Xochipilli encierra la dualidad presente en la cosmogonía indí ostenta la oscuridad de la noche y la luz del día, a la vez que en su piel viste la tierra misma. Hoy apenas se alcanza a apreciar algo del color rojo que lo cubría originalmente y que confirma su relación con el astro Sol; en cambio, los relieves que ocultan la desnudez de sus costados, piernas y brazos son evocaciones del reino vegetal que reiteran las cualidades de este dios como generador de fertilidad y creador de las flores.