El nacimiento de un nuevo Robin. Marv Wolfman demuestra de nuevo lo buen artesano que es y cómo se guioniza a la manera clásica un cómic de superhéroes. Cierto es que estos tebeos no llegan a la excelencia, pero los personajes importan y la trama interesa. Si, además, el cruce de esta serie con la de los Nuevos Titanes nos trae a dibujantes como Pérez o Grummett, el cómic fluye solo. Un tebeo típico de los 80, de esos que enganchaban a cualquier chaval a los superhéroes, con dibujos bonitos y un guión sin complicaciones.