Funerales narra la experiencia de una mujer que, en un intento de negar el dolor de la pérdida, escapa de su nombre e identidad. Es un ente fijo y disociado que se escabulle del mundo mientras su hermana la sujeta e intenta que se enfrente a la realidad de la muerte y al sufrimiento que conlleva.
Esta novela íntima nos sumerge en la subjetividad de su protagonista y nos invita a tejer su historia a través de retazos de memoria, en los que observamos su vulnerabilidad y la de los lazos familiares atravesados por el trauma. Es una obra profundamente conmovedora que llegó a anidar en nuestros corazones y a reclamar un lugar en nuestra primera bandada de libros-ave en editorial Trazos de Aves.
Excelente novela sobre la pérdida y la disociación extrema. Los primeros 2/3 de la novela son bastante fuertes, con un ritmo rápido y una forma de escribir muy inteligente que hace que uno enganche con una historia que tiene que ir reconstruyendo por capas. Durante el último tercio de la novela sentí que la narración perdió fuera y junto con ello, la historia pierde también parte de la oscuridad que la caracteriza inicialmente y que funciona como motor de lectura.
El final es bueno pero hay un par de elementos que resultan a mi juicio de un candor y un positivismo que está en completa desconexión con todo lo demás. Casi como si lo hubiese escrito otra persona.
Prefiero los libros con finales menos felices…
Con todo, un excelente lectura y habrá que estar pendiente a sus futuros libros.
había olvidado actualizar goodreads. una historia bella, poética y dolorosa sobre el duelo y la pérdida de identidad frente a la pérdida de un otro/a. a ratos te hace sentir terriblemente incómoda, pero también reconocida y entendida.
Qué pena encontrarme con errores similares a la edición de “Carmencita”. Falta acuciosidad en lo ortográfico. La editorial tiene bastante que hacer.
La historia es floja, sobre todo porque hay una esperanza tácita de que aparezca algo como “La Amortajada” de Bombal (todo indicaba que sí), pero no. No ocurre y se vuelve irritante, reiterativo, incluso inexpresivo.
Me costó terminar este libro, no por su longitud ni por una complejidad de lenguaje o algo así. Es un libro corto, sencillo pero sumamente real. A medida que se revelaban detalles de la vida de la protagonista que ella misma había olvidado, o más bien, bloqueado, me sumergí en una tristeza que se fue volviendo angustiosa. Qué mejor que un libro te haga sentir tanto, digo yo. Me costó terminarlo porque me dolía el pecho, no quería que algo peor pasara, no quería una gran revelación que me destruyera. Habían detalles que resonaban de muy cerca, familias distantes, culpas sin resolver, neblinas mentales, huir de despedidas, relación complicada con la madre. Funerales. Es una historia muy íntima.
Una intensa disociación a propósito del duelo. Se va armando y revelando la trama por capas que se enganchan, pero a veces es difícil sostenerse en ese lugar mental que propone la narradora. El final me pareció muy disímil a lo que se construye en los primeros tercios de la novela.
Tuve una sed de terminar esta historia muy distinta a otras ocasiones. Quería saber qué pasaba con la protagonista, cómo lograba desenredar el dolor con el que había crecido y la hacía retraerse.
“Ambos vestidos de negro. Parecían el silencio, pero eran el ruido.”
Me encanta esta forma de escribir de frases cortas, concisas, rápidas, saturadas. Que te transportan a esos vórtices mentales del sufrimiento, la ansiedad y miedo que sienten los personajes. Todo pasa rápido pero a la vez lento.
Ufff, toda una experiencia. ¿Hasta qué punto podemos escapar del dolor? ¿Hasta qué punto podemos huir de eso que nos genera malestar? Una novela muy profunda que da para reflexionar muchísimo sobre la vida y la muerte.
Muchas emociones en esta lectura, me dio mucha ansiedad leerlo: necesitaba terminarlo, comprender lo que le sucede a la narradora. Está lleno de frases que me hicieron reflexionar mucho.
Qué brígido como esta novela me ha dejado reflexionando durante horas y horas. Su crudeza y vulnerabilidad me impresionaron demasiado.
Sofía, nos presenta una primera publicación cruda, real y llena de giros argumentales que me dejaron la boca y sentimientos por el suelo.
"Funerales" es una novela que nos encamina a un viaje relacionado con el duelo y al comprender el cómo la protagonista sigue viviendo su vida en "piloto automático". Es un libro corto que deambula y examina cada cicatriz de la narradora para poner en contexto al lector. Lo increíble de esta historia, es que en pocas páginas vives y sientes cada uno de los escenarios.
La escritura de Sofía es ágil y simple de leer, si ya estás acostumbrade a leer textos de esta índole. Además, a medida avanzas vas a tener que tomarte descansos para digerir lo que ocurre.
Me ha sorprendido para bien esta historia, a tal punto de que se ha vuelto uno de mis libros favoritos en lo que va del año. Espero de todo corazón que Sofía siga publicando y nos siga deslumbrando.
Un libro sin duda muy interesante. la autora logra mostrar el olvido, el pensamiento en espiral y el recuerdo de una manera muy interesante en la historia. De a poco nos va develando detalles relevantes y nos lleva desde las emociones, la angustia y la tragedia por esta historia familiar. Un libro trágico y muy interesante.
“Porque uno no supera la herida, uno crece alrededor de ella”. Sofía Troncoso
* Esta novela es un horno; un hervidero en el que las palabras se pegan a los bordes de la olla y gotean sobre la piel. Agustina, nuestra narradora, creyó que se había encerrado en un verano eterno y que el ambiente sofocante obligaría al tiempo a quebrar su linealidad para escudarnos en la regresión infantil. El lector puede notar casi de inmediato que Agustina no es de fiar. Su discurso, expresado a través de un flujo de conciencia vertiginoso, parece desprender, por momentos, la culpa del sobreviviente: acusa una memoria frágil, un temperamento desconectado, está aislada socialmente y sus monólogos orbitan de forma obsesiva alrededor de la idea de crecer; la adultez percibida como la materialización del dolor, de las verdades infranqueables, pero también como el territorio no negociable del perdón.
Funerales, de Sofía Troncoso (Santiago, 1997); ha sido descrito como un libro sobre duelos y la incapacidad de enfrentar la pérdida. Yo agregaría que es el testimonio de una mujer que no puede perdonar a la niña que fue. “No puedo dejar de sentirme sucia”, dice la narradora, cuyo oficio es traducir libros infantiles. Una persona que “abre fronteras en la mente de los niños” y que percibe el lenguaje como un campo de posibilidades. La arbitrariedad de los signos lingüísticos otorga flexibilidad al entorno. Así, el verano, el calor de los cuerpos vivos, es reiterado como un antagonista de lo viviente. El verano descompone, asfixia, nos ralentiza en el sudor, nos hace correr hacia atrás. Hay que destacar la faceta de la traductora porque es un aspecto que sirve para caracterizar la estructura narrativa. En ese sentido, el texto juega con la yuxtaposición, las acciones y las imágenes se alternan no solo para crear tensión sino para retar la atención del lector y hacerlo cuestionar la información que recibe.
Los espejos, las ventanas, los hermanos —de mayor a menor: Tomás, Joaquín, Rebeca, Gonzalo, Mariana y Agustina—; el baño, el teléfono y la infancia funcionan como anclas de la trama (una historia de personaje contada en un estilo que pareciera evocar la intención del Kishōtenketsu).
En la primera parte de la novela, Agustina está aferrada a la negación de la realidad: rehúsa reflejarse en los espejos porque eso implicaría el fin de su lamento, es decir, aceptar que el tiempo y el mundo avanzan a despecho de las ausencias y el dolor. No abre las ventanas porque son detonantes de eventos que no quiere recordar, pero también por ese mismo rechazo hacia la linealidad. El baño es el lugar de las intimidades, el sitio donde el yo se manifiesta en toda su vulnerabilidad, ergo, también hay que evitarlo. El teléfono, otro cable hacia el exterior, implica usar la voz, aceptar el peso de un cuerpo vivo, de una oralidad demasiado definitiva. Hablar es evocar la culpa, emitir un juicio. “Todo lo que digo y hago sale culposo”. Hablar es reconocer la identidad del testigo, ese rol que Agustina ha tenido que cumplir por medio de observar la muerte o la condena de sus seres queridos. Hablar es soltar secretos. No. Agustina tampoco quiere hablar por teléfono, aunque a veces conteste, a pesar suyo. Por otro lado, la escritura y la infancia le otorgan complejidad al personaje porque revelan sus contradicciones. Agustina tiende puentes con la escritura, genera orden, encuentra en la lengua una alternativa a la tragedia. Quiebra su desconexión al preocuparse: “¿Qué me diferencia de un infante? ¿Qué me diferencia de alguien que no sabe nada más que lo que le han enseñado o se ha imaginado? ¿Acaso nunca crecer es lo que me hace buena traductora?”.
El orden de la escritura lo fragmenta la infancia, la insistencia en los detalles simples: el color de cabello de sus hermanos, el padre haciendo pan con queso como mecanismo de defensa tras la muerte de su mujer, el sonido de una cachetada. La fragmentación, por su parte, la interrumpen los hermanos. Sus diálogos sirven como terapia de shock y fuerzan el retorno del logos. “El sol quema”, dice la narradora en la segunda parte de la novela, y, de súbito, la luz del verano y su efecto contrastan con la lucidez que regresa al verbo de Agustina. Se acaba la fragmentación, aparecen los paisajes, retorna la linealidad. Es hora de afrontar el dolor y la noción de que “todo lo que puedo amar intensamente será una futura pérdida”.
Esta novela debut de Troncoso, que se llevó el premio Roberto Bolaño 2022, difícilmente puede definirse solo en estas pocas líneas. Esta novela es un horno, un ensayo sobre el duelo, sobre recuperar la voz, sobre ser compasivos con la niñez, sobre aprender a despedirse; y un tributo al tejido vivo que es la lengua. “Me doy cuenta: tengo boca, tengo voz, tengo memoria y puedo usarlas por mí, para mí”.
Ahora no puedo soportar la idea de abandonar más mi propia historia.
"La muerte transgrede, duele y cambia desde la visión del mundo hasta los detalles poco importantes, como de qué manera se pone el azúcar en el té".
Al principio, me costó entrar en la historia. La narración era confusa, dispersa. No sabemos quién es la protagonista, cómo se llama, cómo luce, pero luego notarás que ella tampoco lo sabe.
En Funerales, Sofia Troncoso retrata la pérdida de una misma al perder a quienes más amamos. Nos perdemos en la mente, en los pantanos del duelo, y, algunas veces, como a la protagonista (continúo con el misterio de su nombre) tardamos un tiempo en volver a reconocernos sin las partes de nosotros que esos que partieron se llevaron con ellos.
La niebla que tiñe la narración se va aclarando a medida que se aclara la mente de ella. Es que luego descubrí que eso es el libro: la mente de ella. Ensombrecida, confusa, delirante en ocasiones, disociada. Estás dentro de ella, viendo sus pensamientos, enredandote en el presente que no se sabe si son recuerdos o realidad. O recuerdos fabricados que se desean reales. Es una gran habilidad esa, poner toda una mente y procesos de pensamientos en palabras tan certeras que se trasladan a la tuya.
Me vi reflejada en ocasiones en las palabras de ella, en el vínculo con sus hermanos, en volver a verse en el espejo y encontrarse con el "yo".
La muerte es lo único seguro que hay en la vida, no dejemos de decir adiós y agradecer por lo vivido.
"Sigo hablando, aunque hay cosas que no tienen nombre."
Soy ajeno a este libro, porque los duelos que llevo en el cuerpo no me duelen. Porque he ido a funerales a los que sentía no debía ir.
Y aún así, hay una mezcla emocional entre el entumecimiento de la narradora y el ritmo vertiginoso que deja en la boca el sabor de la ansiedad. Las formas se sobreponen al tema y el resultado adquiere la intensidad de una mente que no puede ponerse de acuerdo con ella misma.
Aquí hay una historia y hay un final. Pero da la impresión de que quedan en segundo plano en contraposición con el monólogo interno de la protagonista, con los recuerdos vivos de una memoria diluida.
No diría que leer Funerales sea una bonita experiencia; exactamente la misma opinión que tengo si me preguntan por cualquier otro funeral.
Hace mucho tiempo que no me enganchaba tanto con una lectura, y cuando comencé con esta sabía que me gustaría, sin embargo, no le tome el peso o quizás la subestime. "Funerales" es una novela cargada de emociones fuertes y reflexiones agonizantes, y es impactante la manera en que las transmite, cuando leí este libro era prácticamente teletransportarme a la mente de la protagonista y escuchar su monologo constante sobre su desconsuelo. Es fuerte, trata del duelo, de la incomodidad de transitarlo, por lo que inconscientemente conscientes muchos eligen vivir con una amnesia voluntaria que termina siendo real, y como consecuencia llega la perdida de identidad, y la perdida de la vida, existiendo en una sobrevivencia y no en una vida como tal. Hay muchos mas que me gustaría decir y que pensé, pero como dice la protagonista "pienso mucho y digo poco"
A pesar de las pistas que hay en la historia, no existe la temporalidad en este libro: es una narración técnicamente grandiosa y a la vez apresurada, vertiginosa, una especie de monólogo ensayistico sobre la muerte sin hablar de ella y las divagaciones de la protagonista son tan pero tan reales que es difícil no empatizar con su cabeza exageradamente revuelta. Muy recomendable, es una lectura agotadora porque, como sucede en la vida misma, los pensamientos sobre cosas negativas no paran hasta que se resuelven realmente y evitarlos nunca ha sido la solución. La muerte es parte de la vida y está ahí para que su sombra nos recuerde que tenemos la obligación (o el placer?) de vivirla. Gracias Sofi por tu novela.
Es como si la autora hubiera decidido escribir sobre mi vida pero agregándole más cosas trágicas.
Fue muy fuerte de leer para mí, en algunos momentos tuve que cerrar el libro, parar un rato, y luego continuar, no porque el libro en sí sea muy fuerte, solo siento que tocó muchas fibras sensibles dentro de mí.
Ah, y además uno de los personajes principales se llama Mariana y es la primera vez que leo un personaje con mi nombre.
Es un buen libro, una corriente de la consciencia que a veces llega a ser incómoda de lo crudo que puede llegar el pensamiento humano tras la muerte de seres queridos. Me pareció que el hilo conductor se fue acelerando a medida que los pensamientos de la protagonista se fueron aclarando, quizás esto fue intencional el querer incorporarse a otra "línea temporal" diferente a la que llevaba, pero finalmente me dio una sensación de simplicidad del final, en comparación con la que se desarrolló desde el comienzo
Me costó leerlo, y al principio no entendía bien por qué. Es como ir adentrándose poco a poco en la confusión en la que vive la narradora, lo que hace la lectura un poco agotadora. En ciertos momentos, sentí que era como cuando uno ve borroso o cuando intenta caminar en un sueño. La autora logra transmitir de manera efectiva esa forma disociada de experimentar lo que le ocurre, utilizando repetidamente ciertas frases y preguntas que llegan a parecer casi retóricas. Todo esto lleva al lector a sumergirse en una angustia densa y abrumadora, al no entender nada eso que duele tanto.
Este libro de verdad me sorprendió. Encuentro que está súper bien hecho, se puede apreciar la falta de estructura mental y un trastorno disociativo súper bien plasmado en papel sin perder el concepto central de lo que estaba leyendo. Se podía entender perfectamente la estructura y el mensaje central de la obra dentro del caos de lo que es una narradora no confiable súper bien elaborada. Desde el aspecto emocional me pasó que pude sentir y entender súper bien lo que sucedía con Agustina. Al mismo tiempo empatizar con ella y poder analizarla desde un punto de vista más objetivo/medico. Sofía finalmente logró que uno entendiera en realidad lo que sucedía gracias a lo que aportaban los hermanos con los diálogos e ir rescatando los pedazos relevantes de información dentro de la entropía de la cabeza del personaje principal. De verdad lo recomiendo.
Plasma de una forma muy sensible y bella lo que es la sensación de un luto tan cercano. Hay rabia, culpa, inseguridad pero sobre todo una pena desbordante que se refleja en cada frase y palabra que desprende la protagonista entre sus propios pensamientos:
“Lloro porque no sé si huir es cobardía o autopreservación”
“El sufrimiento sucede igual o más si es que lo evitas”
A pesar de ser muy cortito fue difícil leerlo, denso, hay tanto dolor en la protagonista que costaba no conectar con ella, y también reprocharle el ser tan evitativa.