"En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración (...): [la mujer] levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado, y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos".
Defender la existencia de un modo de narrar típicamente femenino supone muchas problemáticas, entre ellas, confrontar la esencialidad del género con la relatividad de la experiencia, moldeada esta última por unas expectativas y una educación. Las escritoras españolas, según Martín Gaite, han sido durante mucho tiempo narradoras "intrusas": a diferencia de sus homólogos masculinos, sus escritos están marcados por la indecisión, por la necesidad de justificarse «por haber metido la hoz en mies ajena».
Martín Gaite emplea la imagen de la mujer que mira por la ventana como acicate para sus reflexiones: los visillos permiten observar lo que ocurre en la calle sin delatar en exceso la propia curiosidad. La mujer, inconforme con el espacio interior, lugar de labores, pero también de aburrimiento, mira hacia la ventana en busca de lo nuevo, del exterior donde ofrecer la propia identidad y disolverla en el anonimato.
A través del análisis de los textos de Santa Teresa de Jesús, Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber), Rosalía De Castro, Carmen Laforet...etcétera; Martín Gaite traza una cronología de la literatura femenina española. Destaca la originalidad de estas voces que exploraron caminos narrativos sin referentes previos ni un plan predeterminado, movidas por la búsqueda frustrada de un interlocutor. Martín Gaite defiende la revolucionaria propuesta de "Nada", en la que la protagonista de Carmen Laforet es presentada ya no como objeto de las acciones, sino como testigo de los acontecimientos: «de ahora en adelante, las nuevas protagonista de la novela femenina (...) se atreverán a desafinar, a instalarse en la marginación y a pensar desde ella; van a ser conscientes de su excepcionalidad, viviéndola con una mezcla de impotencia y orgullo».