EL LIBRO PROHIBIDO de mi adolescencia, por lo que, evidentemente, lo leí muchas veces de manera clandestina en mi juventud. Impulsada por el morbo, el miedo a ser descubierta, la curiosidad, quien sabe por qué, pero muchas, muchas veces lo leí. Recuerdo haberlo leído de nuevo hace más de 20 años, pero no recuerdo que impresión me dió de nuevo en ésa época, pero leerlo ahora, a mis 41, fue aburrido, absurdo, francamente NADA DE LO QUE YO RECORDABA.
Un sexólogo utiliza suplentes sexuales para poder atender y curar los casos más complicados, los que no tienen ningún origen físico, sino psicológico, pero que necesitan de algo más que simple terapia: necesitan a un experto que les enseñe nuevamente a convertirse en seres sexuales funcionales, no solo para dar placer a otros, sino para vivir plenamente su sexualidad.
Pero en California, a pesar de no estar explícitamente prohibidos los suplentes sexuales, tampoco están permitidos, por lo que un predicador influyente y el fiscal de distrito intentarán demostrar que los llamados suplentes son solo prostitución disfrazada con un nombre fino.
Definitivamente, lo recordaba mucho más interesante, excitante, atrevido. Digamos que no fue una mala lectura como tal, pero tampoco fue buena. Te entretiene, pero tiene tantos detalles que no han envejecido para nada bien, tantas cosas que no funcionan, que te distraen de la trama.
⭐⭐✨2.5