Cuentos de lo "extraño", como el mismo Aickman definía a sus creaciones, se distinguen del horror convencional, principalmente, por no mostrar de manera abierta o explícita los fenómenos típicos de éste. No acude a la repentina aparición fantasmal, a los muertos regresando de sus tumbas, a los cultos extraterrestres ni a los litros de sangre empapando toda la humanidad del protagonista. Aickman sugiere, muestra poco, va develando con prudencia el misterio que se oculta detrás de su historia.
Esta antología recopilada por editorial Atalanta, nos deleita con algunos de sus más icónicos cuentos. No todos me movieron de la misma manera, como es obvio. Algunas imágenes y sonidos se me quedaron grabados, y aquí escribo los que considero diferentes.
El primer cuento, "Vinoso Ponto" (así curiosamente traducido, -ponto es mar en griego- pues el título original es "The wine dark sea", muy a lo Homero, evocando el mar).
Es un cuento tranquilo, con sabor a Egeo, a mediterráneo. Grigg, un hombre inglés de mediana edad visita una isla griega. Ahí se da cuenta de que más allá, en alta mar, hay otra isla. Su curiosidad despierta cuando en la terraza de un café y disfrutando de una bebida local, observa un barco rodeando la isla. El barco es anacrónico por su apariencia, parece un barco al uso de hace siglos. Le pregunta al camarero sobre el barco y la isla. Éste le contesta de manera hosca, sin intención de brindarle información al respecto. Los locales del bar, cuando miran el barco y la isla, dejan ver en sus rostros cierto resentimiento.
Grigg, tomando "prestada" una lancha, logra ir a la isla. A partir de aquí el cuento se convierte en una experiencia sensitiva, pues, aunque Aickman jamás mencione el nombre de esta antigua tribú, pero cualquier persona con un poco de cultura lo sabrá, nos encontramos con uno de los últimos santuarios de los ancestrales y casi extintos pelasgós. Aickman logra impregnar en su escritura los olores, colores, sonidos, del mediterráneo. En la isla, o mejor dicho, en la roca, descubre que hay una especie de ciudadela pre-helénica. Ahí conoce a tres mujeres: Lek, Vin y Tal. En ellas, en su mundo, descubre un retorno al origen (¿un?). Encuentra una forma de existencia basado en la sencillez, en la ruptura de todo sistema occidental, sea folosófico, ideológico, cultural... Decide dejar su vida atrás y vivir con ellas.
"místico. Ésa es una palabra inventada por aquellos que han perdido la vida, o la han destruido. Una palabra como tragedia. Los estúpidos griegos incluso llaman tragedias a las obras de teatro que escribieron sobre su lucha contra las mujeres". (54)
Todos los griegos están envenenados de masculinidad.
Podemos apreciar facilmente una clara referencia a estos pueblos indígenas que habitaron lo que hoy en día es Grecia. Me recuerda un poco al "Vellocino de oro" de Robert Graves, en donde hace mención a ciertas sociedades matriarcales, los pelasgós, los cuales no son propiamente lo que hoy en día conocemos como griegos modenos, ni siquiera los antiguos.
"-Te refieres a los antiguos griegos? -preguntó Grigg mirándola.
- Me refiero a los griegos. Todos los griegos son iguales. Todos son unos estúpidos, unos desequilibrados. Están todos envenenados de masculinidad.
-Sí -afirmó Grigg sonriendo-. De hecho, ya me había dado cuenta de eso. No es un país para mujeres.
Grigg miró el cuerpo desnudo de Vin, que relucía a la luz de las estrellas.
-Una vez lo fue. Nosotras gobernamos un tiempo, pero nos echaron -dijo Lek con más tristeza que fuerza-. Luchamos, y después ellos escribieron estúpidas obras de teatro sobre el conflicto; pero nos vencieron y no por la fuerza superior que tanto los enorgullece.
-Y entonces ¿cómo fue?
-Hicieron del mundo un lugar en el que nos era imposible vivir. .También era insoportable para ellos, pero eran demasiado estúpidos para saberlo. Nos vencieron del mismo modo en el que vencieron a todos los demás seres vivos".
Es curioso el punto de vista, y la voz, que pone Aickman en las tres mujeres. No sé si él creía realmente en todo esto, o sólo escribió la visión de lo que una mujer pelasga (?) podría pensar. Me inclino por esto último.
En el cuento abundan imágenes que, repletas de belleza, deleitan los sentdos. Y como es típico de Aickman, todo el tiempo se puede sentir el poder de la sugerencia, la sutileza con la que nos dice que hay algo más en la isla. Y realmente hay muchas cosas, como el inquietante momento en que Grigg visita la gruta y escucha...
El final es triste, desconsuela. Es extraño.
La sensación de vacío que deja por... Averígüenlo ustedes.
Y la isla respira, palpita. Provee.
El segundo cuento"Los trenes":
En ciertos rupestres campos al norte de Inglaterra, dos jóvenes, Marguerite y Mimi, ponen a prueba su resistencia, su capacidad física y mental para excursionar a través de colinas, carreteras y demás parajes agrestes. Tras largos recorridos plagados de cansancio y cierta desesperación a falta de orientación, empujadas por una lluvia torrencial y el fuerte viento, llegan a un viejo caserón, el hogar de la vamilia Roper.
Previamente, en un rudimentario café taberna, uno de los huéspedes ya les había hablado sobre una anécdota: la vieja señora Roper y su manía sobre saludar a los maquinistas que pasaban a ciertas horas.
Los trenes, omniscientes a lo largo del cuento, dan la impresión de ser los protagonistas. Cuando Marguerite y Mimi llegan empapadas a la casa de los Roper, el sobrino de la señora Roper y único heredero de la dinastia, un apuesto y caballeroso hombre de mediana edad, de modos a la antigua usanza, no sólo les da asilo y las trata de excelente manera, sino que les explica de manera muy detallada por qué los trenes son parte tan importante de su vida, de su familia y de sus antepasados.
Es un buen relato, misterioso, no tan pintoresco como el primero, pero con un sabor metálico, a locura, que nos revela un ambiguo y muy apropiado final.
La historia del linaje enfermizo, decadente, envuelto de secretos, de algo antinatural, es algo que ya se ha leído (Usher).
"Che gelida manina", creo que es el cuento que olvidaré más facilmente, no es una historia digna de mención. Toca el tema del fantasma que se comunica por teléfono. Lo más relevante es la añoranza del amor imposible, de un tiempo ya perdido.
La habitación interior es posiblemente la joya de la corona de la antología. De esta historia no hice anotaciones en mi cuaderno, así que seré más breve.
Es un cuento realmente original e inquietante. Es el relato de una niña pequeña, Lene, a la cual por ser su cumpleaños, sus padres le regalan una sofisticada, enorme y tétrica casa de muñecas. La niña se siente, en un principio, fascinada por la estructura, la mini arquitectura, los interiores, y el aura que desprende su nuevo "juguete". Las muñecas que viven dentro, cada una tiene unas características bien definidad, con colores de cabello, ropa, y rostros muy delimitados. A medida que Lene explora la casa, descubre que existe una discrepancia con las dimensiones externas e internas de la casa. Por fuera, la casa parece ser de un tamaño normal para una casa de muñecas, pero por dentro, las habitaciones parecen ser más grandes de lo que deberían ser físicamente posibles.
Con el paso del tiempo, Lene comienza a perder interés por la casa, pero ésta, aparentemente, no pierde el interés por Lene. Anomalías de tinte terrorífico comienzan a acecharla, escucha, por las noches, pasos de ¿muñecas? por los pasillos.
Cuando Lene es mayor, se extravía en unos senderos boscosos. A partir de aquí, en su parte final, la historia se vuelve extraña, tensa.
"Nunca vayas a Venecia". Relato que me ha gustado, pero que no me ha impactado al nivel del anterior. El comienzo es muy bueno, prometedor. Las opiniones de Aickman sobre Venecia son agudas y realistas. Me gustó cuando menciona las memorias de Giacomo Casanova en la traducción de Arthur Machen. El final no me agradó del todo y siento que no ha envejecido muy bien, hasta el punto de caer un poco en el cliché.
"En las entrañas del Bosque" es una historia de tintes metafísicos. Creo que es el relato mejor logrado de Aickman en esta antología. El tema del insomnio, de la locura y los sanatorios, aunado al tema de los lugares de tradición, los cuales aún conservan sus atributos sagrados, nos revela la historia que menos revela y que más sugiere, pero que mantiene todo el tiempo un tinte kafkiano, de extrañeza. Aparentemente, de manera superficial, no se gesta demasiado, pero hay algo subterráneo que está sucediendo todo el tiempo. Es un cuento de altura, escrito muy bien.
Esta antología bien merece la pena, pero aún así siento que hay en Aickman algo que no me ha convencido del todo, que hace que no penetre en las esferas de autores de la talla de Arthur Machen o Algernon Blackwood.