Hubo un tiempo en el que Ferreiro era uno de mis arquitectos de frases, incluso de párrafos favoritos. Durante gran parte de su carrera, primero con Piratas y después, ya durante las 2 últimas décadas, como exitoso (dentro de la escena independiente nacional) artista en solitario. Palabras que se grababan a fuego en la memoria de una (reducida) generación y que te convencían que, por supuesto, hablaban ineludiblemente de ti mismo, describiendo tu universo. Fonemas que te han marcado y forjado, en parte, como el ser humano que eres ahora.
Ese 'besbello' trovador galaico aun perdura y, aunque ya no resulte tan icónico en la madurez como lo fue en la juventud (de uno y de él, y viceversa), sigue regalando pequeñas dosis de fragmentos líricos imborrables. Puede que cuantitativamente inferior o, al menos, de manera más intermitente, pero sigue ofreciendo pequeñas obras de arte, en forma de canción, salpicadas en el tiempo.
No se lo que me esperaba de este libro. En serio. No se intuía una novela romántica como la de Zahara, por supuesto, ni un ensayo biográfico desgarrador como el de Rhodes o el de Mark Oliver Everett de Eels. Quizás creía que pariría algo como esa especie de hermoso diario desordenado de Stuart Murdoch de Belle & Sebastian. Una ventana al mundo interior de freak de la cultura pop de los últimos 30 años; una visión que muchos, aunque mucho más modestamente, compartimos con el de Nigrán.
Pues nada más lejos de la realidad. Ferreiro trata de sacar su parte más gamberra y, con la ayuda de su prima, se acerca más al universo kafkiano de la literatura de otro grande de la música patria como es Pablo Carbonell. Y no se si es que le ha salido por la culata o que mi estrechez de miras me ha impedido entender absolutamente nada, pero no he llegado a cogerle el paso al relato en ningún momento. No se si la sorpresa, si el surrealismo, si el ambiente onírico, si mis propias limitaciones, pero ha habido algo que me ha impedido entrar en este libro desde el primer momento.
Pero oye, es bastante probable que el problema sea mío; a toda esa gente que ha admirado siempre el bizarro universo de un Eduardo Mendoza aquí el que escribe nunca le ha pillado el tranquillo. O incluso las incursiones literarias de Alex de la Iglesia. Nada. Sopor y aburrimiento me provocan dichas bizarras obras. Y la de Iván&María, pues lo mismo. Lo extraño es que las obras del ex lider de los Toreros Muertos o, por caminar por la misma senda surrealista, Pepe Colubi, un servidor las aplaude con las orejas. Por no hablar de los maravillosos mundos del absurdo creados por el gran Santiago Lorenzo.
En fin, algo habremos hecho mal. Él(los) o yo. Seguramente yo, que soy el don nadie. Pero las aventuras de Metero y el conejo de marras pasan a engrosar un irrelevante lugar, abocado al polvo, en mi estantería (física y obsoleta) de literatura musical.