En este libro, en continuidad conceptual con otros trabajos anteriores como Arqueología de la identidad y La fantasía de la individualidad, Hernando se pregunta por las razones de la creciente violencia, misoginia y explotación. La corriente de la historia aporta, a este respecto, dos tesis innovadoras y disruptivas. Por un lado, plantea una suerte de cuando creemos estar luchando contra el patriarcado (ese orden social que da importancia a los rasgos asociados a la individualidad --racionalización, tecnología, especialización profesional, riqueza-- y minusvalora lo relacional --la generación y sostenimiento de vínculos, la pertenencia a la comunidad, a un lugar--) podemos en realidad estar reproduciéndolo. En efecto, al «actuarlo» sin ser conscientes, el patriarcado se reproduce en nuestras relaciones con el espacio y con nuestro cuerpo. Por otro lado, la autora argumenta que, con la expansión de Internet, las plataformas y las app, la construcción de nuestras identidades está cambiando. La transformación de nuestra forma de entendernos como personas, así como de nuestra relación con el mundo, es tan radical que Hernando habla de una nueva etapa del ser humano. La Poshistoria se presenta así como un cambio de la misma magnitud que el que supuso la aparición de la escritura (y que dio paso a la Historia). Esta gigantesca mutación implica una mayor complejidad socioeconómica, una creciente distancia con el mundo que nos rodea y con las demás, y una nueva vuelta de tuerca en la individualización; todo lo cual contribuye, sin quererlo, a reproducir un mundo más patriarcal. Más allá no obstante del análisis, Hernando quiere llamar la atención sobre la dimensión ética de las transformaciones en curso. En este sentido, solo al resaltar y ampliar los vínculos que requerimos para vivir, y cuya importancia el patriarcado se empeña en ocultar, se podrán abrir los caminos para otro futuro. [Resumen del editor].
3.5 buena tesis, buenos argumentos pero muy pesimista. yo queriendo creer en que nos queda algo como sociedad y ella diciendo no mi reina no podes hacer nada y menos como mujer
La obra constituye una aportación valiosa y profunda a los estudios sobre identidad, género y subjetividad. A través del concepto de "identidad relacional", la autora analiza cómo el patriarcado ha construido históricamente la individualidad como ideal masculino y ha delegado en las mujeres, especialmente en su dimensión corporal, emocional y cotidiana la responsabilidad de sostener los vínculos y los afectos Desde esta perspectiva, Hernando realiza una crítica lúcida al modo en que el capitalismo neoliberal ha exacerbado la individualización, y cómo incluso las luchas feministas e identitarias pueden inadvertidamente reforzar esa corriente. La lectura que hace sobre el cuerpo femenino, el espacio doméstico y las prácticas simbólicas del orden patriarcal como el maquillaje, los tacones o la estética corporal permite desenmascarar los mecanismos no racionales de reproducción de la desigualdad (Hernando, 2022, pp. 56-59). En este sentido, su trabajo dialoga con propuestas como la de Ruth Falcó Marti (La arqueología del género, 2003), coincidiendo en la necesidad de visibilizar el papel de las mujeres en el relato histórico y rescatar las prácticas de mantenimiento, cuidado y domesticidad como dimensiones políticas.
No obstante, esta ambiciosa propuesta presenta una serie de limitaciones importantes. Una de las tensiones más marcadas en el libro es la tendencia a atribuir exclusivamente a las mujeres la reproducción simbólica del patriarcado, especialmente a través de su relación con el cuerpo. Hernando insiste en que prácticas como depilarse,maquillarse, llevar tacones o la modificación del cuerpo responden a una lógica patriarcal interiorizada (Hernando, 2022, pp. 57-58), aunque se experimenten como elecciones libres. Como advierte Boza (2023), esta posición puede derivar en un reduccionismo que responsabiliza a las mujeres de su propia subordinación, ignorando las múltiples resignificaciones posibles de esas prácticas. Históricamente, los tacones fueron usados por hombres como simbolo de poder en la corte de Luis XIV, y hoy son resignificados por mujeres y hombres como elementos de estilo, identidad, poder o performance (Boza, 2023, p. 3). En el contexto queer o drag, los tacones se han convertido en simbolos de empoderamiento, desestabilizando las normas de género y reivindicando una identidad corporal que escapa al modelo heteronormativo. Al omitir esta pluralidad de significados y cuerpos, Hernando refuerza una visión cerrada, moralizante, y poco sensible a las formas contemporáneas de agencia.
Una de las limitaciones más importantes que veo a la obra es su falta de atención a los modelos de cuidado y relacionalidad en estructuras familiares no heterosexuales. Aunque la autora menciona identidades LGTBIQ+, lo hace en términos generales, sin analizar cómo estas configuraciones reconfiguran la relacionalidad o los vínculos de dependencia. Esta omisión refuerza una estructura heteronormativa que asocia la contradicción entre individualidad y relacionalidad únicamente a las relaciones hombre/mujer. No se exploran las dinámicas de cuidado en matrimonios del mismo sexo, ni se considera que estas estructuras puedan ofrecer modelos alternativos (menos jerárquicos o más simétricos frente a la lógica binaria tradicional). Desde los estudios queer, diversos autores han demostrado que las familias no heteronormativas no solo problematizan el binarismo de género, sino que también inventan nuevas formas de sostén mutuo, afectividad y organización del trabajo de cuidados (Butler, 2004). Al no incorporar estas experiencias, Hernando pierde la oportunidad de pensar la transformación cultural desde lo relacional más allá del binarismo.
Paradójicamente, al denunciar que las mujeres han sido reducidas a su función relacional por el orden patriarcal, la corriente de la historia termina haciendo lo mismo. La identidad relacional sigue vinculada casi exclusivamente a las mujeres, y no se explora si otros cuerpos o sujetos pueden también sostener vínculos, cuidar o participar en dinámicas comunitarias. Así, el libro corre el riesgo de quedar atrapado en la misma lógica binaria que intenta criticar reproduciendo lo que pretende desarticular.
En definitiva, La corriente de la historia (y la contradicción de lo que somos) ofrece una crítica sólida y original a las formas contemporáneas de subjetividad desde una mirada feminista y relacional. Sin embargo, su lectura puede resultar limitada al mantener una visión binaria y heteronormativa del cuidado y la identidad. Al no profundizar en otras formas de relacionalidad, corremos el riesgo de reproducir aquello que critica . Aun así, la obra nos invita a repensar nuestras prácticas cotidianas y construir o ser conscientes de altenativas mas justas desde aspectos como lo comun y lo vincular.
creo que toca demasiados temas que, aunque están muy relacionados y son aristas de un mismo volumen, a veces el cómo los conecta es algo forzado y da un poco la sensación de que va pegando saltos para llegar de un sitio a otro. pero sinceramente me ha dado bastante igual porque es que es todo tan certero, aporta una visión tan acertada de las cosas y lo hace argumentando todo de forma tan brillante e inteligente que aaaaaaaaa. y al final sí que lo hace muy bien en agrupar todo lo que ha ido abriendo y me ha parecido muy bonito cómo acaba, con directrices y con una visión algo más sanadora y conciliadora, que sale un poco del catastrofismo del resto del libro (que no es su culpa, pobre, si simplemente habla de la realidad y la realidad en sí es una catástrofe).
me parece tan importante todo y estoy tan contento de que me haya llegado esto, qué bien, gracias laia gracias mar sou les millors
Llegiré qualsevol cosa que escrigui aquesta dona perquè els seus raonaments són senzillament fantàstics. També suposo que al coneixer-la ja, m'ha sorprès una mica menys. No deixa de ser fantàstica.
Es un libro devastador. Porque las luchas difieren del propósito. Los ideales difieren mucho de los medios. Un buen reto a las ideas progresistas y las formas de conseguirlo.