"Así ve Maxi, el cuarto de cinco hermanos, la figura de su padre. Peronista, aunque trabaja con los radicales, televidente compulsivo, alcohólico, algunas veces periodista, hincha de River o de Boca, según la conveniencia, golpeador y, sobre todo, una incógnita"
Autor de la trilogía sobre un chico del conurbano conformada por Las garras del niño inútil, En verdad quiero verte, pero llevará mucho tiempo y Los abandonados (Factotum Ediciones). También publicó Tiene que ver con la furia (Emecé), en coautoría con Andrea Stefanoni, y la novela de terror Macumba (Notanpuán). Ganó el Premio Décimo Aniversario de Revista Ñ (2013), galardón entregado por primera vez a un autor nacional, por su novela La pregunta de mi madre (Clarín/Alfaguara).
Una historia dura pero contada de una forma que no busca escarbar ni generar emociones forzadas. Te dice: esto es lo que viví y hacía aquí me llevó. No lo sentí como un libro doloroso, si me emocionó el proceso de superación, sobre todo casi al final de la historia. Me dejó pensando sobre lo fortuito de la vida y cómo algo tan pequeño puede cambiar tu historia para siempre. Eso fue lo más valioso para mí. Lo anterior me pareció indignante, porque sé que ocurrieron muchas y siguen ocurriendo historias como esta. Yo misma señalé muchas partes en las que me sentí identificada y sorprendida por las similitudes. Un proceso que acompañé hasta las últimas páginas, con la lectura y la escritura como proceso de reconstrucción, posibilidad de partida a un nuevo mundo y elección de las propias emociones.
Entre el cielo y el infierno, la salvación está en la literatura. “Las garras del niño inútil” es la segunda novela (Factotum ediciones) del joven escritor argentino, Luis Mey. La obra narra la infancia de pesadilla de Maxi (entre sus 6 y 15 años), un vendedor de una gran librería de Buenos Aires, con alma de librero. “Un tipo alto y severamente imbécil. Por eso me encorvo. Y porque no siento que haya algo interesante por lo que valga andar recto”. La novela comienza con toques costumbristas al retratar el “desierto de ilusiones”, la Argentina de los años ochenta en una familia disfuncional de clase media baja del Gran Buenos Aires, entre el barrio de San Isidro y La Cava, una villa. A medida que la novela y los años avanzan, aparece el retrato de un monstruo, la figura paterna y con ella la tristeza, la brutalidad, la violencia irracional que se apoderan del lector dejando una sensación agridulce de desesperación. Ni siquiera se salva el personaje materno pues su sumisión, su no inocencia, su falta de agallas para denunciar la violencia machista intolerable acaban por ser cómplices del monstruo.
La voz del narrador no me convence; al principio tiene seis años, pero analiza su vida con más profundidad de la normal para alguien de su edad: "El horizonte es hermoso, pero estoy pisando vidrio", reflexiona en algún momento. Igual, después se aclara que no, el narrador es el adulto que recuerda y se pone en su lugar de niño, porque comenta al pasar cosas que sucederán dentro de muchos años, como tal o cual promesa que el padre nunca cumplirá.
Aquí el problema se agranda, porque entonces el estilo de prosa sencilla y cortada que utiliza para narrar sus hechos infantiles me queda corto, son eventos muy trágicos y el narrador los relata con tanto desafecto; a lo mejor no quiere imponerle al lector mucho sentimentalismo y contar los hechos como fueron y ya está, pero para mí solamente logra obstaculizar la empatía. Además. sí nos cuenta sus sentimientos, llora, se pone triste, se enoja, pero no describe con más palabras esas sensaciones; las nombra y a otra cosa.
En un punto su hermano deja de hablarle sin mayor motivo aparente por un largo tiempo, otra hermana empieza sufrir bulimia. El narrador te lo dice y cambia de tema. ¿Dónde está él durante todo este tiempo? No le pido que soluciones cosas que no son su responsabilidad, pero sí que aparezca en el texto; pareciera que cuenta algo que vio en el alguna película a la que le prestó poca atención, que miraba al mismo tiempo que jugaba a algo en el teléfono. Los hechos son crudos, pero la narración es vacía.
La historia de un niño que crece en la Argentina en la década de los 90, en un barrio situado entre la paquetería de Lomas de San Isidro y la Villa La Cava. "Rubio como los ricos, pobre como los pobres", el protagonista convivirá diariamente con la violencia exterior y con la de su propia familia: Un padre abusivo y constantemente furibundo, una madre dolorosamente sumisa y temerosa del que dirán y cada uno de los hermanos buscando su propia vía de escape al infierno habitual.
Escrita con precisión y autenticidad, es difícil no involucrarse con el pequeño protagonista, percibir su desprotección y comprender su evolución hacia una adolescencia solitaria y extraviada.
Tal vez el final fue lo que menos me convenció, no por los hechos en si mismos (que para eso el autor es el autor y pone el final que le da la gana) sino por que lo percibí apresurado y algo desconectado del resto de la historia. Más allá de eso, un libro para recomendar y un autor al que hay que estar siempre atentos.
📚 Maxi, su infancia y adolescencia en los 80' y 90', en una familia que se parece mucho al infierno. Una novela (casi? bastante?) biográfica capaz de romperte el corazón y darte esperanzas al voltear la página.
📖 Violencia familiar, pobreza, alcoholismo, desamparo, niñez vulnerada, lectura, escritura, supervivencia, superación, resiliencia...estas son, para mí, las palabras claves de esta historia a la que recomiendo entrar con coraje y la certeza de que, a pesar del dolor, algo muy bueno te espera.
📖 Dura, realista, catartica, tan bien escrita que va de lo íntimo y personal al contexto político, económico y social sin declamaciones ni golpes bajos. Detalles que expresan más que minuciosas descripciones, momentos que dicen más que extensas situaciones, capítulos cortos y palabras justas. Todo para ver el padecimiento y comprender la salvación. Y en ella, sin magia, recuperar la confianza. Hay opción, hay oportunidad y un libro puede ser una. ¡Muuuuuy, muuuy, muy buena!
No se me hizo fácil leer ciertos episodios de esta historia, y no por su crudeza, sino porque me lleva a varios momentos de mi propia infancia. Más allá de lo nostágico (factor que es esencial a la hora de elegir qué leer), lo veo representativo, y tal vez por eso me atrapa tanto como me duele. Encuentro en el autor una manera de llevar su relato de forma tal que no puedo tardar más de 2 días o 3 en leerlo. Yo, el que elige cuentos cortos porque las novelas lo desconcentran. El mismo que no le podía dedicar más tiempo a la lectura que la hora antes de dormir. Gracias por mostrarme que estaba equivocado, como siempre.
Mey nos sumerge en los pensamientos de un niño que lucha su presente con la fuerza que pocas veces se le atribuyen a un niño. Guiados por su voz, crecemos y comprendemos el mundo que lo rodea. Nos hace sentir en primera persona la ira y la frustración. El niño nos quiere hacer entender, para entender él, que no hay magia ni destino que nos guíen. Que estamos solos con nuestras garras ante las murallas que se levantan. Las desgarra con constancia, las desgarra tanto que es imposible terminar este libro sin que nos duelan las manos.
Me morí de pena. Creo que nunca había leído un libro cuyo tema principal fuera la VIF. Un reflejo fiel de quienes la experimentamos de niños. Esa tensión, incertidumbre, de no saber si te llega o no te llega y es un porque si, por estar… el modelo de la familia narcisista, que de la puerta para afuera quiere dar una imagen, la “familia para la foto”, padres que tuvieron hijos xq “hay que tener hijos”. Padres violentos y cobardes. Que bien escrito. Agradecida de que este libro haya llegado a mis manos. Potentísimo.
Llega un momento en la cual la trama se vuelve repetitiva, la novela se pudo hacer en menos cantidad de paginas, tantas vueltas para un final que deja un poco predecible. A pesar de esa critica, la manera en la que se relatan los sucesos de violencia son tan fuertes que mueven fibras sensibles de cualquiera, te metes tan dentro del personaje y sentís la misma urgencia de escapar de aquella casa tanto como ellos.
Me encanta como Luis relata sobre la niñez, la infancia abandonada y dañada, la infancia pobre y no de dinero sino de amor. Empezas a leer y te da 2 puñaladas pero también te reís. Es sutil, gracioso, doloroso. Nos permite ver desde el punto de vista una parte de nuestra historia muy jodida y creo que intenta que podamos ver con esos ojos y dejar de lado nuestros privilegios. Me encanta
Una historia cruda de violencia familiar narrada por Maxi, el cuarto hijo de un padre golpeador y alcohólico y una madre sumisa. Es un diario de un sobreviviente, que a medida que avanza cobra un vuelo y una intensidad poderosísima.
Es tan triste y doloroso, pero tan bonito a la vez. La verdad no pude soltarlo durante los días que me llevó leerlo, aunque siento que al final se puso un poco repetitivo y se desinfló un poco, disfruté mucho del proceso.
Me dejó con gusto a poco porque no fue -a mi criterio- lo suficientemente crudo con la historia. Esperaba encontrar más oscuridad, y, en ese sentido, es muy vainilla. Sin embargo, el ultimo párrafo resignifica la historia. No está arrepentido, lo llega a entender.
Sencillo, gracioso, y claro. Luis Mey logra describir una familia bastante disfuncional en la que se ven involucrados 5 hijos todos afectados psicológicamente y físicamente por un trato y un descuido de dos padres que sin duda intentan dar “lo mejor” de si mismos, pasa que cuando una persona no ha recibido otra cosa que violencia es muy difícil que de algo diferente. Creo que la frase del libro que describe esto es “se lanzó a ser padre sin reparar sus heridas como hijo”. En resumen, me gusto, me regaló pequeños destellos de vida.
—> “Yo me digo: cuando sea padre, y espero no serlo nunca, jamás dejaré que mi hijo parezca un pelutudo”
Luis Mey podría ser definido como un minimalista, en el mejor de los sentidos: tiene la perspicacia suficiente para decir más con menos; para retratar una macro realidad propia del escenario socio-político de los años '90 -lo que él llama “el menemismo del falso desarrollo”- pero desde su mínima expresión: el seno de una familia de clase media-baja. El determinismo existencial está plasmado en ese grupo primario: es lo único que no se elige y, a su vez, lo esencial en la constitución de una persona.Las garras es un relato particular, no singular: casi más una historia de época que un anecdotario familiar.
Niños con ojos de adultos y padres replicando pesadillas.
El tópico sobre el desafío de la paternidad está saturado, por lo cuál Mey se propone relatar el desafío de ser hijo, particularmente en una familia quebrada por una madre indiferente y un padre perdido en sus delirios de grandeza.
Hay amor en esa casa, un amor por lo enfermo.
Fue muy lindo para mí leer una historia de esta índole, que visibilice lo incapaces que son ciertas personas de ser padres/madres.
Tal vez, tanta angustia y desesperación, me hizo esperar ciertas reflexiones con más peso o con tintes un poco más poéticos. Pero eso es solo un gusto personal.
Hermoso libro, de estilo simple y franco. Explora las frustraciones de crecer con padres que no son héroes sino todo lo contrario, pero que son los padres (y parte) de uno. Aunque las circunstancias acá son extremas, creo que muchos tenemos memoria de habernos dado cuenta alguna vez que nuestros padres dejaban algo que desear, o de envidiar otras familias. Encontrar el balance y aceptarse a uno mismo en esas circunstancias es algo muy dificil pero importante. Mi unica critica es que "la solucion" me parecio demasiado facil. Muy bueno.
Las apreciaciones de la vida, la familia, los amigos y las relaciones de Maxi, el cuarto hijo de un matrimonio alcohólico, padre desocupado y goleador.