Este es un libro pesado. La información suministrada es apasionante y no desprovista de hábiles cruces entre literatura, ciencia, historia y filosofía, pero, en su ambición por hacer un libro totalizante (que logre mezclar muchísimos ángulos de estudio del cerebro), resulta extenuante y muchas veces no claro en su obtención de explicaciones.
Aplaudo la intención del autor de aprovechar la diversidad de formas escritas y lenguajes con el que hoy en día nos podemos comunicar. Pero, así como el ejercicio de leer en Internet a veces es continuamente interrumpido y nuestra atención se tiene que enfocar en rechazar ofertas, llamados, invitaciones e insinuaciones, en este libro extraño la voz pausada y constante de una narrador dedicado, en el lugar de una cacofonía de intervenciones que no tiene un hilo conductor estilístico y muchas veces incluso aisladas temáticamente entre sí.
He hablado con otros lectores acerca de este libro. Uno de ellos sugirió que lo que me faltaba era un poco de cercanía con el humor francés. No puedo sino otorgarle el beneficio de la duda.
Lo seguiré leyendo a pedazos hasta que le encuentre ese hilo conductor que, por ahora, permanece invisible entre tantos ensayitos, columnas, ilustraciones, diagramas, referencias elegantísimas, cuadros comparativos, más diagramas... o hasta que mi humor se vuelva tan sofisticado como el del autor y algunos de sus más fieles lectores.