Un biógrafo es el fan más fiel, un enamorado que obsesionado necesita dejar huella de su amor; Anna Bikont y Jonna Szczesna se enamoraron de un imposible. La poeta se resistía a las entrevistas, es más, se negaba a hablar de sí misma. Wislawa no comprendía a la gente que hacía confidencias de todo, ¿qué recursos internos les quedaban?, repetía con frecuencia que hablar de uno mismo empobrecía interiormente.
Así que, estas biógrafas no correspondidas tuvieron que sacarle el jugo a las escasas entrevistas que existían sobre ella y a lo que podía inferirse de su obra. Complementarían buceando en el pequeño circulo de sus amistades y hasta en las postales que alguna vez remitió.
A punto de publicar una biografía que nacería mutilada, ocurrió lo inesperado, Wislawa las citó en 1997 para darles una opinión general de lo que habían escrito y, lo más sorprendente, para darles más. Resignada les diría: "Es una sensación terrible leer acerca de una misma, pero dado que ustedes han trabajado tanto, de acuerdo, precisemos".
La de Wislawa es una de esas pocas ocasiones en las que la persona resulta tan interesante como su producción literaria, y para serlo no necesitó de grandes acontecimientos ni extravagancias, bastó con ser ella. Es uno de esos raros casos en los que poco se diferencian los poemas y su autora, así que definir su poesía es definirla a ella, y viceversa.
Belleza sin vanidad, todo en ella desprendía elegancia, sus gestos, sus movimientos, sus palabras y sus poemas, en eso coincidían unánimemente quienes la conocieron. La nobel era tan introvertida que viajar resultaba su mayor tortura, lo de ella era la placidez de la rutina. Creía firmemente que las pequeñas cosas eran tan significativas como lo más trascendental, el principio de unidad cósmica regía su vida y obra.
Ceso en mi intento de sintetizar en este breve espacio las casi 700 páginas que componen el libro y cierro con una afirmación de Cortázar, él decía que sus dioses estaban en la tierra y su altar lo conformaban aquellos a quienes admiraba, en este caso, Wilslawa
es Zeus en mi Olimpo, y como buena creyente voy pregonando a grandes voces la verdad que me fue revelada: su poesía