Digamos que llegué a este libro mediado por Damián en un momento en que me cuestionaba el hecho de narrar y una problemática terrible a la hora de afrontar el uso de las palabras. Digamos también que Damián no suele errarle cuando atina a recomendarte una lectura. En este caso fue La Mayor, este relato de Saer, que viene a su vez compilado con otros cuantos más.
A mi gusto, no voy a escatimar: es una obra maestra. La prosa de Saer tiene el toque de los grandes autores. Se desliza llana y musicalmente, con un nivel de detalle y cuidado digno del lector más receloso.
En el caso del específico relato 'La Mayor', que da orígen a este conjunto, nos enfrentamos a un texto que comienza del siguiente modo:
"Otros, ellos, antes, podían. Mojaban, despacio, en la cocina, en el atardecer, en invierno, la galletita, sopando, y subían después la mano, de un solo movimiento, a la boca, mordían y dejaban, durante el movimiento, la pasta azucarada sobre la punta de la lengua".
Es claro el juego entonces con Proust, creo que hay mucho escrito sobre esto, así que voy a hacer elipsis.
El tema es que yo por esos momentos me encontraba narrando una novela, y por primera vez realmente me daba el gusto de avanzar página tras página, firmes horas de narrar. El escollo, por aquel entonces, no eran las imágenes o dificultades al momento de imaginarme o crear ciertas vicisitudes en la trama, sino más bien el hecho mismo de lidiar con estos significantes que a su vez ponían trabas sobre la mismísima necesidad mía de dar forma al relato.
Damián me habló de esta imposibilidad que Saer plantea, de la confianza de Proust en el lenguaje y de cómo Saer deconstruye esa misma confianza hasta llevarla al grado cero.
Pero este relato no solamente es eso (que no es poco, créanme), sino además un experimento narrativo que genera un aparato textual rebosante de música, oigan:
"A mi alrededor, y concéntrica, apretándome, como anillos, la muchedumbre de casas, en uno de cuyos cuartos, en cada una, la misma imagen titila, azulada, tocando vagamente las caras vacías, sin expresión, cambiando, organizada, dada, en la televisión racimos de mundos dados, dentro de uno, más arduo, que no se da."
En esta forma dubitativa, excesivamente plagada de comas, tenemos la clave de este texto tan particular. Pero también, su tiempo verbal, en un firme presente que jamás se detiene, la búsqueda de llevar a papel ese límite inconcebible entre los hechos, la experiencia misma, los recuerdos y por qué no el infinito.
Este trabajo, obviamente pretencioso, desmedido, proviene del problema mismo que produce el hecho de narrar, y en el texto se explicita:
"Interrogar, interrogar todavía: el escritorio, la silla, interrogar las cuatro, ¿o cinco?, manchitas entre negro y gris, en la pared, interrogar el cuerpo caído y encogido, interrogar la boca abierta, la cabeza, interrogar el día y la noche, y otra vez el hoyuelo, y la carpeta verde, y la pared, interrogar los árboles, las hojas de los árboles, interrogar las calles, las caras blancas, vacuas, sin expresión, para ver, una vez más, si algo es capaz de decir, de sí mismo o de algo, algo".
Tenemos entonces una imposibilidad absoluta de certeza, de hecho el texto inclusive se anima a consultar: '¿en qué mundo?', con esto nos llega a plantear entonces varias posibilidades de mundo, o de ninguno. Lo que prima es la duda, en este texto nada se afirma, sino más bien las cosas 'se tratan de decir', se le aplican a las palabras determinadas intenciones, intensidades, se las coloca entre signos de interrogación o se las extralimita a su mera cláusula de condicional.
El siguiente texto se titula 'A medio borrar', y habla sobre la crecida de un río, un hermano gemelo o mellizo, El Gato, que nunca aparece pero es siempre e insistentemente nombrado, y por último, el exilio a París por parte de un narrador que uno puede emparentar sin lugar a dudas con el autor. En este texto también tenemos ese presente continuo en fuga que plantea el anterior y una prosa muy similar, solo que menos, pongámosle, problematizada, o más bien, haciendo pasar los problemas por otro lado.
Acá comienzan los cuestionamientos de Saer a la hora de definir un lugar de origen, son cosas que evidentemente después retoma en sus otros libros, pero aún no estoy capacitado para hablar de eso porque de él solamente leí El Entenado (otro libro increíble).
Me quedo con un par de citas:
"después digo que una ciudad es una abstracción que nos concedemos para darle un nombre propio a una serie de lugares fragmentarios, inconexos, opacos, y la mayor parte del tiempo imaginarios y desiertos de nosotros".
Creo que esto es explícito con respecto a lo que decía.
"De este mundo, yo soy lo menos real".
"Se necesita ese hartazgo, ese abandono, ese olvido, esa muerte, para que empiece, gradual, como un sol, levantándose, trazando una parábola con un cénit y un nadi, con su misma periodicidad, el tiempo de las historias que se mezclan, se confunden, se superponen, se corrigen, perfeccionándose, falseándose, en una madrugada fría y en un galpón iluminado, de paredes blancas, calentado con estufas eléctricas".
"Hay algo más que recupero, por un momento, en el sabor de esa ginebra tomada en el sol tibio que ya empieza a declinar, más que mis años ya perdidos, más que un cierto olvido y una cierta inmovilidad, un cierto reparo, y es, mezclada al olor del agua y al olor de la pobreza, algo invisible y férreo como una raíz, un alimento, una relación preexistente mediante la cual mi divorcio no es la separación de dos partes distintas que coexisten, enemigas, dentro de mí, sino el fin de un matrimonio con algo que por falta de una palabra mejor designo como el mundo".
Me parece que esa última es absolutamente ilustrativa de todas las cosas que vine diciendo, y muestra también como este texto y el anterior se mezclan para dar lugar, de algún modo, a uno solo, a pesar de narrar diferentes cosas.
Después tenemos una larga serie de textos titulada 'Argumentos'.
Relatos cortos, de distintas calidades pero siempre de muy buena factura, donde leemos diferentes planteos, de muchos tipos, que se entrelazan no solo con motivos narrativos -personajes, detalles-, sino además con cuestiones filosóficas que nos obligan a relacionarlos. Son muy cortos en su mayoría, de hábil remate, y se dejan leer rápido a pesar de que implican el preciado ejercicio de la reflexión.
Bueno, no sé cómo dar fin a esta review pero me siento un poco como los pibitos en Nivel X, chau, espero que les haya gustado.