Una cosa me queda clara: Jimmy Buffett no es Herman Wouk.
Buffett es otro caballero que ranquea alto en mi lista de candidatos al ‘hombre más interesante del mundo’. Y a diferencia de los demás, casi todos aventureros, él construyó un imperio de negocios basado en su marca personal como cantautor. Esa marca personal, para quien no lo sepa, es la de un individuo que se la vive relax, siempre en la playa pescando, surfeando y bebiendo. Todos sus conciertos los toca vestido con hawaiana y traje de baño, descalzo siempre. Sus fans se hacen llamar ‘cabezas de perico’ y en sus canciones las dedica al fin de semana (‘Come Monday’), a la vida marinera (‘Son of a son of a sailor’) o, bendito Dios, a las hamburguesas (‘Cheeseburger in Paradise’). La más famosa, por supuesto, es Margaritaville, que da nombre a su cadena de restaurantes.
La vida de este músico polifacético sólo podía producir una novela que glorificara este estilo, y aquí la tenemos. La leí porque me el estilo de vida de Buffett está en uno de mis niveles de cozy personal y porque se veía divertida. Y es divertida, pero está muy mal escrita. Mal escrita hasta hacer enojar al lector. Y es demasiado larga.
Al principio me la pasaba bien con Tully Mars, un vaquero que se escapa después de pelearse con la dueña del criadero de caniches en el que trabaja y termina recorriendo lugares de ensueño entre la Riviera Maya y Bahamas. Pero a medida que avanzaba fui pasando de divertido a fastidiado por el paupérrimo nivel de escritura, particularmente con la trama. Largas historias que salen de la principal sin ningún otro motivo que el que contar la vida de algún personaje extravagante o interesante en algún lugar paradisíaco. A Mars la trama le facilita la vida mediante artificios con un nivel mínimo de drama o peligro y todo mundo termina feliz, contento y rico de las formas más convenientes y absurdas posibles. El narrador tiene ciertas formas de expresarse que no pasan la prueba de la modernidad, y por supuesto los personajes son de un tipo cuyas prácticas están siendo muy cuestionadas últimamente.
Por un momento, ya en las postrimerías del libro, cuando la trama principal se resuelve y todavía quedaban más de cien páginas de exposición, mi ánimo comenzó a declinar y a agriarse hasta el punto de que consideré ponerle una sola estrella. Pensé en ese meme de: ‘Y la perra seguía y seguía’.
Buffett profesa adoración a ‘No paren el carnaval’, la famosísima novela de Herman Wouk que narra la vida de un agente teatral que quiere cambiar de giro y administrar un hotel en el caribe. Incluso al nivel de escribir un musical basado en la novela. Pero claramente Buffett no es Wouk, y se le queda muy muy abajo.
¿Qué esperaba yo de un libro escrito por una celebridad? Pues algo mejor, porque sus canciones son más que buenas.