Los zombis llegan a la filosofía. A través de la producción fílmica de George Romero y de otras obras sobre el género de los muertos vivientes (películas, cómics, series de televisión y videojuegos), Filosofía zombi urde un original análisis sobre las sociedades de control y las tecnologías de mediación que nos separan del acontecimiento de lo real. El zombi representa una no-construcción en el otro, esa falta de otredad a que se encamina el sujeto de las sociedades tardocapitalistas. De este modo, las plagas de cadáveres andantes de la ficción nos sirven como metáfora para entender la complejidad de nuestra sociedad posmoderna. Si Maurice Blanchot definía la muerte como aquello que no se localiza en el acontecimiento, estos horripilantes no-muertos viven esa prolongación, proponen, a través de la espectacularidad de su código visual, un encuentro con el miedo y con el acontecimiento del ser. La ontología zombi redescubre entonces los espacios de la intimidad que habían permanecido sepultados bajo los paradigmas tecnoafectivos actuales, por la publicidad masiva y el hiperconsumismo descontrolado, y la ficticia amenaza de un apocalipsis y el colapso total de la civilización que suele acompañar a las producciones del género constituyen una crítica oblicua de las sociedades actuales del espectáculo y la tecnificación, como ya denunciaran autores como Baudrillard, Debord o Deleuze, entre otros. Filosofía zombi plantea a lo largo de sus siete capítulos el problema de la escritura y la focalización: ¿desde dónde escribir y empezar a comprender el mundo que nos rodea? ¿Qué pieza clave desplegaría toda la arquitectura de los discursos una vez que la pandemia ha comenzado? En cierto modo, el zombi como idea, el concepto-zombi, tal y como nos propone el libro, consistiría en una vuelta de tuerca más por los laberintos de la filosofía contemporánea, en un intento por abandonar el perímetro de lo cotidiano, tal y como sugería Robert Kirkman, el autor de la exitosa serie The Walking Dead, y adentrarnos así en el peligro de pensar la sociedad tecnificada en que vivimos.
La esencia está bien, pero se me ha hecho muy pesado. Con la figura del zombi el autor hace reflexiones muy cotidianas, el consumismo, la publicidad, la individualidad...
La filosofía pop está en auge. Basta echar un vistazo a las publicaciones recientes para descubrir una miríada de libros que toman como motivos producciones culturales de la industria de masas para hacerlos pasar por el filtro de la metáfora y ver, desde ahí, significaciones nuevas. Leer algo a partir de un marco epistémico que permita arrancar sentido a los fenómenos que pueblan el mundo. ¿Y hay un fenómeno más actual, más decadentemente relevante que la figura del zombie? Zombies, zombies everywhere. Películas, series de TV, cómics: el zombie parece haber salido de su tumba clase B para conquistar, con su paso putrefacto, el territorio brilloso del mainstream. La fascinación contemporánea por el zombie es la pasión especular por aquello que vive estando muerto. Nos encanta ver zombies porque, viéndolos, expiamos la carga de ser también nosotros zombies inconscientes, aletargados en nuestra sociedad postmoderna, postindustrial, post-todo. El zombie es también post: lo post-muerte, lo que habitando un más allá de la muerte ilumina (o deconstruye)la vida de los vivos. Filosofía zombi acomete todas estas cuestiones desde una multipespectiva fragmentaria, un tour que recorre las diversas estaciones del pensamiento a las que nos invita el cine zombie moderno (Romero a la cabeza). Jorge Fernández Gonzalo compuso un libro muy bien escrito, con potencia estilística (debida a algunos de los autores que hacen presencia en el texto: Foucault y Deleuze, por ejemplo) y rigor intelectual (cuya rigurosidad a veces deja afuera del campo de entendimiento a legos en la materia; véase sino el capítulo dedicado al psicoanálisis). Pero más allá de esto, lo más interesante es el método del ensayo: atacar un tema por todos los frente, desde un ansia multifocal que transita diferentes disciplinas académicas y usufructúa al máximo el motivo de estudio. Hacer filosofía desde lo pop implica romper el recinto, hacer caso a la necesidad del saber incluso en las zonas que, desde la visión de la seriedad académica, se mostrarían impensables. A ese mandato responde Filosofía zombi y su excusa, más pertinente imposible, es la infecciosa presencia del no-muerto en nuestro presente.
Abro mi facebook. Está repleto de gente que quiere filosofar. Toda esa filosofía barata y facilona tiene más calidad que la que escribe este profesor de la Complutense, premiado varias veces y aún más veces publicado. Viniendo de él, esperaba más, pero he encontrado menos: he encontrado una caca de vaca.
Juguemos a un juego: tomemos cualquier tema y démosle vueltas, estirándolo hasta el infinito, para encontrar una comparación con los zombis; de esta manera, las modelos son zombis porque están muy delgadas, todos somos zombis porque gastamos dinero, la publicidad es un virus que nos convence para comprar lo que no necesitamos, anulando nuestra voluntad y, de nuevo, convirtiéndonos en zombis. Según este tipo, todos estamos muertos en vida nos guste o no. Nade tiene la capacidad de pensar, de opinar, de hacer algo diferente, porque entonces él no tendría ensayo, claro.
Este pobre Jorge Fernández, que no es capaz de disfrutar de una buena película de zombis sin sacar las mismas conclusiones que podría sacar mi abuelo, sin estudios ni nada. Y si disfrutas imaginando que acabas con todos de un certero golpe o disparo en la cabeza, eres un animal que ha perdido la noción del bien y del mal, y estás tan muerto como los muertos vivientes. Joder, este tío está amargado y a mí me ha aburrido como una ostra.
Muy mal, Jorgito. No busques adelantos al futuro en películas que solo buscan espectáculo y relájate un poco, que esa cabeza que tienes, de tanto pensar, está empezando a dejar de funcionar.
Interesantísima reflexión sobre el concepto de zombie en la cultura de masas y en la posmodernidad, mediante un repaso a las obras de George A. Romero y cómo el mismo zombie ha ido evolucionando en la filmografía de este director.
Creo que es cuestionable en el hecho de que resulta finalista del premio Anagrama, pero carece de novedad. No es mala compilación y sistematizado de la temática zombie en un momento en que parece que por fin se había detenido el interés en la que ha sido pensada como metáfora de la sociedad consumista. En fin, no hay mucho qué decir cuando un libro realmente no dice mucho.
Fabuloso, tan profesionalmente escrito, soprendentemente bueno, recomendable para todos no sólo para fan de los zombies, se disfruta mucho más si te gusta la filosofía y además has visto las películas de Romero
Para las personas que leen mas despacio que la mayoría (como yo) es una lectura que se analiza mas despacio porque puede sonar gracioso que haya una filosofía zombi pero tiene mucho sentido una vez que hayas acabado de leer esto!
Aunque tiene cosas interesantes y con el fondo de la cuestión esté en general de acuerdo, creo que la analogía zombie está cogida por los pelos y además, es usada para demasiadas cosas, muchas contrapuestas
Un interesante ensayo sobre nuestro presente mediatizado en la línea de Baudrillard pero apoyándose en la metáfora del zombi y la cultura de masas. Muy bueno.
Los primeros capítulos bien y con lecturas apasionantes sobre la narrativa zombi, pero al avanzar se convirtió cada vez en una lectura más superficial.
Es poco lo que sabemos de la figura del zombie porque a primera vista parece que es poco lo que hay que saber de ella: Es un cadáver reanimado, come carne humana (sigo sin entender por qué lo asocian a comer cerebros particularmente) y si te muerden te convertirás en uno tú también.
Sin embargo, Fernández Gonzalo le saca un buen jugo a esta criatura apocalíptica para hablarnos sobre nosotros mismos como sociedad "viva" y seres en contraparte del zombie. El autor madridista realiza su tesis desde la perspectiva de la víctima, el superviviente, el que se enfrenta, y nos argumenta por qué le tememos (o le deberíamos temer) al zombie y a su pandemia irreversible. Nos recuerda que su calidad de ser siempre 'el otro' aun en su propia casa nos posiciona a nosotros, civilizados y pensantes, en una situación de reflexión ante este ser que es auténticamente anarquista y primigenio.
La fuerza del zombie radica en la horda, la masa descontrolada, la ausencia de jerarquía y preocupaciones. De esta idea surge mucho de la reflexión del autor, apoyado por supuesto en las películas de George Romero y en la filosofía de Deleuze, Foucault y Blanchot entre otros. Fernández Gonzalo nos aclara la conexión que tenemos con el muerto viviente, lo que significa ser semejante cosa (aunque no exista conciencia de ello) y cómo podemos traducir el concepto de zombie a nuestros actuales círculos sociales.
Es una excelente obra reflexiva que se apoya en un concepto fuera de serie; atractivo, inusual, y que en definitiva debería ser mucho más explotado con el fin de tocar temas como el apocalipsis o la supervivencia urbana que, aunque son improbables, sí nos ofrecen espacios para la reflexión y los cambios de paradigma.
Aplaudo el esfuerzo de Jorge Fernández Gonzalo por revelarnos a este monstruo incompleto en su plenitud, presente en su ausencia y vivo en toda su muerte.
Jorge Fernández (Madrid, 1982) es doctor en Filología Hispánica y autor de varios artículos de investigación (desde la obra de Aníbal Núñez, el mito de don Juan y el Quijote hasta Deleuze o Foucault), más allá de haber publicado ya cinco recopilaciones de poemas y un par de ensayos: La muerte de Acteón. Hacia una arqueología del cuerpo (Eutelequia, 2011), una excelente reflexión sobre la corporalidad en occidente, y Filosofía zombi, ensayo finalista en el XXXIX Premio Anagrama de Ensayo -con un jurado formado por Salvador Clotas, Román Gubern, Xavier Rubert de Ventós , Fernando Savater, Vicente Verdú y Jorge Herralde.
En este interesante ensayo se despieza cada aspecto de lo que conforma el comportamiento de estos seres ficticios, haciendo un espantoso pero certero paralelismo con nuestras costumbres y modo de vida actual.
Tomando como referencia películas clave del género y apoyado en diversas teorías deconstruccionistas y psicoanalistas el autor propone un mundo tecnificado y globalizado en el que, impulsado por un capitalismo salvaje, se promueve un comportamiento idéntico al del zombie ficcional.
Yo soy zombie. Y tu, amig@ que lees esta reseña también lo eres. Si quieres saber el porque, lee el libro.