Brutal, implacable e impecable.
Antes de leer este libro, hubiera dicho que no sabría por qué un nombre como el de Louis-Vincent Thomas no es sonado en el mundo de la literatura, o incluso de la antropología, pero es precisamente su rama la que da la respuesta "la sociedad le huye a la muerte precisamente porque le teme"; por lo tanto, nadie quiere leer a un hombre viejo que se especialice en antropotanatología.
Jamás me había dado cuenta de que hasta cierto punto hay que leer teoría psicoanalítica para comprender a fondo los problemas antropológicos, así que fue una buena señal haber leído a Ernest Becker previamente. En su monumental obra "La negación de la muerte" se expone el enfoque psicoanalítico del por qué se le teme a ella, pero en la Antropología de la muerte de Thomas, se tiene un sabor de boca distinto; el libro no es más que la compilación del conocimiento que se tiene de ella separando y comparando dos sociedades: 1) la sociedad negro-africana, y la 2) sociedad occidental donde vivimos. El libro tiene una cantidad brutal de referencias literarias en donde la muerte es el tema primordial, en donde podemos escuchar los nombres de escritores como Barbusse, Malraux, De Beauvoir, Mann, entre otros.
Hay que recordar que este libro fue escrito en 1968, por lo que el autor hace mucha referencia a la criogenización, lo que sabemos que actualmente nadie envía su cuerpo a "Criogenizar", como una manera de vivir perennemente; también hizo mención al "éter", lo cual sabemos, quienes leemos astrofísica, que no existe tal cosa, solo el espacio-tiempo.
El libro es sumamente extenso, y no me puedo permitir elaborar una reseña para cada tema que se toca, simplemente debe de ser una experiencia única y personal (como la muerte en el occidente), la cual debe de llevarse a cabo de manera clara y en calma. Simplemente no sabía que existía una gran variedad de muertes, como la social, la muerte simbólica, la individual, y sus categorías: buena, mala muerte, la muerte apacible, la violenta... y todo el aparato tanatocrático (juego de palabras entre burocrático y muerte) que va de la mano con ella. Pensé en todo esto cuando mi padre murió, y recuerdo que me ofrecían combos mortuorios: café más empanadas, con opción a rosquitas, salas de velación diversas, servicios exequiales, e incluso una despedida al más allá (o al más acá, dependiendo de las creencias). El autor por todas sus palabras para cuando hace referencias, destila odio contra el sistema (no exactamente de derecha) pero desprestigia al momento en el que todo tiene un valor, o cuando se dice que el tiempo es "dinero"; desde allí pasamos a ser una sociedad que se hizo individualista, en donde negamos a los adultos, y en donde absolutamente todo tiene un valor monetario; la muerte se transformó en miedo de perder riqueza y se pierde el sentido de ataraxia estoica, de aceptación.
Te hace pensar mucho también en la muerte de los animales, el por qué nuestros compañeros caninos o felinos significan mucho para nosotros. Hace un mes atrás, un maldito ser humano envenenó a mis gatos, y verdaderamente me arrancó una gran parte de mis días alegres; pensé en ellos también y como la muerte unifica hasta a las especies, lo que en física es una singularidad, lo es también para la vida.
Todos quienes hemos perdido un padre, una madre, una abuelita, una tía abuela incluso, debemos tener en claro lo siguiente: toda persona que vive, convive o imparte con nosotros un momento de su vida, y de su tiempo, nos impregna algo de su ser que se diluye por medio de las palabras, de la imagen (y de los recuerdos), por tanto, en referencia a los mitos negro-africanos, una persona muere verdaderamente (muerte de la muerte), cuando ocurren una de las tres condiciones: 1) no queda nada de las osamentas, ni huesos ni polvo; 2) toda la familia del muerto desaparece; o 3) cuando todos dejan de pensar en el muerto. Por lo tanto, debemos siempre recordar a esa persona que ya partió, porque es la única manera de otorgarle un estado de "vida".
Sumamente denso, explica todas las difererencias existentes entre el hombre técnico de hoy, con el hombre del pasado. Muchas de las cosas que hacemos nacen del terror de la muerte, precisamente porque somos animales con ropa, un "mono desnudo" (en palabras de Desmond Morris) que teme morir, teme descomponerse, teme ser enterrado o cremado o cesar de vivir. No me quedan palabras suficientes para poder continuar con la reseña de esta obra maestra de quién en vida fue (y en muerte es) Louis-Vincent Thomas .
Magistral.