No me va a salir una buena reseña, lo tengo claro. No es un libro este que permita sintetizarlo, abarcarlo o simplificar todo lo que se propone de inicio Vasily Grossman. Máxime cuando lo ubicas temporalmente y se trata de un producto tan innovador como cuando lo escribió el autor allá por los años 40-50, cuando todavía no se tenía noción alguna de lo que tenía de trágico el régimen estalinista. Tampoco se había escrito nada sobre las cámaras de gas y el genocidio nazi. Para darle la magnitud que se merece literariamente, solo puedo compararlo con las dos distopías más grandes escritas nunca sobre el tema ruso, y casualmente ambas creadas por el gran George Orwel.
Complejo como digo resumir una obra tan vasta y que busca dar una idea global de tantos elementos como son: la Rusia de comienzo de siglo hasta la II GM a nivel social, familiar, militar, cultural, desde el punto de vista ruso y alemán. El terrible antisemitismo que se asentó en Europa, en Rusia incluso. Todo ello con el telón de fondo del hecho más decisivo para poner punto final al hasta entonces imparable avance nazi por toda Europa, y que lógicamente también era el comienzo del fin de la Segunda Guerra Mundial como base y núcleo principal de la novela: la decisiva batalla de Stalingrado. La más cruenta de la historia, dos millones de muertos. En torno a ella: una de esas escrituras globalizadoras que consigue abarcar todas las esferas que rodean un hecho tan traumatizante como fue esta batalla tan brutal y sangrienta.
Libro totalizador de la II GM vista desde todos los frentes posibles: gueto, campos de concentración, clase dirigente rusa, frente de batalla. Y narrado en todos los formatos: dialogado, epistolar, ensayo. Una novela completa. Si la comparamos con algunas que pretenden hacer una radiografía semejante, como Archipiélago Gulag, gana “Vida y destino” por goleada. Ya sé que los temas de ambas novelas no son iguales, pero me parecen novelas con una base parecida.
“De la niebla emergió el recinto del campo: filas de alambradas tendidas entre postes de hormigón armado. Los barracones alineados formaban calles largas y rectilíneas. Aquella uniformidad expresaba el carácter inhumano del campo.
Entre millones de isbas rusas no hay ni habrá nunca dos exactamente iguales. Todo lo que vive es irrepetible. Es inconcebible que dos seres humanos, dos arbustos de rosas silvestres sean idénticos… La vida se extingue allí donde existe el empeño de borrar las diferencias y las particularidades por la vía de la violencia.” (calidade..)
Apenas incluyo unas citas, pero subrayé más de 20 citas excelentes con las que no aburriré a nadie, pero que muestran lo certero y lúcido de la escritura de Grossman, lo afilado:
“¿qué podía hacer cuando era una parte de sí mismo la que se había vuelto extraña…? Con uno mismo no se puede romper relaciones, ni dejar de encontrarse (…) Cuando era joven, todo le resultaba próximo y comprensible en sus amigos y camaradas de Partido. Cada pensamiento y opinión de sus adversarios, en cambio, le parecían extraños, monstruos. Ahora, de improviso, reconocía en los pensamientos de un desconocido aquello que décadas antes le era querido, mientras que a veces aquello que le era ajeno tomaba forma, misteriosamente, en los pensamientos y palabras de sus amigos. «Debe de ser porque hace demasiado tiempo que estoy en el mundo», se decía M.”
Complicadísimo como siempre los nombres y patronímicos rusos, dentro de una obra con un número de personajes tan grande. Tuve que abandonar otras lecturas y centrarme solo en esta para no perderme. Ejemplo: las cuatro formas distintas del autor de referirse a un mismo personaje en un mismo párrafo (con el nombre, con el apellido, con el diminutivo o con el patronímico pag. 51: el padre Vittia, Viktor, Shtrum, Viktor Pavlovich).
Algo que me ha gustado mucho y que nunca había visto tan detallado: como se justifica de forma interna dentro de un régimen totalitario las informaciones falsas y sesgadas que se propalan para mayor gloria del régimen (solo lo había visto en Orwel, a veces de forma cómica) :
“Consideraba que el principal objetivo de su periódico era instruir al lector y no ofrecer sin análisis información caótica sobre los acontecimientos más diversos, a menudo fortuitos. Si el redactor jefe Sagaidak lo estimaba oportuno podía obviar cualquier acontecimiento: guardar silencio sobre una pésima cosecha, un poema ideológicamente poco apropiado, un cuadro formalista, una epizootia de ganado, un terremoto, el hundimiento de un acorazado, no ver la fuerza de una ola oceánica que de golpe había engullido a miles de personas, o un enorme incendio en una mina. A su modo de ver estos acontecimientos no tenían significado y, por tanto, no debían ocupar la mente del lector, el periodista o el escritor. A veces había necesitado dar explicaciones específicas sobre uno u otro acontecimiento de la vida, y resultaba que tales explicaciones eran sorprendentemente audaces, insólitas, contradictorias con el saber común. Le parecía que su fuerza, su experiencia, su competencia como redactor jefe se manifestaba en la habilidad que tenía para trasladar a la conciencia de los lectores sólo aquellas opiniones que servían al objetivo de educarlos (…) había escrito que la hambruna en el periodo de la colectivización total obedecía al hecho de que los kulaks enterraban el grano, no comían pan adrede y se hinchaban; morían incluso pueblos enteros, incluidos niños y ancianos, con el único objeto de perjudicar al Estado soviético.”
Tremendo el mensaje y crítica al sistema soviético anti productivo y anti social. Una crítica dura y frontal, bien en forma de conversaciones cruzadas, bien a modo de reflexión-ensayo de algún protagonista.
“Sus ojos, que habían leído a Homero, el Izvestia, Las aventuras de Huckleberry Finn, a Mayne Reid, la Lógica de Hegel, que habían visto gente buena y mala, que habían visto gansos en los vastos prados de Kursk, estrellas en el observatorio de Púlkovo, el brillo del acero quirúrgico, La Gioconda en el Louvre, tomates y nabos en los puestos del mercado, las aguas azules del lago Issik-Kul, ahora ya no eran necesarios. Si alguien la hubiera cegado en ese instante, no habría notado la pérdida de la visión.” ¿Que no se parece al final de Blade runer?, bueno realmente al revés, creo que esta es la inspiración de ese ya mítico final de peli (que no del libro de P.K. Dick).