Finalmente la primera recopilación de cuentos de Mario Levrero, de nuevo disponible en librerías. Con prólogo de su editor original, Marcial Souto.
Historia sin retorno Nº 2
Un perro, Campeón. Vivía solo con él y llegó a incomodarme. Lo llevé al bosque, lo dejé atado con una piola que pudiera romper con un poco de perseverancia y volví a casa.
En un par de días lo tuve rascando la puerta; lo dejé entrar.
Se me hizo intolerable; lo llevé a un bosque más lejano y lo até a un árbol con una piola más gruesa (sabía que el defecto no estaba en la piola sino en la fidelidad del animal; quizás tenía la secreta esperanza que esta vez no pudiera liberarse y muriera de hambre).
Volvió algunos días después.
Entonces supe que el perro volvería siempre. No me atrevía a matarlo por temor a los remordimientos; y pensé que aunque lograra efectivamente perderlo, en un bosque mas lejano aún, viviría con el temor constante de su regreso; atormentaría mis noches y enturbiaría mis alegrías; me ataría más su ausencia que su presencia.
Entonces dudé apenas un instante ante la majestad del bosque compacto que se alzaba ante mis ojos —umbrío, imponente, desconocido—; resueltamente, comencé a internarme, y seguí internándome hasta que, finalmente, me perdí.
Jorge Mario Varlotta Levrero, más conocido como Mario Levrero fue un escritor, fotógrafo, librero, guionista de cómics, columnista, humorista, creador de crucigramas y juegos de ingenio uruguayo. En sus últimos años de vida dirigió un taller literario.
Jorge Mario Varlotta Levrero, born in Montevideo in 1940 and died there in 2004. Before becaming a cult writer and being considered as a master by many of the best writers in Latin America, Levrero first was a photographer, bookseller comics script writer, humorist, crossword author, creator of brain games. In his later years, he directed a literary workshop.
Levrero’s writing, structured around humour and unease, takes the form of a clean prose based on the psychological that has been characterized as “introspective realism”. His major work La novela luminosa was released posthumously. Another of his most remarkable novels was the involuntary trilogy, formed by the titles La ciudad, El lugar and París
Also, he authored an extensive body of literary work which includes journalistic writing (some of the best articles are to be found in Irrupciones I and Irrupciones II), short stories, novels and essays.
Levrero hated interviews and prologues, loved cinema, he was so interested in self-hypnosis, believed in telepathic phenomena, read about Zen, addicted to computers, loved science, hated being addressed in the “usted” form, could not abide solemnity in general, read detective novels even at breakfast.
3.5 Me gusta muchísimo (pero muchísimo) más Levrero en sus cuentos cortos que en sus cuentos más largos. Creo que en los relatos breves logra generar un efecto mucho mayor (ejemplo: La calle de los mengidos, Historia sin retorno, La máquina de pensar en Gladys, en sus dos versiones). En cambio, en los cuentos largos es como si los estirara demasiado, incluso el narrador así lo dice en uno de los relatos. Igual, me encantó su imaginario.
Los cuentos de esta recopilación son buenísimos, me gustaron todos pero el que se lleva el premio para mi es El Sótano que tiene claros guiños a la obra de Caroll y me transportó a uno de mis libros favoritos, Alicia en el Pais de las Maravillas.
Como hacer una review de un libro de Mario Levrero tomando en cuenta que es uno de mis escritores favoritos y sabiendo que el presente ejemplar no me gustó tanto?? Voy a entrar en contradicciones?
La máquina de pensar en Gladys es la recopilación de los primeros cuentos y microcuentos de Levrero de fines de la década del 60. Estamos lejos de la Novela Luminosa o el Discurso Vacío. Algunos de los cuentos me llamaron la atención y se puede vislumbrar algo del futuro Mario.
Nota 2023: El relato que da nombre al libro nos describe a los maniáticos y obsesivos al cien por ciento. Se puede googlear y leer en 3 minutos. No se lo pierdan.
Pocas cosas tan bastardeadas como la palabra "onírico" para calificar una obra literaria. Así que un chancho o la tía Marita vuela, qué onírico. Hay medio sinsentido: onírico. Hay un personaje atrapado en una situación ligeramente absurda: onírico. Sin embargo, no se me ocurre otra palabra mejor para describir este de Levrero. No recuerdo haber leído nada (ni entre los textos de los surrealistas que lo intentaron adrede) que se parezca tanto a la (i)lógica de las pesadillas. Me hizo pensar en las muchas veces que intenté anotar un sueño, a la mañana, y me quedé con la birome en la página, sin saber cómo encarar la cosa porque no se ordena exactamente en el lenguaje. Levrero lo logra.
Mi primera vez leyendo a Levrero y creo que fue un muy buen comienzo. Ahora entiendo porque estaba dentro del grupo de “Los raros” junto con Felisberto Hernandez, este libro no sigue los parámetros normales. Es hermoso leer algo indescifrable.
La máquina de pensar en Gladys: *** La calle de los mendigos: **** La historia sin retorno No. 2: *** La casa abandonada: **** El sótano: ***** Ese líquido verde: ** La casa de pensión: ***** El rígido cadáver: ** Gelatina: **** Los reflejos dorados: **** La máquina de pensar en Gladys (negativo): **
Con cuentos como “gelatina” sabe uno que está leyendo literatura universal. Lo demás es mero entendimiento del mundo creado por el autor. Genial. La máquina sigue sonando y en silencio. Gladys es una fortuna encontrar.
Los que más me gustaron fueron el cuento que le da título y el que cierra este libro (una especie de lado B). Después me pareció que tenía una fórmula, esta cosa de la extrañeza, muy en la onda Felisberto Hernández o el Cortázar pre-Rayuela. Es un libro de juventud igualmente, le voy a dar una oportunidad más al famoso Levrero.
Promedio final, en el contexto de Levrero: 3.7⭐ Mis favoritos: La calle de los mendigos, ese líquido verde, historia sin retorno y la máquina de pensar en Gladys, en sus dos versiones.
En general, me suelen gustar los libros que son un poco raros, ya sea por su temática o, especialmente, por la forma en que están narrados. "Un poco" raros está bien. Pero La máquina de pensar en Gladys fue demasiado. Ni siquiera sé como clasificar su estilo. ¿Surrealista? ¿Absurdo? ¿Delirante? Muchas de las historias ni siquiera las pude entender. Si alguien me pregunta de que tratan, no sabría decirlo, en serio. Sobre todo, me pasó con las dos que dan su nombre al libro: "La máquina de pensar en Gladys" y "La máquina de pensar en Gladys (reverso)". Si alguien sabe de que se tratan que me lo explique, porque pese a leerlos más de una vez (ambos relatos son muy breves) no pude encontrarles el menor sentido. Alguno hubo, en cambio, que me gustó. Por eso mi calificación general no es tan baja. "El sótano", por ejemplo, lo disfruté bastante. No es menos delirante que el resto, pero al menos tiene un protagonista con un objetivo claro, y por el hecho de que éste sea un niño, más el tono infantil que posee la totalidad del relato, me hizo recordar muchísimo a Carroll y su bilogía de Alicia. "Gelatina", "El rígido cadáver" y "El líquido verde" también tienen su atractivo. Incluso "La casa de pensión", aunque es muy difícil de leer porque está escrita por completo con la técnica del fluir de conciencia, me pareció interesante. Creí advertir, en ese caos que es la mencionada casa, una alegoría del mundo. Seguramente lea alguna cosa más de este autor (me recomendaron particularmente Caza de conejos), pero por lo visto no está hecho para mí.
No sé cómo lo hacen, pero las narrativas uruguayas tienen una capacidad única para contar historias en las que parecen no decir nada, pero que, en realidad, dicen mucho. Yo no conocía a Levrero, pero descubrirlo a través de esta colección de cuentos ha sido una gran forma de empezar mi año lector. Sus historias aparentan ser sencillas, pero tienen subtextos nada complicados que hicieron explotar mi cabeza y, sobre todo, engancharme con los relatos del autor.
"...no sentí el choque contra el espejo, pero me encontré en un mundo donde todo estaba lamentablemente alterado, la izquierda a la derecha, la derecha a la izquierda, y etc.; ví que el cadáver daba grandes zancadas por el cuarto, del otro lado, y no me quedó más remedio que imitarlo, por más que ya me estoy cansando, y ese hombre no deja de caminar."
Este libro/autor no lo puedo comparar con casi ningún otro; tal vez Kafka, y César Aira se le parecen, creo que también tiene algo de Cortázar. Los cuentos son de extensión muy variable, la estructura es en todos lineal y el lenguaje conciso, con abundantes signos de puntuación, y usando a veces juegos de palabras, también hay elementos surrealistas y de relatos infantiles. Mezclando esto logra crear atmósferas muy inquietantes.
La mas bella ficción reunida en estos cuentos en los que Mario Levrero inventa mundos en pequeños objetos y deshace el tiempo tal y como lo conocemos. Brillante
Una alumna de uno de los talleres de literatura que dicto me prestó el año pasado el libro Espacios libres de Levrero y me recomendó su lectura. Leí alguno de los cuentos sin mayor interés. Pero si bien ese no era el momento, el nombre quedó dando vueltas en algún rincón de mi subconsciente, y hace unos meses me dieron ganas de abordarlo en serio: estoy sumamente contento de haberlo hecho. Empecé de cero, con su primer libro de cuentos: La máquina de pensar en Gladys es una joya de la imaginación, del humor, del absurdo; una escritura rara, extraña, directa, irracional, podríamos decir surrealista, y cada cuento mejor que el anterior. Un hombre que desarma pieza por pieza un encededor y termina metiéndose adentro; un niño que se adentra en una aventura lewiscarrolliana tratando de descubrir qué hay en el sótano de su hogar; una casa habitada por diminutos hombrecitos que salen de las cañerías; las vidas de un grupo de hombres grotescos en un mundo distópico invadido por una gelatina gigante; entre otros. Pura invención antirrealista. Como lo hizo mi alumna conmigo, lo hago con ustedes: ¡no se pierdan a Levrero!
Uno de los mejores libros de relatos disponibles en la literatura mundial. No sobra ni falta nada; hay variedad de extensión. Un universo sin nombre contenido y compartido por todas las historias. El cuento que le da título es tan perfecto como breve -tanto que su "negativo" funciona como el "reprise" o bis en los grandes discos de rock-.
"El sótano" es lo máximo que la literatura de Lewis Carroll se acercó al castellano -Levrero sabe hipertraducir Kafka y el citado autor de Alicia en el País de las Maravillas como ninguno-.
"Gelatina" es uno de los relatos más "raros" de la lengua y en general (de ahí quizá que Levrero haya sido considerado en un primer momento como un escritor de ciencia ficción o weird, según la perspectiva de Marcial Souto-.
"Historia sin retorno N°2" pasaría inadvertido entre los cuentos despiadados de Kristof -por otra parte, publicados con posterioridad a la obra de Levrero-. Destacaría entre cualquier antología de microrelatos.
En fin, todo en este libro es parte de un lugar -entre el sueño, el absurdo, piriápolis y el río de la plata- dónde me quedaría a vivir por una temporada. Experimentarlo es un viaje de ida cuyo regreso no está asegurado.
Es la primera obra de Levrero a la que me acerco: el estilo me pareció interesante, pero nada demasiado original, por momentos pareció que estaba leyendo a Felisberto Hernández, por momentos a Cortázar y aunque no deja de ser una buena comparación, el inconveniente es que no sorprende en la narrativa. Algunos de los cuentos sí tienen sus giros interesantes, sin embargo, no es constante a lo largo de todo el libro, mientras algunos relatos son incisivos y obligan a cambiar la perspectiva habitual del lector, otros se hacen largos y cansadores. Si alguien quiere recomendarme otras lecturas del autor, es bienvenido.
Enorme descubrimiento el de Mario Levrero. Suprosa ágil, precisa, clara y obediente, jamás será obstáculo -al contrario, la mejor herramienta- para adentrarnos en el mundo de lo absurdo, de lo impensado, de lo mágico dentro de lo cotidiano.
Los cuentos de La Máquina de pensar en Gladys son extraños, profundos, a veces grotescos. Parecen sueños. Cuando lo lees, realmente pareces estar soñando. Hay una felicidad pero también ansiedad y miedo constantes en todas las ocurrencias de Levrero.
Muchos de los cuentos son presagios de la locura. Otros, de la magia adentro de lo cotidiano. Es un escritor imprescindible.
Llevo años leyendo cada libro de Levrero que cae en mis manos. Suelo disfrutarlos muchísimo y, sin duda, Levrero se ha convertido lentamente en uno de mis autores favoritos; quizá por eso tardé tanto en animarme a leer este libro, intuía que sería un poco una decepción, y sí, es el que menos me ha gustado de todos. Se trata de cuentos de un autor en ciernes, con pasajes interesantes, con personajes a lo Levrero, pero con mucho ripio. Quizá, en otro autor, este libro me hubiese parecido mejor, en Levrero, es casi prescindible.
llego a este hombre por Seba de Caro. Me cautivó el titulo del libro y del cuento. Eso es todo. Adentro hay tres cuentos que valen la pena: La calle de los mendigos, el sótano, y la máquina de pensar en Gladys. Es todo muy plano, muy chato. No alcanza con tener una idea loca. Hay que saber concretarla con algo más de calidad. No estás hablando con nenes o con tus amigos. Estás escribiendo un libro. Solo sentí esto en los cuentos mencionados. El resto... Meh
Muy onírico, a veces creo que está tan enamorado de sus sueños que descuida por completo la narrativa. Hay algunos cuentos aquí que están bien pero en cuanto se explaya un poco me resulta tedioso, sobre todo en "El sótano" y "Gelatina". Debería haber seguido mi primer impulso de leerme los cuentos que me interesaban en la librería, pero no, lo compré
Un 4.5 le debería dar a lo mucho. Cómo dijo otro, sus cuentos cortos me gustan más que los largos (La casa abandonada son cuentos cortos con la excusa de uno largo), aunque no decaen. Belleza de libro. Me sorprende que, si no fuera porque leo varios libros a la vez, me lo tragaba de un tirón (no me considero lector, pero estaría como lector con mucha falta de experiencia).
Son una serie de cuentos de variadas dimensiones, que le dan "forma" a La máquina de pensar en Gladys, y no todos son de la misma calidad
Por momentos me recordó al Almuerzo Desnudo, pero menos perturbador, sólo... no sé cómo decirlo, muy preocupado porque lo violaran las gordas y menos por esforzarse en la coherencia interna del texto
Haber leído primero “La novela luminosa” y después sus cuentos me hizo encontrar a ML en todos sus personajes, creo que siempre se imaginó a sí mismo en sus historias. Lo irreal con lo cotidiano, los finales abruptos y abiertos y su prosa simple pero contundente me impactan en sus cuentos, es ML concentrado.
Todos los relatos de este libro son sumamente extraños, unos muy logrados (como El sótano), otros menos (como Gelatina). Cada uno te lleva, mediante sus mecanismos, a una experiencia sensible muy particular: la expansión del espacio, la definición de este, la otredad en unos mismo, etc.
La Máquina de Pensar en Gladys se publicó originalmente en 1970 en Uruguay. Como el autor cuenta en el prólogo, el libro no se vendió muy bien en Uruguay y, eventualmente, la editorial que hizo ese tiraje se mudó a Argentina. Ahí vendieron en saldos la mayoría de estas copias y destruyeron las restantes para hacer pulpa, con la que se haría hojas para libros nuevos.
Traigo esta casualidad editorial porque me parece una anécdota apta de las historias de este libro inclasificable. Los cuentos pertenecen a la primera etapa creativa de Levrero, por lo que están construidos en una especie de ambiente Kafkiano con toques fantásticos y latinoamericanos. Casi todas las historias son sorprendentes e inesperadas. Se encuentra en ellas una cierta frescura pero también una trágica resignación ante los sucesos de la vida. A los personajes les suceden cosas insólitas, milgarosas y terribles y todos reaccionan con tremenda indiferencia.
Me encanta Levrero y me encantó este libro de cuentos.
Hacía mucho que quería leer este libro y ahora voy a pasar mucho tiempo pensando sobre el...
Contiene unos cuantos cuentos cortos que me gustaron mucho, dos cuentos más largos que me encantaron (El sótano y La casa abandonada) y un cuento más largo que no me gustó (Gelatina).
Son cuentos raros, que parecen simples pero encierran complejidad. Por algo dicen que se parece a Felisberto Hernández.