Johanna Barraza Tafur trae de regreso al padre y al Caribe de su infancia en el movimiento de ida y vuelta de Barranquilla a Buenos Aires. Barraza habita la pérdida del padre —la urgencia y la violencia de su dolor— para sembrar en ella un árbol de aroma y jugo. El patio, el palo de mango, el cabello del abuelo y el canto de los canarios del padre también son maneras de enfrentarnos a un dolor que comparten miles de hijos de la guerra. Sembré nísperos en la tumba de mi padre no ambiciona un retorno, pero intenta entender las razones de ese deseo. Y al mirar por qué desea regresar al Caribe, despliega cantos de mirlas, ramas de árbol, fichas de dominó, paseos con los que se mide la errancia del migrante. Con este segundo título de su colección de poesía, Himpar editores continúa su apuesta por voces que renuevan la literatura de Colombia.
“Lo que hace uno con el dolor es un misterio o un milagro”Johanna con el suyo hace ambas cosas y además consigue a través del lenguaje algo de justicia.
Este libro me acompañó en mi propia noche oscura, un momento en el que necesitaba volver a leer poesía. Probablemente nunca lo saque, ni lo preste ni lo comparta con nadie. El libro tiene esa cualidad de ser un objeto muy íntimo, casi que privado de quien lo lee.
¿Qué hacer con la pérdida? Esta es la pregunta que permanece en este poemario lleno de aves. El padre, entrenador de canarios, conocía de la fugacidad de la vida, la voz y las fuerzas. Así como no todos los canarios viven para competir, tampoco todas las personas existen para resistir a los años, ya sea que los pierdan o se los quiten.
Johanna Barraza habla del duelo de quien escribe y de una familia. Sus miembros, los que quedan, "mueren por el dolor acumulado." Debe haber algún tipo de sabiduría ("la muerte es una lección"), pero ¿quién habría de comprenderla y hacerla suya? Las lágrimas se convierten en versos: palabras que buscan camino, revueltas en el torbellino cargado de polvo de las preguntas y los recuerdos. En ocasiones se habla del presente y de los recuerdos, pero también hay espacio para hablar al más allá que, siempre, está aquí. Gran enigma de la pérdida: siempre hay algo que se queda.
Hay versos que expresan sentencias terribles: "Temo por mi origen y final / sabiendo que lo que me aterra / me define." El duelo extrae de oscuros rincones los reclamos no dichos antes, las culpas, los sentimientos negados, el deseo de que el padre viva y, al mismo tiempo, el deseo de haberlo matado (no que lo mataran).
El último poema habla de la fugacidad del duelo. No sólo la vida es "vapor de vapores" (diría el Eclesiastés). También lo es el duelo. El árbol de níspero que marcaba el lugar donde murió su padre fue "cortado". No sólo la vida de su padre fue cortada, sino también ese punto simbólico de su muerte. La vecina recolectó los "últimos" frutos del árbol que marcaba el duelo. También una bala: frutos y condena. Con todo, aún en medio de la mortandad, hay que mantenerse de pie hasta ser cortados (como el árbol de níspero).
La muerte y el distanciamiento, algo necesario para ver claramente el dolor y los actos violentos de los cuales no se tuvo conciencia. El duelo en la pérdida de una figura, de una ilusión y de la tierra, aunque consigo la libertad. Una lectura que me tocó profundamente, por ver a mi país en cada verso, con todo lo que duele y lo que se extraña. El valor de acercarse a la autora por medio de su obra.
Una serie de poemas conectados por una línea de tiempo invisible, Johanna nos presenta los árboles, los animales, la comida, las personas y costumbres sociales que le recuerdan a su infancia en el caribe. Luego nos habla de la pérdida paterna con todos sus matices (el amor, el odio y la tristeza). Y finalmente sus últimos escritos nos cuentan su presente como migrante, la nostalgia que le produce estar lejos o volver a su tierra y ver cómo todo ha cambiado (incluyendo la).
Los poemas de Johanna son la belleza, el dolor, la vida.
Recomiendo fuerte.
Ademas y esto excede la poesia del libro, la edición es un acierto enorme y hace el libro aun mas bello, grandes ideas, deberian todos pensarlo asi. El juego con las imagenes es hermoso, todo muy pensado y prolijo, una capa.
Un libro hermoso de principio a fin. El duelo no es un proceso fácil y Johanna tiene una manera tan increíble de retratarlo, pintarlo con palabras; con modismos específicos a su cultura, historias de su familia y un añoro por amar tan puro. Estoy muy conmovido y no puedo recomendar este libro lo suficiente.
Un bello poemario sobre la muerte del padre, el conflicto armado, las tradiciones de los pueblos durante los ritos funerarios, migrar del país y verse atravesadx por esto. Es corto, se lee rápido y las ilustraciones son muy lindas.
Transformar el dolor en belleza es una gran virtud. La autora nos abrió la puerta para ver cómo el recuerdo del padre cobra múltiples formas a medida que el duelo se transforma, y hay en ello algo poderoso y dulce.
Es un libro de poemas bello y sensible. La guerra en Colombia y el asesinato del padre son los temas centrales. La poeta logra hablar de ellos sin caer en obviedades o repetir lugar comunes.
Leyendo este libro sentí una cosa parecida a lo que he sentido al ver las plañideras en los entierros (la costa, el Magdalena medio, los cementerios de Medellín). La incomodidad frente a ese dolor impostado o exacerbado que desplaza el lugar protagónico del muerto por el de los dolientes; el orgullo siniestro de estar haciendo parte de una historia trágica, adornado, en este caso, con el brillante color tribal y las predecibles notas feministas de impugnación.
Con respecto a su lenguaje poético: más que simple, simplón.