Eutidemo y Dionisodoro son dos sofistas extranjeros que se proclaman como los más sabios y se atreven a decir que lo saben todo, literalmente el gran todo. Sócrates, como de costumbre, es escéptico y decide probar su conocimiento; pronto, se da cuenta de las técnicas que sus adversarios usan y les demuestra como están embaucando la conversación. Una refutación, me imagino que, es a lo que nunca se habían enfrentado los dos hermanos que, hay que reconocer, hasta el momento han sido los rivales más fuertes de Sócrates; pero que, al final, fallaron en demostrar que sabían más allá de un razonamiento puro. Cabe hacer énfasis en que Sócrates no pretende saber lo que no sabe, y al refutar, no lo hace con la intención de impartir su doctrina, porque no tiene una que sea verdadera absolutamente, sino que al hacerlo, pretende hacer que su interlocutor vea que él tampoco sabe.
Otro punto importante es que, los hermanos me parecieron muy poco honorables al no aceptar que se les había descubierto su técnica, sino que siguieron necios empujando por donde mismo, ¡ay, cuantos he conocido que se comportan así, que, se apegan tanto a sus hipótesis, como si de ellas dependiera también su amor propio! Qué después, muy molestos proceden a insultarlo directamente a uno. ¿Pero que no es mejor, una vez detectada la falla, abandonar lo falso, y aunque se estanque uno en la ignorancia, llega a ser mejor que quedarse en el error? Supongo que será una tendencia general de conducta, no digo que yo no, al ser más joven también llegue a comportarme así, ¡ni tampoco estoy tan seguro que una postura de ignorancia total sea lo mejor para un homo sapiens! Solo habría que haber visto a Pirrón el escéptico, que prácticamente vivió dudándolo todo, incluso su propia existencia, ¡hay un riesgo en tanto pensar, al final, uno puede parecer a los ojos de muchos un verdadero demente, mientras que ha llegado a conclusiones racionales! ¡Como Diógenes que terminó viviendo desnudo en la ciudad, sin poseer nada, ladrando como un perro, orinando a las personas y defecando por gusto en lugares públicos! Ya no sé que me deparará el continuar estas lecturas, si me ven mendigando en unos años, al menos se sabrá porque fue.