Con Adolfo Bioy Casares tengo una relación casi mágica, llena de coincidencias, encuentros y desencuentros. Lo conocí por mera casualidad investigando autores que habían nacido el mismo día que yo, 15 de septiembre. Por una razón que podría parecer casi banal empecé a leer primero sus cuentos y luego par de novelas. Lo encontré en una época en la que estaba atravesando por un mal momento psicólogico y por está razón preferí luego dejarlo a un lado y no leerlo más, me recordaba un tiempo muy oscuro de mi existencia.
Pero la vida sigue, las sensaciones se olvidan y el azar me llevó sin buscarlo de nuevo a él, ahora en un momento donde podía apreciar como nunca antes su faceta de micro narrador.
"Mario Lasarte, el primo en cuestión, un profesional joven, con cierta experiencia en el sur de la provincia, particularmente en los partidos de Tapalqué y del Azul, comentó alguna vez que se recibió de ingeniero agrónomo por afición al campo y porque hay que ganarse el pan, pero que su verdadera vocación eran las letras. Me dijo Arregui que Lasarte, para escándalo de sus mayores, escribía versos de amor, descaradamente eróticos, «a los que ni siquiera encubría con metáforas u otros adornos»."
«Una magia modesta» está dividido en dos libros: el Libro Primero contiene dos cuentos de regular extensión, «Ovidio» e «Irse»; mientras que el Libro Segundo recoge más de una treintena de narraciones cortas, algunos de ellas, microrrelatos, reducidas, en algunos casos, al puro enunciado del argumento.
Y así, cuento tras cuento, va creando con los treinta y nueve que reúne "Una magia modesta" una atmósfera de sutil extrañeza. Este libro lo tiene todo, es una bomba de tiempo que si lees con calma te estallará en la cara y disfrutaras bastante de la combustión. Es ciencia ficción mezclada con humor negro, magia, sátira y otras tantas cosas más que no recuerdo porque cada micro relato es tan único que cuesta encasillarlo.