En un intento por descubrir una estructura en la existencia de Jules Michelet, esto es, desenmarañar la red de las obsesiones del historiador clásico francés en la que quedaron atrapados temas esenciales del devenir humano y del pensamiento como la mujer, el sexo y el amor, la justicia, el pueblo y la revolución, la muerte y el sueño o la religión y la sangre, Roland Barthes teje a su vez una red en la que los fragmentos que recoge de Michelet logran componer de manera cabal el verdadero rostro del historiador.
Roland Barthes of France applied semiology, the study of signs and symbols, to literary and social criticism.
Ideas of Roland Gérard Barthes, a theorist, philosopher, and linguist, explored a diverse range of fields. He influenced the development of schools of theory, including design, anthropology, and poststructuralism.
En el fondo, mis reseñas no son más que una guía de mis lecturas y una forma de llevar notas de ellas. Para hacer una reseña siempre me gusta sentarme con el libro y una libreta en blanco donde hago anotaciones de lo que proponen los autores en sus páginas, evidentemente le prestó atención a aquello que más llama mi atención o aquello que se relaciona con las lecturas posteriores. Mis reseñas son parciales y no deben considerarse universales, aun cuando hago defensas de las obras, en realidad estoy defendiendo una trayectoria mental, muy personal, de leer libros. Es así que el caos del Michelet de Roland Barthes responde a ello, en este caso responde a un preludio que hice para acercarme a leer la obra La Bruja de J. Michelet (la cual reseñaré pronto), en realidad fue una forma de acercarme a su obra desde la historiografía. Como siempre, la forma en la cual llegó a un libro siempre me ha parecido necesaria para entender bajo qué esquemas de lectura me estoy moviendo. Es así que en la clase de Historiografía General leímos unos fragmentos de El pueblo de Michelet, al buscar la obra en físico descubrí que el Fondo la editó en su momento en una edición por el aniversario de dicha casa editorial, lamentablemente estaba agotado, por fortuna encontré el libro de Roland Barthes en el buscador y decidí comprarlo, leí muy pocas páginas por darle prioridad a la lectura obligatoria que tenía que hacer, pero después decidí seguir leyendo la obra de Barthes por la intriga que me causaba.
Es cierto, Michelet no me gustaba antes de acabar este libro, pero después de hacerlo descubrí en él algo muy interesante e incluso rescatable del romanticismo. Debo decir que no es un libro fácil de leer, eso se debe a que la forma en la que discurre Barthes es compleja, nos presenta una lectura semiológica de Michelet, es decir, el autor está buscando una serie de signos con el fin de seguir la trayectoria a través de los cuales fueron creándose, lo que denomina "los temas de Michelet" o de forma más interesante "una red organizada de obsesiones". Es así que no es una historia del pensamiento ni una biografía, advertencia necesaria para evitar la desilusión que nos hace el autor en la primera página y yo decido hacer para quien busque leer esta obra. Me parece muy atinado lo que señala Barthes sobre esta obra, es una idea muy bonita y muy acertada, este librito (como dice Barthes) es el Museo imaginario de Michelet.
Entremos, pues, a este museo donde la sala introductoria es una semblanza muy enciclopédica de Jules Michelet, desde quién era, cuándo nació y cuál era su ascendencia, sus estudios y su carrera, así como sus influencias y amores, su ideología y su obra extendida en libros, epistolarios, diarios, manuscritos y bibliografía complementaria sobre su obra y vida. Es una sala que nos presagia lo que conoceremos en este vasto museo, incluso Barthes agrega las obras que irá citando en todo el libro. Es así que decidimos entrar al museo a pesar de las advertencias del custodio (Nota inicial y la Semblanza) y encontramos un plano dividido en ocho salas. En la primera, llamada "Michelet, devorador de historia" descubrimos al ser humano que motiva este discurso museográfico: un hombre de letras muy sensible que sufría jaquecas terribles al ser consumido por la historia. Es a partir de la segunda sala donde tendremos que ir detenidamente en cada cartel y pieza presentada, pues el gran logro de la obra de Barthes y por la cual me gusta el libro es que tras una serie de anotaciones que escudriñan la obra de Michelet (cartel) nos presenta fragmentos de esta (piezas). Dicho lo anterior, la segunda sala nos presenta las ideas de unidad, es la perfección de lo liso y nos acercamos a una primera idea de la historia.
La tercera sala es, tal vez, una de mis favoritas, se llama "La historia que ponemos muy tontamente en femenino" y nos presenta la idea de la historia como algo con gracia o justicia, con fatalidad o libertad. Al mismo tiempo vemos algunas de las cosas que molestaban a Michelet, tal vez aquellas que le causaban dichas jaquecas como el tabaco y el alcohol o las novelas y el aburrimiento. En esta sala se nos presenta la figura de la hechicera y su importancia en la historia, que se relaciona con el epígrafe que nos recibe a la entrada del museo: "Soy un hombre completo por tener los dos sexos del espíritu, -Michelet" (p. 7). Es en este capítulo donde también descubrimos la idea que tenía de la Revolución como una transfiguración de Cristo, al mismo tiempo que se nos revela que Michelet no era un sujeto político. Seguimos viendo su idea de la historia en la cuarta sala, donde la historia es un cuerpo a estrechar y, por tanto, no puede ser objetiva, donde comprendemos por qué el historiador es un Edipo o Prometeo, al mismo tiempo que vive la muerte. Vemos obsesiones más materiales como con la alimentación, los rostros, el cuerpo, el asco...
La entrada a la quinta sala es apestosa y teñida de rojo, como su título "Flor de sangre" evoca, pues, en ella descubrimos la obsesión de Michelet por la sangre como sustancia cardinal, desde el horror y la náusea hasta la sangre como sustancia que testifica todo y que nos une cósmicamente. Es así que nos recibe posteriormente la sexta sala, "Su majestad, la mujer", donde entendemos la obsesión de Michelet por la mujer que roza, como ya señalo alguien en esta plataforma en el voyeurismo a la menstruación. La mujer es perfecta, pues su ritmo circular de reposo y eternidad la conecta con la naturaleza, no como el hombre imperfecto, cuyo ritmo rectilíneo es fugaz e irremplazable, lo conecta con la historia. Michelet se vuelve una mirada y la mujer se vuelve un medio para la redención, de la idealidad. Llegamos a una última sala en torno a las obsesiones de Michelet, la séptima, "El Ultrasexo" que nos presenta de forma clara aquello que ya se evoca en líneas arriba al señalarse el epígrafe, me refiero al doble sexo como ideal, a los dos sexos del espíritu. Cierra la sala con tres obsesiones muy humanas: la risa, la sonrisa y las lágrimas.
Es así que llegamos a una sala de mucho texto y ninguna pieza como la primera, una sala que en vez de introducirnos poco a poco quiere expulsarnos, en ella Barthes nos presenta como reconocer un tema de Michelet, señala tres guías: lo repetitivo, lo sustancial de la materia y lo reductible a un discurso criptográfico. Nos hallamos en la última sala y salimos para en el patio que conduce a la salida encontrar una serie de carteles (apéndices) que nos presentan los temas de Michelet (sus obsesiones), lo que se ha dicho de Michelet donde encontramos opiniones de Victor Hugo o Georges Bataille y una cronología. Finalmente, antes de salir en una mesa encontramos un pequeño folleto en diversos idiomas, escogemos el que está en español y nos presenta las obras traducidas al español de Michelet (es decir, yo creo que este apartado es un agregado del Fondo, más que algo que agrego Barthes).
Salimos del museo con la mente saturada de imágenes y textos, editorialmente el museo imprimió (la editorial) 48 imágenes que refuerzan las obsesiones al mismo tiempo que las ilustran. Creo que por eso me gustó este libro de Barthes, porque es una invitación a leer a Michelet y descubrir una forma de lectura, aque
Barthes, Roland, Michelet, Trad. de Jorge Ferrero, México, Fondo de Cultura Económica (Breviarios, No. 433), 2014, 243 p.
So, as a thinker/"historian" Michelet is utterly dangerous - full of lies, arbitrary assessments of countries, voyeuristic revulsion-inducing takes on women, racism, and more.
As an overblown Romantic who takes himself way too seriously, he's pretty much on par for the course.