GROYS, Boris. «Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea», Trad.: Paola Cortes Rocca. Caja Negra, Buenos Aires, 2014. pp. 13-14.
«[...] Cambios. Entre ellos, la emergencia y el rápido desarrollo de los medios visuales que, a lo largo del siglo xx, convirtieron a un inmenso número de personas en objetos de vigilancia, atención y observación, a un nivel que era impensable en cualquier otro período de la historia humana, al mismo tiempo, estos medios visuales se volvieron una nueva ágora para el público internacional y, en especial, para la discusión política. El debate político que tenía lugar en la antigua ágora griega presuponía la presencia inmediata y en vivo, así como la visibilidad de los participantes.
Actualmente, cada persona debe establecer su propia imagen en el contexto de los medios visuales. Y no es sólo en el famoso mundo virtual de "Second Life" donde uno crea un "avatar" virtual como un doble artificial con el que comunicarse y actuar. La "primera vida" de los medios contemporáneos funciona del mismo modo. Cualquiera que quiera ser una persona pública e interactuar en el ágora política internacional contemporánea debe crear una persona pública e individualizable que sea relevante no sólo para las élites políticas y culturales. El acceso relativamente fácil a las cámaras digitales de fotografía y video combinado con Internet -una plataforma de distribución global- ha alterado la relación numérica tradicional entre los productores de imágenes y los consumidores. Hoy en día, hay más gente interesada en producir imágenes que en mirarlas.»
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PÉREZ IRIGOYEN, I. «Volverse público, de Boris Groys», en Escritura e imagen, Vol., 11 (2015): 217-227.
«En líneas generales, del análisis de Groys se podrían extraer dos ideas rectoras de la evolución de las sociedades modernas: en primer lugar, una sustitución del lugar dejado vacío por la muerte de Dios por una creciente compulsión de diseño y, en segundo lugar, una desconfianza en la promesa de utopía y el progreso moderno que ha conducido a la “pérdida de tiempo”. La desembocadura es, sin duda, el surgimiento de Internet.
La tradición cristiana marcaba una distinción firme y armónica entre el diseño del alma ante Dios y las artes aplicadas, que tras la muerte de Dios pasan a ser vistas como perniciosas en la medida en que ocultan una verdad de las cosas que, si ya no puede encontrarse en el más allá garantizado por Dios, debe poder ser revelada por una nueva metanoia del diseño sobrio, moderno y minimalista. Se entra así en una pasión que compartieron, en sentidos distintos, Adolf Loos y los constructivistas rusos por el diseño total como anti-diseño que termina derivando en la obligación del diseño de sí ante el espacio público, los medios y, posteriormente, las redes sociales a falta de un espectador del diseño del alma. Esto convierte al Estado en un museo de ciudadanos, y cada uno pasa a ser el autor de su propio cadáver.»