Con una capacidad inusual para crear seres movidos por grandes pasiones, bajo la piel de Channel aborda con inmenso talento literario la vida de una prostituta.
Perfecta para -perdón para los que se ofendan- una telenovela latinoamericana; la narradora (personaje principal) nos va contando su historia, pero carece absolutamente de literatura: sólo es ir enumerando lo que le ha pasado; y tan aburrida y aburridoramente como las historias en televisión.
El planteamiento de la historia y la línea del tiempo en que se cuentan no está mal. Pero es un pésimo tratamiento de la narrativa de un hombre narrando en voz de mujer; no hablamos así, ninguna mujer. Es la fantasía de un hombre —el autor— de las mujeres liberadas, pero liberadas únicamente para complacer a los hombres, de vivir por ellos y no para nosotras.
Lo recomendaría sólo como ejemplo del machismo latinoamericano, en donde las mujeres o somos putas o somos santas. No más.