La verdad es que es lo primero que leo de la autora y fue todo un descubrimiento. Su prosa es amena, se disfruta una barbaridad. Los temas que toca son duros, pero los va regulando con diálogos naturales, algunos comentarios graciosos y personajes simpáticos.
La información está muy bien dosificada. Poco a poco vas descubriendo más y mejor qué es lo que está ocurriendo.
Desde mi punto de vista, el conflicto de la historia es sencillo. Pero sirve como disparador para representar el impacto que ese hecho puede tener en un pueblo, desplegar la complejidad de un contexto opresivo y abusivo, y mostrar las diversas interpretaciones sobre un mismo acontecimiento.
Me fascinó cómo se muestra la dinámica de la vida de pueblo y sus diversos integrantes. Acá no tenemos un único personaje que destaque, sino varios, cada uno atravesado por el problema de distinta manera. Eugenia Almeida evita el único protagonista y, por el contrario, apuesta por que el pueblo sea el protagonista principal, lo cual es genial.
En síntesis, me encantó esta novela corta. Es simple y compleja a la vez, cruda y ligera. Le resté una estrella porque en determinado momento el narrador en tercera persona se centra en el pasado de Ponce, el abogado del lugar, lo cual me pareció totalmente innecesario y aleatorio. Sentí que esos capítulos quedaban sueltos, sin sentido concreto para lo que era la trama principal... Una pena.