José Mármol (Santo Domingo, República Dominicana, 1960) es Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Poeta y ensayista, sus obras han obtenido importantes galardones, entre los que destacan el Premio Nacional de Literatura en 2013, por su trayectoria, y el XII Premio Casa de América de Poesía Americana, Madrid, España 2012, por su libro Lenguaje del mar (Visor Libros, Madrid, 2012), entre otros. En estos tiempos de globalización, transvaloración y licuefacción de todo lo que fue sólido la identidad se torna un problema complejo, irresoluble. Deja de ser algo dado, heredado, esencial o fijo. Nada dura para toda la vida. Todo tiene fecha de caducidad. La aceleración y la digitalización han dado un giro radical a la existencia y a la identidad. Hoy día contamos con equipos de identidad, incluyendo la virtual, que se arman con diligencia y se desmontan en su propia fugacidad. Actividades humanas como el sexo, el erotismo y el amor adquieren una dimensión nueva, en la que lo fundamental es la eliminación del compromiso, vivir el aquí y ahora. Las identidades, porque hay que pluralizar el término, son consecuentemente, mercancías de un mercado globalizado, productos de constitución esquiva, perfectamente usables para propósitos concretos individuales o colectivos, pero definitivamente concebidos para que sean consumidos al instante, probablemente por única vez y luego e inevitablemente desechados. ¿Quién soy yo hoy, si no tengo hogar, si carezco de vínculos solidarios, si soy un refugiado temporal, desplazado por las guerras y sus secuelas, si no tengo educación, alimentación, sanidad, seguridad ni libertad? ¿Quién soy yo, si el Estado y las leyes que me fundamentan, en términos de orden individual y social, son una fantasía, una quimera territorial aplastada por el peso de la globalización y la fragilidad política y desintegración de los Estados-nación? ¿Cuál habrá de ser el sentido de la esperanza? ¿Cuál será mi deber, en términos radicalmente éticos, mi responsabilidad frente a los demás, si no sé quién soy y, a pesar de ello, a cada instante debo elegir una identidad de borradura, de quita y pon? ¿Cuánto durará mi identidad o el conjunto de identidades con que vivo mi incertidumbre y mi precaria futurición?
Journalist, politician, librarian, and writer of the Romantic school. Born in Buenos Aires, he initially studied law, but abandoned his studies in favor of politics. In 1839, no sooner had he begun to make a name for himself than he was arrested for his opposition to Argentina's conservative caudillo, Juan Manuel de Rosas. He was held in irons for six days. A year and a half later, the political climate spurred him, as it had many other Argentine dissenters, to flee the country. He found passage to Montevideo on a French schooner. He was welcomed by other exiles, among them Juan Bautista Alberdi, Florencio Varela, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, and Miguel Cané. Three years later, the siege of Montevideo by Rosas's ally Manuel Oribe led Mármol to flee yet again, this time to Rio de Janeiro. Here he remained until February 1843, at which point he boarded a ship for Chile. The ship encountered fierce storms and was eventually forced to return to Rio de Janeiro. He remained in the city another two years before returning to Montevideo, where he spent the next seven years. The fall of Rosas after his defeat at the Battle of Caseros (1852) allowed Mármol to return to Argentina. After an exile that had lasted thirteen years, he was elected a senator and later a national deputy from the province of Buenos Aires. The secession of Buenos Aires from the Argentine Confederation prevented him from serving as plenipotentiary to Chile, a post to which he had been appointed. However, he later served as plenipotentiary to Brazil. In 1858[1] he became director of the Biblioteca Nacional de la República Argentina, until blindness forced him to retire. He died in Buenos Aires in 1871. By coincidence, his two most notable successors in the office of chief librarian, Paul Groussac and Jorge Luis Borges, also suffered from blindness in their old age