El libro está bien escrito y ofrece relatos históricos de gran interés. No obstante, los capítulos finales, dedicados a un período convulso de la historia española, resultan algo prolongados, quizá porque la autora, al ser española, los concibe pensando en un público principalmente de su país. Esa extensión, sin embargo, se justifica en parte por la atención que dedica al problema de la endogamia, un tema crucial en los últimos capítulos, donde se analiza cómo los vínculos cerrados y las alianzas internas condicionaron el rumbo político y social de la época, dando lugar a reyes y príncipes cuya ineptitud —física y, sobre todo, mental— los hacía incapaces de desempeñar con solvencia los cargos que ocuparon.