosincrasia local, se convierte en un polar que atrapa.
El autor nos presenta a Silverio, el narrador, un personaje descreído que se hace entrañable, a veces un poco profesoral, equidistante en el enfrentamiento vasco (estamos en los años de plomo), nada afecto a policías y militares. Al final los hechos le obligarán a tomar partido.
La historia atrae no solo por la trama, también por el relato del personaje que se expresa con un lenguaje muy cercano al de la calle, sentido del humor, ironía y, a la vez, con un buen bagaje cultural y conocimiento de esos pueblos en los difíciles ochenta.
El protagonista, Silverio García Acebal, vuelve a aparecer en otra entrega de esta serie negra política, La patria goza de calma, sobre el intento de golpe de estado del 23-F.
Me lo apunto.