Entre las devociones de Gironella pronto irrumpio un cortejo fantasmal de reinas e infantas velazquenas. La tez clorotica, lacio pelo rubio, ojos garzos, manos de ambar. He aqui las adornadas munecas de cera, en las que hasta la carne parece atavio. No se las puede mirar normal, de hito en hito, con descaro, y no por cuestiones protocolarias de alcurnia o rango, sino porque son fantasmas.