"Así como después de reingresar en la energía absoluta, el universo vuelve a ser materia, mundos y hombres hacen lo propio en ciclos equivalentes a la duración de sus vidas; y que de tal modo, la reencarnación humana resulta una ley racional y necesaria. Necesaria, sobre todo, si a los actos de su corta vida no han de corresponder, contra toda razón y toda justicia, eternidades de gloria o de tormento. Una sola es la ley de la vida, lo mismo para el insecto que para la estrella".
Esta frase resume mucho la esencia de este libro, creo yo, y de la vida en general. Como primer acercamiento a Lugones, quedo soreprendida por la facilidad y soltura con la cual este hablaba de temas tan complejos para la época. El lenguaje utilizado resulta un extrañamiento por completo y produce un efecto paradojal: vocabulario de nuestro propio idioma (para los hablantes nativos de castellano) resulta a veces incomprensible; pero otras tantas, con un gran esfuerzo de concentración y de seguimiento, se llegan a comprender al 90 % las ideas filosóficas entramadas tanto con lo físico como con lo químico. Algunos relatos me recordaban al inventor que hay en Roberto Arlt (siendo este posterior a Lugones), pero resultando clara la escritura de cada uno, y bien diferenciable.
Si bien todos los relatos mantienen puntos en común, hay un interesante popurrí de cuentos que hacen que este libro se lleve el título de lo peculiar. Se ganó mis tres estrellas por no haberse parecido, en cuanto a la escritura, a otro escritor que haya leído hasta el momento. Disfruté mucho "La lluvia de fuego" e "Yzur"; pero el relato que corona y se lleva todas las miradas es "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones": no para todos los gustos, no para todas las mentes, reclama concentración y ganas de conocer más allá de las palabras imperantes que rondan en el mundo.
Aunque muchos de los relatos no los disfruté (y algunos hasta se me hicieron tediosos), remarco, para finalizar, la capacidad que tenía Lugones de hacer ciencia ficción y que, por algún motivo, sabiendo que es ciencia ficción, no resulte descabellado (para nosotros lectores, pero en especial para mí) creer en la existencia de objetos como los de "La fuerza Omega" o "Viola Acherontia".
Brindis por Argentina (y sus ciudades ardidas de grasa cadavérica), centro culminante que vio nacer a grandes escritores como el susodicho 🥂