Villanueva de las Águilas va atravesando los años grises de la posguerra entre las novenas de las beatas y la represión de los vencedores. En este pueblo sevillano Currito Domínguez vive con sus hermanas de las rentas familiares y de una tienda de ultramarinos beneficiaria del estraperlo. Su rutina vital se ve interrumpida cuando llega a sus oídos que Rosa, la Culona, quien le enseñó las primeras letras, ejerce de prostituta. Curro no puede aceptarlo y decide redimirla, para lo que contará con el coadjutor de la parroquia, las autoridades locales y un número de la Guardia Civil a quien se encomienda investigar qué pasa en el prostíbulo. El agente elabora un informe detallado de las «actividades» y clientes que frecuentan la mancebía, que va pasando de mano en mano hasta llegar al gobernador civil. Las intenciones de Currito se verán trastocadas cuando dicho informe se mezcla con los expedientes destinados a su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia. Si el corazón pensara no es una novela más de las que apuestan por la recuperación de la memoria histórica. Gracias a una prosa inusualmente rica, se adentra en los territorios de la sátira, la farsa y la tragicomedia, con la que va poniendo de relieve, a más de la crueldad, la espantosa vulgaridad del franquismo. El dominio de la tensión narrativa por parte de A. R. Almodóvar, capaz de convertir una peripecia insólita en una trama de alta tensión político-social (el caso llegará al temible cardenal Segura y al mismísimo Caudillo), hará que el lector experimente las emociones más extremas, entre la risa y el escalofrío, lo grotesco y lo sublime. Una fuerte dosis de erotismo libertario será el ingrediente secreto que acabará de armar este retablo de la injusticia, la rebeldía y la muerte, en aquella brutal reedición de la España de charanga y pandereta.
No creo que sea justo calificar este libro, principalmente porque no voy a terminarlo. Y para poner nota, al menos, habría que llegar al final. Tal vez el problema sea mío y simplemente no congeniemos: hay libros para cada lector, y este claramente no es para mí.
Desde el club de lectura me han animado con entusiasmo a perseverar, porque —según dicen— "a partir del capítulo 30 la novela se pone realmente interesante". Lo cual me plantea una duda existencial bastante seria: ¿de verdad merece la pena leer treinta capítulos para que un libro empiece a merecer la pena?
Mi abandono se debe, sobre todo, a algo que, lo reconozco, puede sonar mojigato: el uso insistente del sexo como hilo narrativo. Un erotismo que parece diseñado para pervertir, manipular o doblegar a los hombres, independientemente de su condición (aunque, curiosamente, los del bando franquista son especialmente demonizados). Estas no son el tipo de escena que me entusiasma, y en esta novela aparecen con una generosidad difícil de ignorar.
Supongo que habrá lectores a quienes les divierta este enfoque. Tal vez a quienes disfrutan con el humor de Torrente: crítica a la ultraderecha española, valores bastante… peculiares, y una sexualidad utilizada con intención provocadora y cómica. Aunque, en esta novela, de cómico tiene más bien poco.
Eso sí, sería injusto no reconocer que el autor entrelaza con bastante habilidad la ficción con el contexto histórico de la Sevilla franquista (y, en realidad, de toda una España de la época). Pero, por muy interesante que resulte ese telón de fondo, no lo suficiente como para hacerme atravesar otros veinte capítulos esperando que la historia, por fin, merezca la pena.